Quintas y sextas columnas

En el transcurso de las décadas pérdidas de los años 80 y 90 del pasado siglo XX, caracterizadas por constituir la época de la aplicación del denominado "Consenso de Washington" (paquetes neoliberales, contracción monetaria, privatizaciones, hiperinflación inducida, devaluaciones, salarios de hambre y férreo control social), el Estado venezolano creó un cóctel de medidas que además del estallido social denominado "Caracazo", causante de la muerte de miles de venezolanos a manos de la represión inmisericorde de las Fuerzas Armadas de la epoca, cuyo numero exacto aun es fecha en la que se desconoce, originaron un caldo de cultivo apropiado para propuestas alternativas populares producidas en medio de la exclusión, de la pobreza extrema y de una enorme presión social consecuencia de la ausencia de sensibilidad de las élites políticas imperantes. "El paquete de medidas neoliberales, se proponía como el elixir del desarrollo que rescataba la clase política latinoamericana del sueño populista convertido en pesadilla".(Del Búfalo)

Este estado de cosas permitió la llegada al poder de un proyecto anclado no sólo en un discurso, la praxis política de quien lo lideró también se caracterizó por ser soberanista e histórico independentista, basados ambos en la eticidad, con valores integracionistas, y propuestas emancipadoras, cuyos fines gruesos eran: mejorar las condiciones de vida de los venezolanos, mejorando a su vez los indicadores sociales, recuperación de la propiedad de los recursos naturales, fortalecer la unión cívico militar, elementos caracterizadores de un proyecto Constitucional expresado en una Asamblea Constituyente originaria y una Constitución anti neoliberal: la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999.

Desde 1999 al 2013, Chávez diseña un sistema de estabilización macroeconómica constitucional que aprovechó la expansión de la Reserva Federal y el aumento de los precios del barril de petróleo, aplicando politicas y estrategias de distribución, captación y aprovechamiento del ingreso producto de la renta y producción petrolera oriéntandolo en favor de las grandes mayorías, sumado a la expansión del crédito mundial que permitió aumentar el consumo y promover un mundo pluripolar, expresiones de un modelo constitucional de desarrollismo social, que prevé una justa y equitativa distribución del ingreso, con un consecuente crecimiento económico, disminuyendo el peso de la deuda, la reducción de la desigualdad social y la pobreza, mejora de los indicadores sociales y el nivel de desarrollo, realidades que al final se tradujeron en inclusión social, alcanzada en los procesos de dignificación y valorización de los ciudadanos venezolanos y a efectos de contraste con otros paises, medida segun los indicadores sociales establecidos por los organismos multilaterales adscritos a la ONU para todos los paises del orbe (PNUD, UNESCO, FAO entre otros).

Chávez se propuso un plan a 50 años sin negar el apoyo a la empresa privada (modelo económico mixto) mediante el otorgamiento de facilidades en el acceso a las divisas, pero asegurándose para el Estado soberano el 62% de las mismas, ingresos que utilizó para saldar la enorme deuda social que la llamada democracia representativa nos había legado. Este proyecto desde el primer momento fue infiltrado y atacado, desde afuera y desde adentro saboteado por quintas y sextas columnas mediante obstaculización y retrasos, ralentización de las decisiones y de la aprobación y aplicación de las leyes y medidas que Chávez desarrollara. Plan complejo de destrucción sistemática y continua, "Plan Termita", cuyo unico objetivo era la destrucción del modelo constitucional de desarrollo nacional diseñado por Chávez: Golpe petrolero y eléctrico, reducción de la produccion petrolera, desmantelamiento y desinversión en los proyectos de infraestructura: plantas y fabricas, lineas ferreas, sabotaje, corrupción, y bloqueo de planes agrícolas, generación de cuellos de botella para la no ejecución y retraso de los mismos, destrucción y ausencia de mantenimiento de servicios (generación de energía eléctrica, agua, salud, telecomunicaciones), estimulación y diseminación de bandas crirminales a lo largo y ancho del país, ineficacia, desidia, abandono del pueblo, sintetizan el proceso de demolición del tejido industrial y social y la consecuente generación de descontento, desmovilización, fractura social, pérdida de la autoestima social, desesperanza, para ablandarnos antes del ataque final: las medidas coercitivas unilaterales que actuán sobre un país atacado desde adentro por estas quintas y sextas columnas para debilitarlo al mantenerlo encerrado y bloqueado en una doble pinza: externa e interna concertadas.

Nada de esto hubiese sido posible que funcionara sin la complicidad de esas quintas y sextas columnas. Categorización que tiene sentido sólo si admitimos claramente y sin ambigüedad el enfrentamiento radical entre Venezuela y su proyecto de desarrollo independiente, por un lado y por el otro el proyecto globalista mundial, encarnado en el mercado económico capitalista y una ideología mayormente liberal basada en el individualismo, sociedad civil en lugar de pueblo, "libertad de expresión" y de movimiento, conciencia, derechos humanos, coartadas para dañar al Estado Nación y aumentar la propiedad privada de bienes públicos, entre otros aspectos.

Quintas y sextas columnas cuya naturaleza está determinada por aquellos grupos que al apoyar tesis desnacionalizadoras, antipatriotas y globalistas, opuestos a la identidad históricamente venezolana apoyan el colapso de la estructura Estatal. Estas nefastas y antinacionales columnas y el régimen de los reformadores neoliberales son sinónimos: no trabajan por el interés nacional, sólo sirven de instrumento de control externo, cuyo centro de toma de decisiones responde al interés foráneo enemigo de la patria haciendo cumplir sus soluciones mientras tratan de maximizar los beneficios y las ganancias para sí mismos y sus negocios. Así fueron creando la "burguesía revolucionaria": poder representado por un pequeño grupo de magnates que a través de la hiperinflación inducida, la privatización y corrupción irresponsables, la depauperización del trabajo, fueron confiscando y apropiándose de monopolios estatales enteros y de sus ingresos financieros, teniendo como norte capturar el ámbito de la energía, minería y petróleo venezolanos.

