El rechazo al sistema parece una ilusión


Por qué el rechazo al sistema no se activa. Hay muchos factores que explican este fenómeno. Éstos recorren un camino de mala conciencia en el individuo y en la sociedad: desde el lumpen marginal, pasando por el miedo a lo desconocido, el engaño de los traidores a la causa socialista, hasta la fatalidad capitalista difundida y practicada hoy por casi todos, socialistas de cartón y franelas, y las derechas abiertas, espontáneas, esas que se expresan “sin complejos”, como dice Maduro.

La marginalidad lumpen es indiferente al sistema y a la suerte del otro, vive de la trampa, del engaño, es el producto más refinado del fraccionamiento social. Se la ve en los vagones del Metro simulando parálisis, manipulando la piedad y el sentimiento de culpa de la gente, pero también a niveles más elegantes, pequeños y medianos empresarios parásitos que realmente no lo son, estafadores, traficantes, chulos, y oportunistas de toda clase; en la administración pública abunda la lumpen marginalidad asociada al oportunismo político.

El miedo a lo desconocido es un factor psicológico importante, porque afecta tanto al individuo común, resignado, al cristiano fatalista, como a los políticos marinados en la salsa pequeñoburguesa; que, pareciendo revolucionarios, se les despierta al tiempo la sazón, un sentimiento de comodidad, de vicios y placeres vanos, de cansancio mental y físico. Miedo sienten nuestros padres del comunismo, la clase media aspirante, y miedo al cambio es lo que impide que un joven revolucionario clase media lo siga siendo ya maduro (sin alusiones directas), cuando entiende que, en el momento de alcanzar el poder, es cuando a él le toca cosechar sus mieles y olvidarse de sus pasiones juveniles. En la mayoría de estos casos, ese cambio de consciencia es más miedo que picardía.

Ya instalado el oportunista en el poder y cosechando sus frutos de forma personal y mezquina, o sea, para provecho propio, debe manipular la conciencia de aquellos que lo impulsaron, que hicieron posible sus logros personales. Para eso hay que convencer a sus seguidores de que el poder viene con la verdad incluida, de que todos lo que hace lo hace en beneficio del pueblo, para la prosperidad del pueblo, porque la voluntad del pueblo es divina y hay que aceptarla y respetarla, inyectarle una mentira a sus seguidores y a una masa de medrosos, incapaces de pensar desde otro cuerpo que no sea el del esclavo. Al traidor no le queda otra cosa que engañar a sus seguidores con el cuento de que “socialismo es lealtad a su voluntad”, la cual es signada por el poder – así no haya sido conquistado por esfuerzo propio ni nacido de una idea, sino producto de un giro del “destino”, guiado de la mano del mismísimo imperio capitalista.

Sin embargo, “ideas tienen los traidores”. O “ideas usan los traidores”. Por ejemplo, los reformistas, aquellos que pretenden que creamos que se puede igualar la sociedad sin cambiar el orden de las cosas, que dicen que del capitalismo se puede procrear corazones nobles, que pretenden ablandar el corazón de una piedra, al final del túnel no ven otra cosa que la luz del capitalismo, apuestan por la idea fundamental que les proporciona el mismo capitalismo como un destino fatal: que la sociedad debe aceptar las distinciones de clases, la propiedad privada en manos de unos pocos elegidos; un destino al cual no vale la pena contrariar ni oponerse. Para ellos es la desigualdad social y los privilegios una fatalidad humana…, y luego gritan ¡Viva la democracia!

El rechazo consciente al sistema que te hace miserable está a la base de la revolución socialista. No se puede rechazar el sistema capitalista que te maltrata, fortaleciéndolo, refrendándolo en unas elecciones inútiles. Es casi absurdo que toda una sociedad de malvivientes dentro de un sistema descaradamente injusto no sea capaz de oponerse a él de manera contundente, sin dejarse engañar; para los socialistas ¡ese es nuestro problema fundamental!, a saber, cómo quitar el velo del engaño reformista, y el engaño de la democracia burguesa capitalista, estéril.

El cuento de la “paz” no puede estar por encima de acabar con la injusticia, la cual es una forma velada de guerra en contra de la sociedad. No se le puede seguir diciendo a la gente que la paz es votar por políticos miserables, aprovechadores. La única paz verdadera es la justicia social, y esta paz se conquista luchando, tiene su precio. Una paz fácil no existe. Calmar, domeñar con engaños a un pueblo que sufre necesidades, no es paz, es alimentar un volcán con magma, es acumular cólera, odios, resentimientos dentro de la sociedad, hasta que estallen de forma incontrolable.

Los socialistas debemos prever el estallido social mostrando la verdad, definiendo con claridad y denunciando al enemigo, la causa de todos nuestros males, AL CAPITALISMO. No podemos seguir hablando de cambios de “modelos”, de vida, de sociedad, económicos, sin hablar y poner en práctica el socialismo como la única alternativa posible a la debacle capitalista. Debemos asumir y definirnos, y definir los bandos en conflicto. NO hay terceras vías, NO existe un capitalismo social, NO existe un capitalismo verdaderamente democrático, NO se puede hacer una revolución con las armas del capitalismo.

Nuestra tarea inmediata como revolucionarios y socialistas es educar a la masa trabajadora, estudiantes, intelectuales y adormilados en general, esforzarnos por mostrar el bosque completo, para que no se engañen con la inmediatez del día a día; despertar la consciencia de clase frente al despotismo del capital

¡CONTRA LA LÓGICA DEL CAPITAL, CHÁVEZ!


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Marcos Luna

Dibujante, ex militante de izquierda, ahora chavista

 marcosluna1818@gmail.com

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