Arca

Dicen que la nave zarpó hacia un destino claramente fijado pero luego vinieron la incompetencia o la tormenta y ahora tenemos este amasijo de desechos flotantes donde nos parapetamos, trepamos, ascendemos contra las olas devorantes, algunos montando estructuras con desechos, otros derribándolas, todos trepando hacia quienes fingen tener el comando saber la dirección leer en las estrellas la ruta aunque la verdad que todos callan cercados por los torbellinos de los peces feroces es que el modo único de sobrevivir es irnos devorando los unos a los otros este orden debe ser mantenido afirmando que es el único y por haberse impuesto es legítimo y por ser legítimo se ha impuesto: la santidad de la relación entre el devorando y el devorado es eterna aunque por el consumo de los restos de madera en las hogueras que cocinan vísceras tendones se instiga una devoración más lenta un canibalismo sustentable en lugar de la rebatiña de víctimas, no hay mayor dicha que taparse los oídos para no escuchar los gritos mientras se devora, convencerse de que la víctima acepta la devoración, de que nos sacrificamos en verdad por aquellos a quienes consumimos intentando incluso engendrar para luego devorar mientras el oleaje carcomiente estremece sacude desbarata reacomoda la estructura de amasijos flotantes de dentaduras de colmillos que incesantemente rasgan y desgarran en el arca.

Multiplicador. Entrar en el mugroso apartamento. Reventarle el cráneo al inventor con una bala fragmentaria. Destruir la máquina a su lado. Resistir la tentación de robar el Convertidor de Masa, la máquina que permite multiplicar infinitamente cualquier objeto. Si quieres multiplicar el pan, los peces, la mujer más hermosa del mundo, o el Convertidor mismo, el Convertidor los multiplica. Borrados así del mundo el hambre y la carencia, se borrarían todas las tiranías fundadas en la posesión y la desposesión. Derrocada la unánime y única opresión de la escasez. Multiplicado amor, delirio, goce. Multiplicada hasta la inabarcabilidad la posibilidad de los destinos. Para evitarlo, arrojo la granada de termita que calcina huesos, microchips, circuitos. Huyo de la onda de concusión que destruye paredes y futuros del mundo. Alejo el zumbido de los oídos riendo de la absurda máquina que perseguía multiplicar materia, siendo así que la información es ahora el bien más preciado del mundo. Corro hasta el escondite para informar el éxito de la misión. Tecleo en la máquina que multiplica información. Doy involuntariamente en la tecla que multiplica infinitamente toda la información del mundo, incluida la información sobre la construcción de la máquina que multiplica materia que no es más que una forma de la información que infinitamente multiplica información que infinitamente multiplica información que infinitamente multiplica información que infinitamente multiplica.

Espejo. Así fue como Hesla Kian regresó sólo para burlarse de nosotros en esta noche polar en que agonizamos. Kian Hesla huyó a las estrellas para escapar de la Eucaristía ante el Único Capital Verdadero. Entonces Hesla Kian construyó su nave espejo que solucionó el problema del agotamiento de sus reservas de combustible utilizando la inagotable luz solar como impulsor para disparar chorros de iones de mercurio. No bien montada la nave en órbita sobre la estratósfera, apenas sobrepasadas las franjas de radiación Van Allen, su milagroso espejo cóncavo reflejó la primera aurora sobre el Polo Ártico fundiendo en sesenta y siete horas el 80% de los hielos, cubriendo la marejada de las aguas licuadas el 40% de la superficie terrestre, cambiando el líquido helado el equilibrio térmico del planeta, arrojando sobre las fábricas paralizadas las capas de hielo de centenares de metros de espesor de la Era Glacial que padecemos. Así se alejó en el firmamento la centella del espejo de Hesla Kian en su viaje de prueba a Próxima Centauri. Ahora bien, conocida la ecuación de Lorenz según la cual el tiempo dentro de un sistema en movimiento tiende a detenerse a medida que aumenta la velocidad, la aceleración magnífica de 200.000 kilómetros por segundo permitió que dentro de la nave transcurrieran dos meses mientras que en la Tierra pasaban ochenta años antes del regreso de Kian Hesla a los restos del planeta. Repetimos estas fórmulas como salmos cuyo sentido perdimos en un planeta perdido. Hesla Kian planea utilizar la gravedad de lo que resta de nuestro planeta para describir una parábola alrededor de él y salir disparado como por acelerador centrífugo para su verdadera meta, que es la velocidad de la luz. Así Kian Hesla romperá la barrera del teorema de adición de velocidades según el cual ninguna sumatoria de celeridades puede superar la de la luz, viajando en una nave espejo que impulsada por la propia luz progresivamente alcanzará la rapidez del fotón mismo, como la hoja que se iguala la velocidad del viento que la arrastra. Al alcanzarla, según las míticas profecías de Fitzgerald, Lorenz y Einstein, la longitud de la nave será cero, el tiempo se detendrá en su interior y su masa se hará infinita. Una masa infinita trastrocará todas las constantes del universo y aglomerará toda su materia en una Concentración Única que al igual que el Capital Único devorará todos los fenómenos circundantes y tragará seres pensantes y rayos luminosos para una consolidación o una explosión universales. Para este tribunal automático es irrelevante el alegato de Kian Hesla de que todo desarrollo técnico debe aplicarse hasta que se vuelva contra sí mismo. Así como hemos llegado a un Capital Único, hemos preservado un Derecho Único que es el de Propiedad. Acuerdos Multilaterales de Inversión y Tratados de Libre comercio inmunizan al propietario contra toda responsabilidad por los efectos ecológicos del uso de sus posesiones. Devuélvasele a Hesla Kian su nave. Contemplemos el centelleo de su partida, la última luz que verá el universo.


PD: Circula ya mi título 58, Arca.

No se lo pierdan.

luisbritto@cantv.net


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Luis Britto García

Escritor, historiador, ensayista y dramaturgo. http://luisbrittogarcia.blogspot.com

 brittoluis@gmail.com

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