Contrapoder

Pocos días después de dejar la Vicepresidencia de la Repùblica, Eleazar Díaz Rangel me entrevistó para este diario y abordamos con desenfado algunos temas.

De mi parte era inevitable la reflexión -acicateado por la habilidad del entrevistador- en torno al tema del poder. Algo sobre lo que mucho se ha dicho, pero que resulta inagotable debido a las múltiples visiones particulares. Insistí en la conversación acerca de la complejidad del poder; las limitaciones de su ejercicio; los riesgos de la concentración así como de la dispersión, y precisé lo que a mi criterio es la realidad del poder.

Con frecuencia he manejado la tesis del contrapoder (o antipoder). Del poder opuesto. El que se ejerce fuera del poder constituido. O del poder que se propone enfrentar al poder establecido. Este es un aspecto del tema. Otro se relaciona con la esencia misma del poder, con la facticidad. En verdad, ¿dónde está el poder? ¿En la parafernalia, en el decorado institucional, o en los complejos factores, algunos difusos, que lo conforman? Le dije a Díaz Rangel que Hugo Chávez ocupa, actualmente, el espacio del contrapoder, más que el del poder en su acepción tradicional. El Presidente lo ratificó en la entrevista que le hice al retornar con mi programa en televisión: "Soy -dijo- un subversivo en Miraflores". Así graficó Chávez lo que ocurre en Venezuela con el proceso bolivariano y su proyección hacia el socialismo.

Chávez no se ha dejado atrapar en las redes del "poder formal" -la estructura burocrática y legal- y del "poder real", los llamados poderes fácticos -grupos económicos, oligarquía, imperio. Para sorpresa de la "república de la inercia", el Presidente encaró durante estos años el dilema de plegarse a uno u otro poder, con el agregado insólito de hacerlo en democracia, libertad y en el marco constitucional. Y hasta ahora lo resolvió con habilidad táctica y una estrategia audaz. Todo cuanto hizo el adversario para domarlo o derrocarlo fracasó en episodios emblemáticos como el 11-A, el paro petrolero, la guarimba, el terrorismo, el sabotaje económico y otros. Es indudable que Chávez se fortaleció ejerciendo el contrapoder y desconcertó al enemigo. Pero el riesgo para él y su proyecto comienza a insinuarse, porque todo poder -así no se lo proponga quien lo ejerce- termina envilecido si carece de control y contrapeso. Para Chávez el peligro no es ya la amenaza de los poderes fácticos, que él sabe encarar con sin igual capacidad, sino el que emerge de su propia gestión. El que se expresa en las Misiones, la nueva economía social, la Habilitante, la Reforma Constitucional, los consejos comunales y la eclosión del poder popular. Sobrevolar la obsoleta estructura institucional y legal cuartarepublicana constituye un acierto, pero se observan limitaciones, perversiones y prácticas enmascaradoras de la realidad.

Aquello que Trotsky llamó "la mentira edificante", tras la cual se ocultan las lacras del burocratismo. El burocratismo (viejo y nuevo), la corrupción (antigua y actual), la impunidad (de carácter histórico), asoman amenazantes.

Lo cual obliga a que "la revolución en la revolución" deba ser más "hacia adentro" que "hacia afuera" para conservar sus logros y seguir avanzando.

jvrangelv@yahoo.es


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José Vicente Rangel

Periodista, escritor, defensor de los derechos humanos

 jvrangelv@yahoo.es      @EspejoJVHOY

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