Reflexiones ingenuas: "se hunde el barco…"

"La libertad es siempre la libertad de

aquellos que piensan de otra manera"

Rosa Luxemburgo

El portaviones que atracó el año 2017 en el Estado Lara, el cual venía lleno de soluciones para los ingentes problemas que viven los habitantes de esta importante entidad de Venezuela, viene haciendo aguas.

Aquella esperanza que renació en el alma de los habitantes del Estado se ha desvanecido y hoy queda solamente el triste recuerdo de un sueño frustrado de quienes avizoraban una vida mejor.

La nave en cuestión no pudo con la carga de bombonas de gas doméstico que traía en la borda, se oxidaron los equipos e insumos que trasportaba para reparar el sistema hídrico del estado, se deterioraron las plantas para proveer y apoyar al sistema eléctrico en las comunidades, se oxidaron las unidades de transporte público, se deterioraron los envases para empacar y entregar los alimentos de los CLAP, se vencieron los medicamentos y dañaron los equipos para atender a los pacientes más necesitados de la entidad…

Los recortes irracionales de la energía eléctrica afectan inmisericordemente a casi toda la población produciendo, además de pérdidas económicas tanto en el pueblo como en las pequeñas y medianas empresas, dañando equipos de trabajo, electrodomésticos (sin que nadie responda por dichos efectos), además de la afectación en la salud, confort, calidad de vida de las personas. Es insólito que todos los días se produzcan recortes, muchos de los cuales exceden más de 8 horas (y en repetidas oportunidades hasta dos veces al día). Esta situación aumenta la ocurrencia de actos delictivos durante dichos apagones, los cuales vienen en aumento diariamente.

Pareciera que los equipos que venían en la nave referida se fueron a otros lares, según información emanada de fuentes bien acreditadas.

Pero, para consuelo de todos "menos mal que ya estamos acostumbrados a la falta de luz eléctrica…", según palabras emanadas de quien debería hacer todo lo posible para resolver la situación.

El agua para consumo de la población hace días desapareció de las tuberías y de los tanques de las casas, edificios, medicaturas, CDIs, locales de Barrio Adentro y las personas hacen ruegos para que caiga aunque sean algunas gotas para poder hacer el aseo personal, comidas, lavar la ropa…, y no se diga de aquellos que no tienen como almacenar el preciado líquido. Es triste ver las largas colas de la gente sin recursos para intentar proveerse de un botellón con el fin de beber un vaso de agua, hacer comidas, ducharse, lavar la ropa… Pero cada cisterna cuesta un ojo de la cara y para colmo, están todos haciendo cola para surtirse de gasolina a fin de poder satisfacer la inmensa demanda del servicio.

Del gas doméstico ni se diga. Hace meses los camiones con las bombonas no visitan a las comunidades. Ya no hay árboles para cortar leña. Las personas con problemas bronquiales, asmáticos, niños, ancianos, además de no contar con servicios médicos en las comunidades, no tienen como adquirir las medicinas ya que las que venían en el barco se hundieron y no llegaron a los centros asistenciales, o se fueron para las farmacias donde se consiguen a precios inaccesibles.

La insalubridad repercute en la salud. Sin agua ni gas para hervirla las enfermedades infectocontagiosas se añaden al COVID19 y el pronóstico es de terror. No hay instituciones médicas del estado que tengan capacidad, equipos, personal médico, paramédico, de servicios, medicinas para atender los pacientes afectados por diversas causas. No se pueden hacer remedios caseros si no hay agua ni como cocinar las hierbas. Si no nos coge el chingo nos coge el sin nariz.

De la gasolina ni hablar. Colas kilométricas en las cuales se pasan hasta tres días (si acaso) para pagar por el suministro en "dolores" porque la gasolina subsidiada sólo se les provee a las busetas y los buseteros, la revenden a 2 o 3 $ el litro (si tienes suerte), al igual que los empleados de las estaciones de servicio, uniformados y dueños del negocio. O en su defecto a los "enchufados" que no hacen cola para adquirirla. Y todavía tienen el tupé de publicar el calendario de suministro por número de placa. O sea.

Pareciera que La tripulación que venía en la flamante nave pidió la baja o desertó. Ya no está aquel equipo eficiente, el cual fue sustituido por quienes se benefician de los servicios que prestan (mejor dicho, que venden en "verdes") a quienes solicitan o necesitan hacer algún trámite, adquirir algún insumo o solucionar algún problema personal o para la comunidad.

Lo peor es que, salvo honrosa excepción, lo destructores que acompañaron al portaviones corrieron la misma suerte y sus restos se desplazan rio abajo, es decir, Turbio abajo.

Mientras los empresarios, enchufados, la alta burocracia, dueños de bancos etc., jueces, fiscales, viven en urbanismos lujosos, con tanques subterráneos o pozos perforados, tienen plantas de alumbrado eléctrico, lujos, vehículos último modelo, compran en estaciones de servicio VIP, importan licores, alimentos, viajan a pesar de las restricciones, organizan festividades en grupo, tienen oportunidad de ir a clínicas privadas entre otros lujos, la población en su conjunto padece de grandes carencias como las que exponemos en los párrafos anteriores

El bloqueo económico, las medidas contra Venezuela, las sanciones... es cierto. Pero hay cosas que prometieron, pudieron y pueden resolverse y no lo hicieron y por lo que se ve ni lo harán.

El pueblo se quedó con las manos vacías. Ojalá que las repercusiones políticas que esta situación conlleva puedan evitarse.

La situación del país está bien complicada. Pronto tendremos elecciones para Asamblea Nacional y una abstención a la participación o un apoyo a las fórmulas de la oposición constituye una derrota del gobierno, y en consecuencia cualquier cosa puede ocurrir. Y nadie puede evadir sus responsabilidades.

Se perdió una preciosa oportunidad para rescatar el prestigio y la confianza en el Proyecto Socialista Bolivariano.

Es una verdadera lástima.

#IrreductiblesSiempre,SumisosJamás

La lucha es larga. Sigamos avanzando.
 



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Carlos M. Rodríguez C.

Estudió en la UCV. Docente jubilado

 carrodcas@gmail.com

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