Necesidades

—Compita ¿andaba de viaje otra vez?
—De ninguna manera, los dólares no están pa’ bollo
Que ha hecho usted, ya que está tan preguntón.
—Nada productivo.
Lo que sí es que he estado preguntándome lo siguiente.
Todos nos acortamos de los años del hambre.
No hablo del siglo XIX ni nada de eso, estoy hablando del 2015 al 17 o 18, eso es recientico.
—Y qué se pregunta.
—¿Si esa hambrazón la provocó el mismo gobierno?
Para terminar sometiéndonos por la barriga.
Porque usted sabe que nadie se quiere morir, uno se puede quejar que si esto y aquello. Pero de morirse e irse de este no, que va.
Mucho llantén, pero aquí al píe del cañón.
Y guapeamos en ese entonces y seguimos guapeando para ver como no nos moríamos de hambre.
Flacos si nos pusimos y de ahí nació la misión carapacho.
Hueso y pellejo, a eso llegamos o mejor dicho así nos hicieron llegar.
—En verdad, que no lo puedo desmentir.
Ni decirle que no tiene la razón, en lo que dice.
—Porque todas las necesidades son reales, no importa cuáles sean.
Pero que un pan, un paquete de harina para las arepas o una margarina se volvieran algo por encima de nuestras posibilidades.
No le cabe a uno en la cabeza.
Ahora hay harina, arroz, margarina, pasta. Y cómo así, como decía el niño.
¿Qué cambió?
—Buena esa pregunta.
Nada aparentemente ha cambiado.
Si vemos a los políticos ahí están los mismos carcamales.
Con sus mismos discursos.
—Porque fíjese, a medida que la crisis se instaló en nuestras vidas como una situación irreversible, la lista de necesidades falsas se ha ampliado.
—¿Cómo es eso?
—Ahora que decimos.
No necesitamos medicina de alto nivel para todos, ni escuelas de calidad para todas, ni una universidad pública abierta al deseo del saber.
Estas cosas se han convertido en necesidades falsas, porque hemos sido reducidos como personas.
Tampoco necesitamos carne ni pescado, lo que necesitamos es carbohidratos y nada más.
El país del dinero fácil no necesita buenos profesionales, ni universitarios, ni viejos y jóvenes saludables.
Esas ya no son necesidades reales.
¿Por qué? Y además, ¿quién decidió que esas no son necesidades reales?
—Yo supongo que los que gobiernan.
—Y los que aparentemente le hacen la contra.
Porque están rabo con rabo.
Porque, le dijo, todas las necesidades humanas son reales y legítimas.
Unas más altas y otras más bajas, pero todas son reales.
¿Cuál es el discurso? No es necesario cambiar de teléfono cada año, ni de carro cada cinco, ni acumular porque todo eso pertenece a la sociedad de consumo, que anda sin frenos.
¿Quién les ha otorgado poder a estos truchimanes para decirnos qué necesitamos y qué no?
Tanto los sermones moralistas de la austeridad del poder que nos lo repiten a cada rato estos, claro el sermón es para la masa. Como la sociedad de consumo son dictaduras de la sociedad.
Son las dos caras de la misma moneda.
Que no todas las necesidades sean buenas ni puedan satisfacerse es otra cosa.
Para eso existe la ética que nos permite decidir que una necesidad es mejor que otra.
Y la política, la toma de decisiones que se desprende de la ética.
Pero, ojo pelao. Este es un proceso plural, histórico y colectivo.
No la imposición de una ideología.
—Ya usted se metió en honduras.
Vamos a dejar eso hasta aquí.
Porque tengo que resolver una urgencia.
Y le dijo: Por ahora, apriete.


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Obed Delfín


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