*Venezuela y América Latina: sin soberanía energética no hay modelo de desarrollo posible*

Durante décadas, nuestros países han oscilado entre grandes promesas ideológicas que terminaron mostrando sus límites.

Neoliberalismo, socialismos de Estado, progresismos retóricos: modelos distintos en apariencia, pero unidos por un mismo fracaso estructural. Un péndulo estéril que promete redención y deja, una y otra vez, frustración, dependencia y conflicto.

Sin embargo, creo que el problema no reside únicamente en qué modelo económico adoptamos, sino en algo más profundo:

desde qué paradigma civilizatorio estamos pensando el futuro.

Más allá de la economía: el problema de la civilización

Durante siglos, la humanidad ha organizado el poder alrededor de la escasez, la extracción y el control.

Control de territorios, de recursos, de personas… y, sobre todo, de la energía.

Desde esa lógica nacen tanto el neoliberalismo financiero como los socialismos burocráticos:

hijos distintos de una misma matriz fósil, vertical y hoy claramente agotada.

Por eso, mi mirada no parte de etiquetas políticas tradicionales, sino de una pregunta esencial:

¿Qué tipo de civilización puede emerger cuando la energía deja de ser un instrumento de dominación y se convierte en un bien abundante, distribuido y regenerativo?

La energía como principio organizador de la sociedad

La energía —y en particular la energía solar— no es solo un asunto técnico ni un debate económico.

Es un principio organizador de la sociedad.

Cambiar la fuente de energía implica transformar la política, la ética, la relación con la naturaleza y también la forma en que nos relacionamos entre nosotros.

No se trata de volver a viejos nacionalismos cerrados, ni de copiar modelos europeos o asiáticos.

Tampoco de depositar una fe ciega en el Estado o en el mercado.

Se trata de algo distinto:

imaginar una civilización post-extractiva, donde la autonomía no nazca del aislamiento, sino de la capacidad colectiva de generar, compartir y gobernar energía y conocimiento de forma distribuida.

El verdadero quiebre histórico

Coincido plenamente en que es necesario controlar a los grandes poderes corporativos y financieros, responsables de décadas de expoliación en los países periféricos.

Pero agrego algo más:

El verdadero quiebre histórico no vendrá solo de regulaciones o reformas institucionales,

sino de un cambio estructural en la base energética que hoy sostiene al poder global.

Cuando la energía cambia, el poder cambia.

Por eso, el futuro no debería pensarse como una disputa entre izquierda y derecha,

ni como un eterno enfrentamiento entre neoliberalismo y progresismo.

Lo que está en juego es una transición entre dos eras:

la era de la oscuridad extractiva

y la era de la luz regenerativa

No una utopía, sino una dirección

No propongo una utopía ingenua.

Propongo una dirección histórica.

Y creo que, por primera vez, tres factores están alineados: la tecnología disponible,

la conciencia ambiental creciente,

y la urgencia civilizatoria.

El desafío ya no es elegir entre modelos fracasados.

El verdadero desafío es atrevernos a imaginar uno nuevo,

con la energía como base de la soberanía,

la dignidad y el futuro de nuestros pueblos.

Lubio Lenin Cardozo



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Lenín Cardozo

Ambientalista venezolano.

 lenincardozoparra@gmail.com      @Cardozo_Lenin

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