La cultura en La Casona

Ayer salí después de meses largos de auto encierro; aterrorizado con las contradicciones que imponen para evitar el malnombrado virus, que confunden con bacteria y asumí el claustro con disciplina para no ser irreverente (aunque lo asumí a discreción) debido a que por mis dificultades de edad y económicas, en este ataque criminal que nos tiene el imperio; sería complicado atender un percance de salud si llegara; a parte del que cargo de la madre, que es bastante.

Fui convocado a tan hermoso casa, ahora museo, por una mención honorífica y me sorprendí cuando llegue al lugar; que por ser cultural, debería ser común encontrar a mis colegas de siempre y me pregunté ¿porque no estaba ninguno de los de antes? o seguramente estában, pero no nos conocíamos o disimulamos para evitar el contacto y cumplir con el distanciamiento.

Solo veía unos seres estáticos como asustados, extraños enmascarados que se escondían por evitar contactos que antes eran frecuentes, cuando coincidíamos en los lugares de siempre; ahora parecíamos extraños; como si en los meses de pandemia perdimos la orientación que teníamos de multiplicadores; sospechandonos entre si; estábamos llenos de tapabocas y se percibía un silencio sepulcral, como si era el final y habíamos perdido todas las esperanzas; los convocados hablaban para si mismo, pero no se oía nada por la condición impuesta, que cubrían lo poco que se veía del aspecto donde teníamos la cara y ahora unas cuencas vacías, dónde antes ojos brillantes y sonrisas marcadas permanente.

Sentí en la mayoría de mis colegas, que temíamos tocarnos; nadie estiraba la mano para un saludo, ni ofrecían esos abrazos de costumbre cada vez que nos encontrábamos.

Los que sabían quién era alguien por el tono de voz o cualquier señal física, le brindaba un gestos a distancia enseñando el codo; asomando una actitud que parecía saludo de partidistas cuando no quieren que los relacionen con corruptos; las sonrisas se habían olvidado.

La sospecha a que todos nuestros semejantes estén enfermos, estaba en la cara de desconocidos que enfrentabamos, cada vez que levantavamos la tímida mirada; sentíamos vergüenza porque en el fondo sabíamos lo que fuimos antes en la batalla y decía para mí ¿Porque ahora aceptamos ser esto?

El objetivo que el capitalismo impone, se estaba cumpliendo; el virus había llegado de apoyo para separar lo humano y empezó por los cultores: ya que son los más sensibilizados para unir el mundo y de ahora en adelante estábamos perdiendo esa condición que se encontraba todos los días en todos los lugares: ahora somos unos aislados desconocidos con la esperanza perdida y la certeza que el mundo de ahora en adelante será distinto: somos zombies mecánicos que vagamos con la sensibilidad perdida y un aspecto lleno de un vacío que no parece vida.
No quiero encerrarme más, estoy obligado a seguir luchando, porque PATRIA O MUERTE, VENCEREMOS Y HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.
SIN PATRIA NO QUIERO VIDA.
HAZTE CONCIENCIA.



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Antonio Machuca

Actor y militante revolucionario

 machucamelo@cantv.net

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