Otra faceta de estas quintas y sextas columnas no sólo es que poseen su propia posición dentro del sistema político, sino que se presentan en condición de oposición radical no sistémica. Por lo tanto, estamos en presencia de un doble fenómeno: una Quinta Columna abierta (explícita) que representa la oposición radical anti-Chávez y anti-Venezuela, callejera, neoliberal, anti soberanista, y otra latente (implícita), la integrada por oligarcas, burócratas funcionales al globalismo, analistas, expertos, supuestos líderes comunitarios, propietarios de medios de comunicación y empresarios que han encontrado una manera, de permanecer dentro del régimen político, "simulando" lealtad a Chávez y a su rumbo patriótico.

En el contexto de la geopolítica, ambas son la quinta y sexta columnas en sentido pleno; ambas trabajan para los intereses de los globalistas; siguen los principios del sistema de comercio de intercambio desigual: usura y explotación, neoliberalismo, individualismo, fetichismo y cosificación de la vida, oponiéndose a la identidad original de Venezuela, a su singularidad, su carácter de país propietario de recursos del suelo y subsuelo, sin considerar su soberanía y el valor de esta particularidad Bolivariana (por el contrario, considerándolas un obstáculo para su concepción de "progreso" y de modernización), desvalorizando nuestro modelo y promocionándolo como fracasado y como país quebrado. Constituyen una red de agentes de evidente influencia globalista y onunista dentro de la Venezuela Bolivariana. Tienen un solo ideal, un propietario, un punto de referencia, una ideología: el globalismo transnacional, el neoliberalismo, la globalización, la oligarquía financiera global, Capitalismo "inclusivo" de nuevo rostro. En apariencia no son enemigos del proyecto Bolivariano, de la Patria y de Chávez, por el contrario se muestran y simulan ser sus mejores y leales partidarios. Son traidores, esto es correcto no sólo para una escala nacional, sino en una escala civilizatoria. No sólo atacan a Chávez en cada paso patriótico suyo, lo frenaron, y actualmente tratan de apagar la llama del patriotismo.

Pretenden que los venezolanos aceptemos este derrotero como si fuera natural y eterno. Pretensión que Gramsci llamaba "naturalismo social" y otros llamaron "etapismo mecanicista", en otras palabras, la claudicación, rendición ante los hechos, cuando de lo que se trata es de mostrar la verdad de esa contradicción (lucha de clases y explotación), la verdad de eso, la cosa o cosificación de la vida representada en el fetichismo de la mercancía, la alienación del trabajo, la explotación y todas las taras implicitas en la "benevolencia" del Capitalismo.

Los pragmáticos de la actualidad (quintas y sextas columnas) anhelan aceptemos esta vida siniestra como natural, especie de cautiverio en el que nuevamente nos venden las ideas del Fin de la Historia y de que no hay remedio, sólo podemos salvarnos si asumimos el HiperCapitalimo Chino, el imperio de lo muerto más allá de las apariencias brillantes de sus millones de bombillitas utilizadas como propaganda para aturdir y dormir toda crítica. Ser rico es brillante, ser explotador y esclavista es brillante, pues el fin justifica los medios, no importa de que color sea el gato lo importante es que caze ratones, millones de ratones de laboratorio, de trabajo esclavo en las maquilas al que someten a esos ratones: seres humanos sin ninguna libertad. "La vida se transforma en la ideología de la cosificación, que es la máscara de lo muerto" (Adorno). Su ignorancia y praxis antirevolucionaria les impide conocer que el verdadero reino de los fines, es el reino de lo ético político dirían Bolívar y Simón Rodríguez, de la reconciliación del hombre con su realidad, dónde sea él quien ponga sus fines y no otros quienes lo dominen.

Frente a la traición de los quintas y sextas columnas y ante el ataque global, nuestra lucha hoy por hoy es por la recuperación de la política para servir al pueblo y no con fines utilitaristas. Acumulación de fuerzas populares con potencial no sólo de resistencia sino de lucha, con epicentro en nosotros mismos. Voluntad de supervivencia alejada de cualquier dominio o subordinación ideológica y política, enraizados en la tierra y unidos con todos los venezolanos y venezolanas de buena voluntad, decentes, solidarios, nacionalistas, proponemos un país orientado a consolidar una nueva potencia nacional, fortaleciendo nuestra capacidad real de supervivencia ante los siniestros depredadores internos y externos.

Qué nada ni nadie nos haga dudar de nuestro destino emancipador, que nadie venga a vender espejitos y nosotros a cambiarlos por oro, somos un país rico y no aceptamos el cuento chino de que debemos entregar la Nación a oscuros intereses, para salvarnos. Para recuperar y salvar la República Bolivariana toca luchar y vencer!!

MARIA ALEJANDRA DIAZ MARIN

 



Esta nota ha sido leída aproximadamente 3376 veces.



María Alejandra Díaz

Abogada constitucionalista y representante del Estado ante la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Vicepresidente de la Comisión de Justicia y Tutela Efectiva de la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela (2017).

 @MariaesPueblo

Visite el perfil de María Alejandra Díaz para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



María Alejandra Díaz

María Alejandra Díaz

Más artículos de este autor