Dilema: Qué hacer con Guaidó

En los últimos días, se ha convertido en tema recurrente, en tertulianos espacios políticos, el referido al tratamiento que se le debe dar a la ya averiada figura del “presidente interino” Juan Guaidó. En los que hemos tenido oportunidad de estar presente se han hecho sentir, al respecto, enfoques encontrados que creemos necesarios reseñar.

De entrada, luce pertinente manifestar que entendemos la oportunidad que este tema tiene en estos momentos, precisamente, cuando está por instalarse la nueva Asamblea Nacional y, en los Estados Unidos, cuyo gobierno saliente fue el creador de este frankenstein local, está por inaugurarse un nuevo inquilino en la Casa Blanca washingtoniana.

Estos dos elementos, son relevantes a la hora de analizar el tema en cuestión, porque, en primer término, al constituirse el renovado Poder Legislativo, tal cual como lo contempla el artículo 219 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el próximo 5 de enero, el argumento de la pretendida presidencia interina guaidocista queda, irremediablemente, sin soporte alguno, eso, naturalmente, en el orden interno.

Y en el orden externo, está por verse si el señor Biden que, a partir del 20 de enero, pasa a ser el nuevo mandamás estadounidense, va a continuar con el sainete que montó su antecesor, al que, por cierto, le resultó tan malo que, hasta analistas de la política gringa, destacan que ese hecho incidió, por supuesto, negativamente, en su adverso y traumático desenlace electoral.

A juicio con su comparsa

Tomando como base estas consideraciones los contertulios expresan sus criterios, en términos dilemáticos, resaltando, algunos, el enfoque de que el ahora ciudadano común Juan Guaidó, inmediatamente, después de la instalación de la asamblea Nacional, debe ser sometido a juicio para que responda por las graves consecuencias que sus antipatrióticas actuaciones le han ocasionado a la república y al pueblo venezolano. Y que junto con él, todos aquellos que le sirvieron de comparsa deben, también, ser procesados. Se considera que los crímenes cometidos contra la patria han sido de tal magnitud que, bajo ningún concepto, se puede aceptar que haya impunidad. Y en ese sentido plantean que hay que tomar medidas para evitar una eventual huida de tan nefastos individuos.

Evitar martirizarlos

Otros, más cautos, sostienen que si bien Guaidó y sus secuaces son merecedores de las más fuertes sanciones por su anti patriotismo y por los robos que han cometido contra los recursos nacionales, hay que evitar, a toda costa, convertirlos en mártires, que es lo que podría suceder en caso de que se proceda a encarcelarlos, arguyen, también, que eso sería ampliamente utilizado por la derecha internacional y las corporaciones mediáticas para emprender una mayor campaña desestabilizadora del país. Y que, al fin y al cabo, aún no se sabe cuál será la política que desarrollará hacia nosotros el nuevo administrador imperial.

“Hasta con el mismo diablo”

Por otro lado, hay quienes sostienen que en aras de garantizar la paz y mayor estabilidad política e institucional del país, hay que impulsar y lograr un gran diálogo nacional que involucre a los más amplios sectores y que, inevitablemente, eso pasa por estimular y aceptar dialogar, también, con el guaidocismo, es decir, con la oposición subversiva e insurrecta que se ha planteado como objetivo político, incluso, el asesinato del presidente Nicolás Maduro. En aras de la paz social, consideran, hay que estar dispuesto a sentarse a conversar “hasta con el mismo diablo”, como sería el caso, por supuesto, con el gobierno estadounidense, siempre en un plano de reconocimiento y respeto mutuo.

Siendo así los enfoques expuestos, por nuestra parte, creemos que para abordar el tema en cuestión, el del cuestionamiento a Guaidó y sus cómplices, además de los elementos que se manejan de carácter político, económico, geopolíticos, etc., que están implícitos, es pertinente incorporar los de carácter ético y moral.

