A los venezolanos que apoyan la dictadura económica delincuencial del FMI

Hay opositores de esos que lamentablemente apoyan a los terroristas que han asesinado más de cien personas intentando un golpe de estado en contra del presidente de la paz, Nicolás Maduro Moros, que se preguntan ¿cómo es posible que, en países como Colombia, Perú, Ecuador, Argentina, Brasil, Haití, haya gente que quiera derrocar a sus presidentes, para ir o regresar a una dictadura saca uñas y come niños como la venezolana?

¡Que lamentable! Olvidan o no quieren darse cuenta estos adversarios, generalmente simpatizantes de los grupos hamponiles Voluntad Popular, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y Acción Democrática, que no hay nada que haga más daño económico, político y social a las naciones del continente y del mundo, que las recetas aplicadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Los países que integran el Cartel de Lima se desmoronan, precisamente, por contar con presidentes delincuentes, asesinos, que obedecen a las medidas de este organismo gringo. Capaces de asesinar a su propia gente por defender los intereses de los norteamericanos. Podemos dar los ejemplos recientes del homicida Lenin Moreno, quien mató a diez de sus compatriotas cuando protestaban el escandaloso aumento que hizo del precio de la gasolina, siguiendo las pautas de dicho organismo; o del homicida Sebastián Piñera, también les quitó la vida a otros 15 manifestantes en Chile que reclamaban en la calle el incremento en el pasaje del metro.

No soy experto en economía ni he revisado algún contrato firmado entre el FMI con esos países, pero leyendo a los expertos y lo que dice la canalla mediática que, pese al sesgo, no siempre puede ocultar la verdad, el Fondo Monetario Internacional es una institución financiera que presta el dinero con el sumo cuidado de proteger al capital y a los grandes capitalistas, en consecuencia, coloca no solo las condiciones de pago, sino que impone las medidas más que antipopulares delincuenciales que los gobiernos lacayos deben asumir, para honrarles las deudas en los términos que ellos la plantean.

Por supuesto, siendo un organismo de protección a los capitales y grandes capitalistas, como les acabo de decir, ninguna de esas medidas trastoca los intereses del sector privado, es decir, de ese grupo de poderosos que son los que tienen el control económico y financiero de las naciones, y que casi nunca se ven porque están agazapados detrás del presidente; pero en el fondo son los que mandan como mandaba Fedecámaras en la Venezuela de la IV República.

Las medidas del FMI recaen entonces directamente sobre los hombros de los que menos tienen. Y casi siempre son las mismas para los gobiernos deudores, devaluación de la moneda, privatizaciones, incremento del precio del combustible, recortes salariales, eliminación de subsidios y de los beneficios sociales, sobre todo, de algo tan sagrado en la revolución bolivariana como es la pensión de vejez.

Con respecto a las privatizaciones, hacen negocios hasta con el modo de caminar de la gente, con la educación, la salud, la alimentación, venden las industrias básicas; lo que les encanta a los empresarios parasitarios, a esos que les gusta invertir solo con el dinero y los recursos del papá estado. De su bolsillo no sacan ni medio. Y para mayores males, la mayoría se roba la plata, presentan quiebra y la deuda la asumen los gobiernos de turno. En Venezuela los empresarios tienen un doctorado en ese tipo de triquiñuelas.

La eliminación del subsidio de la gasolina sin tomar en cuenta las precariedades económicas en que los mismos gobernantes corruptos mantienen sumidas a sus poblaciones, conduce inevitablemente a la violencia, sin embargo, la cumplen gustosos; no les importa, el asunto es quedar bien con los gringos porque, entre otras cosas, ellos como presidentes se lucran con todos esos negocios corruptos que desatan tales medidas, y terminan supermillonarios en contraposición a sus pueblos cada vez más hundidos en la pobreza.

En Argentina, cuando el FMI le hizo un préstamo y colocó sus condiciones, el ladrón Mauricio Macri, enseguida anunció el incremento de los años para otorgar la pensión de vejez, con la finalidad de que ya cuando un señor o una señora lograra cobrar el beneficio, estuviese muy cerca de la muerte, de esa manera, obviamente no habría que pagarles por tanto tiempo. Y ahorrarían dinero a costillas de esa gente que entrega al trabajo los años más productivos de su vida… La legalización de todo un crimen.