Perversa conducta criminal

En ese sentido pensamos que las acciones de Guaidó y compañía son de tal magnitud, si bien, en contra del gobierno, pero, sobre todo, en contra del país y del pueblo venezolano que no hay excusas posible para solaparlas o mediatizarlas. Ha sido, ciertamente, una conducta criminal que, apuntalada en el poder imperialista y en la derecha internacional, no ha escatimado perversidad con tal de alcanzar sus despropósitos: clamar por una intervención militar extranjera contra la patria, contribuir a sustraer recursos del país ubicados en el extranjero, suscitar sabotajes a los servicios públicos, intentar magnicidio, fomentar el desabastecimiento de productos básicos para la dieta del pueblo y de insumos para el aparato productivo, usurpar funciones que no le corresponden, concertar pactos con el narcoparamilitarismo, promover bloqueo económico, comercial y financiero del país sin medir las consecuencias de distinta índole en contra de la vida de los venezolanos y venezolanas, atentar contra la salud del pueblo impidiendo la entrada de medicinas, particularmente, en esta época de pandemia, promover el desprestigio del país en foros internacionales, pretender negociar nuestro territorio esequibo, ponerse al servicio de potencias extranjeras sin importarle socavar la soberanía nacional, enriquecerse a costa de recursos del pueblo, mentirle a sus propios partidarios creándole falsas expectativas incentivando en su seno una mayor disociación, desvirtuar totalmente el papel fundamental que le corresponde jugar al Poder Legislativo en la estructura republicana venezolana, etc., en fin, todo un dechado de egoísmo, de antivalores, antivenezolanismo, de antipatriotismo, de antipueblo, cuyas consecuencias han sido trágicas para la vida política, económica y social de los venezolanos y venezolanas.

Fuerte castigo

La conducta de Guaidó y sus más allegados copartícipes le ha afectado la vida tanto a los partidarios del bolivarianismo, a los sectores opositores como al conglomerado independiente, es decir, al pueblo todo,-con lo cual ha logrado cosechar un aislamiento y rechazo cada vez más creciente de la mayoría de la sociedad venezolana, quedando en evidencia tan incuestionable realidad en la exigua concurrencia en las oportunidades en que convoca al pueblo a manifestarse en las calles y en la patética consulta que intentó realizar en diciembre pasado y que concluyó en un auténtico y palmario fracaso-, por tal motivo él y sus secuaces son acreedores de un fuerte castigo.
Pero, al mismo tiempo, está presente la necesidad de crear las bases de un dialogo nacional que permita sacar al país de la crisis política en la que está sumergido y enrumbarlo por la senda de la recuperación económico-social, diálogo en el que, entendemos, es importante la participación más amplia posible He allí el dilema, entonces, habrá que hacer abstracción a los grandes delitos cometidos por el guaidocismo en aras de la convivencia nacional?

No hay reparo posible

A nuestro juicio la respuesta a tal dilema está antes que todo, en el orden ético y moral, que también es político, pues, frente a la conducta gravemente delincuencial del guaidocismo no hay reparo posible que no sea el castigo, el pueblo venezolano no entendería una salida distinta al problema planteado, más bien sería un aprendizaje negativo el dejar sin castigo a quienes han actuado con tan perversa saña en contra de los intereses nacionales, el no castigarlos sería atentar contra la moral social y en nada contribuiría con el objetivo de fomentar la convergencia nacional, quienes convergen, concilian o dialogan son los que asumen la necesidad y trascendencia de hacerlo, que no es el caso de los guaidocistas, muchos ya han sido beneficiados con medidas de excarcelación pero lejos de acogerse a la práctica democrática, por el contrario, persisten en la aviesa práctica de la subversión y el terrorismo.

Por otra parte, se entiende que hay que conversar con la nueva administración imperial, efectivamente, como dice el presidente Maduro, sin agenda previa, pero ello no puede estar sujeto a que se tenga que eximir de responsabilidades a Juan Guaidó y compañía, en todo caso, ya este monstruito no le sirve al imperialismo, pues, la película para la cual fue hecho ya es demodé .

*miguelugas@gmail.com


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Miguel Ugas

Miembro de la coordinación nacional del MoMAC

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