Son muchas las medidas antipopulares que ya los latinos y los caribeños no permiten y están dispuestos a evitarlas a costa de sus vidas de ser necesario; y no las permiten desde hace rato, recordemos el Caracazo de Carlos Andrés Pérez por la aplicación del paquetazo del Fondo Monetario Internacional, la gente pasando hambre se volcó a la calle y con un presidente adeco asesino como ese, todavía no hay una cifra exacta de la gente que mandó a matar con las fuerzas policiales y militares. Hubo una masacre tan grande que las de Lenin Moreno y Sebastián Piñera aún están en pañales.

Y eso tenemos que decirlo, que recalcarlo, porque los jóvenes de hasta 30 años, quizás un poco más, desconocen ese pasaje oscuro de la historia reciente de Venezuela y se hace fácil manipularlos, engañarlos. Es más, Chávez llegó a Miraflores por esas medidas del FMI que finalmente sirvieron de punta de lanza, para sacar del poder a Carlos Andrés Pérez.

Cuando El Comandante Eterno se posesionó tuvo que internarse de urgencia en los barrios más necesitados con el denominado Plan Bolívar 2000, un programa al que la canalla mediática siempre apuntó para desacreditarlo; nunca para informar de la gente que salvó, porque esa misión tuvo como objetivo llevarle en el acto medicinas y comida al pueblo que se moría por falta de alguna pastilla, de un mendrugo de pan. Un minuto que tardara en llegar la ayuda, era un muerto más, no había dudas de eso. Y Chávez lo sabía. La gente se moría sola y desamparada en la más triste miseria. Había personas internadas en esas comunidades, tan pobres que ni siquiera tenían pasaje para salir del sector donde vivían. Y ahí se quedaban a esperar pacientemente la muerte.

Partiendo de esa crítica situación, Chávez aplicó todas esas misiones de alimentación, salud, educación, que la derecha fascista viendo el éxito y dolida al verse fuera del poder y sin esperanzas de recobrar sus grandes privilegios, no ha dejado de atacar, ataques que arreciaron con la llegada del presidente Maduro al poder.

De modo que, como esa Venezuela del Caracazo, están ahora los países cuyos gobiernos son unos tristes borregos de los gringos y del Fondo Monetario Internacional. Esa es la verdad. De hecho, todos los días regresan migrantes con las tablas en la cabeza, uno por la xenofobia que en contra de ellos han desatado canallas como Julio Borges y los mismos presidentes hampones del Cartel de Lima que dice acogerlos, pero otra es que las condiciones económicas y sociales de esos países bajo la dictadura financiera del FMI son excesivamente precarias.

Sin embargo, esos son los gobiernos que apoyan y ven como el paraíso muchos opositores venezolanos, que se escandalizan y critican a los pueblos que protestan la tiranía económica delincuencial del Fondo Monetario Internacional.

Camarada lectora, camarada lector, hermana venezolana, hermano venezolano, en la Patria de Bolívar no tiene cabida el FMI, aquí nadie nos coloca las pautas, menos los gringos, somos un país libre y soberano, además poseemos algo que se llama dignidad, una condición honrosa que tiene que ver con la moral, la sensatez, la seriedad, el respeto hacia uno mismo y hacia los demás, desgraciadamente hay muchos opositores que carecen de esa naturaleza.

En Venezuela muy penosamente tengo que decir que, en ese sentido, marchamos sobre dos realidades, la primera, basada en esa dignidad de la que les hablo, y que los chavista no nos dejamos pisotear bajo ninguna circunstancia, obviamente, ponerle la mano en el pecho y detener a los norteamericanos tiene su precio y actualmente la pagamos con unas sanciones y un bloqueo económico y financiero que busca doblegar a nuestro pueblo de esa hambre y miseria que ustedes viven y padecen; la segunda, son esos opositores que se sienten felices y emulan a Juanito Alimaña Guaidó bajándose los pantalones cuando les hablan o ven a un gringo cerca.

Sueñan con que los yanquis nos gobiernen como ocurre con los países del Cartel de Lima.

Y se les respeta ese gusto, ese placer, esa conmoción de felicidad que sienten por los yanquis, pero yo me precio de ser de los primeros. Y a mucha honra. No sé ustedes…



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Gian Carlo Di Martino

Politólogo, profesor, abogado. Ex-Alcalde de Maracaibo. Cónsul de Venezuela en Milán - Italia.

 giancarlodimartino2017@gmail.com

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