Lo más importante de la visita Michelle Bachelet a Venezuela

Por si al mundo no le han bastado las imágenes de Orlando Figuera prendido en fuego por la oposición, ni los terroristas llamando a que los gringos estrangulen económicamente al pueblo venezolano, ni los golpes de estado, ni los intentos de magnicidios, ni el robo que hace "Juanito Alimaña" Guaidó del dinero de hacerle el trasplantes de médula ósea a los niños enfermos en el exterior, entre otras tantas aberraciones y crímenes de lesa humanidad, ahí tienen las salvajes arremetidas en contra de Michelle Bachelet, Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

¿Van a ignorar los representantes de la OEA, de la misma ONU, los presidentes de los países cuyos gobiernos se le arrodillan a Donald Trump, la manera inapropiada, indecente, descortés, como trataron a la señora Bachelet? Fue increíble como un grupo de usuarios de Twitter y demás redes sociales, actuando a imagen y semejantes de sus líderes desestabilizadores, emprendieron una brutal agresión en contra de la Alta Comisionada.

A Bachelet todos esos presidentes y representantes de organizaciones mundiales a las cuales hago referencia, le deben una disculpa pública, primero fueron los cabecillas de los grupos terroristas en Venezuela que, al no verse totalmente complacidos, emprendieron unas severas y destempladas críticas en su contra, luego en esa misma línea de violencia los adeptos de esa oposición golpista se desbordaron en insultos hacia ella, y la agredieron no solo como funcionaria de un organismo multilateral, sino en lo personal, en lo familiar.

No es mi intención absolver de esas acciones vandálicas a ninguna persona, pero si debo aclarar, que mucha gente actuó de esa forma porque es la enseñanza recibida, porque es lo que siempre ha tenido como marco de referencia de los cabecillas de la oposición venezolana, que desde que el presidente Hugo Chávez asumió el poder, lo único que han hecho es llamar a la insurrección, al desorden, a la anarquía, a cometer los crímenes más atroces, incluso, contra niños que son algo sagrado en la vida.

Michelle Bachelet debe saber, ya por experiencia propia, que el problema más grave que tiene Venezuela es que no cuenta con una oposición de verdad. Mejor dicho, en Venezuela no existe oposición, lo que hay es un grupo de terroristas, de criminales agitando a la población, para que participe en un golpe de estado, dar al traste con la revolución bolivariana, y poder concretar ese viejo anhelo de entregar el país al imperio gringo, sin embargo, aun así, el Gobierno revolucionario en su característica condición tolerante y condescendiente, la reconoce y le otorga esa honrosa y digna categoría de "oposición".

Por eso han fracasado las decenas de diálogos que ha pedido públicamente el presidente Nicolás Maduro Moros. Ojalá y sigan adelante las conversaciones que por su iniciativa se llevan a cabo en Oslo, Noruega, en función de la paz, de la convivencia, eso es lo que quiere la mayoría de mis connacionales. Y cuando digo la mayoría, aunque no tengo cifras al respecto, lo digo basado en que, a pesar de toda la avanzada en contra de la revolución en Venezuela y el mundo, Maduro sigue en el poder, tiene un pueblo que lo apoya, que evidentemente rechaza la violencia y el terrorismo. Eso se puede percibir hasta en las colas para echar gasolina o comprar comida. La gente espera paciente, no quiere escándalos, disturbios; Venezuela, señora Bachelet, desea vivir tranquila, salir todas las mañanas a trabajar y a estudiar con esa normalidad y pacifismo que, lamentablemente, nos arrebata constantemente esa mal llamada oposición venezolana con sus aventuras sediciosas.

Usted, señora Michelle Bachelet vivió, en unos pocos días, el rigor de esa agresión mediática que minuto a minuto, segundo a segundo, ejecuta en contra nuestra, el terrorismo que pretende tomar el poder por asalto, con el apoyo de los medios de comunicación y del gobierno norteamericano. Hablamos de un grupo de delincuentes intolerante –aunque en realidad desconozco si se puede hablar de delincuentes tolerantes-, con los que es imposible hablar, llegar a acuerdos, para que sea posible una vida en sana paz, la vida que, repito, queremos y merece la mayoría de mis compatriotas.

Y me disculpa si le resulta de mal gusto lo que voy a concluir, pero creo que lo más importante – aparte de sus gestiones para que se sigan garantizando los derechos humanos en Venezuela, obviamente-, es que conoció in situ la injusta arremetida de esos bandoleros.

Ningún chavista se la contó, no la leyó en ningún medio de comunicación revolucionario, ni la vio por la televisión del estado, usted misma, lamentablemente, la vivió. Y no creo que le haya quedado alguna duda, de la condición belicosa y delincuencial de los cabecillas de esas organizaciones terroristas que hacen en Venezuela de partidos políticos, como Voluntad Popular, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, Acción Democrática y otros grupúsculos que no vale la pena ni mencionar.

Sepa, y se lo digo muy respetuosamente señora Michelle Bachelet, que nosotros siempre hemos dicho la verdad sobre las acciones hamponiles de esos revoltosos, pero desafortunadamente, ha sido, sino silenciada, distorsionada por la canalla mediática nacional e internacional. Y, en el peor de los casos, llega con toda veracidad luego que logramos burlar el bloqueo comunicacional de la derecha y la ultraderecha mundial, pero entonces las debidas instancias internacionales se hacen los mudos, los ciegos y los sordos, cuando ven que detrás de todo el entramado golpista venezolano está el imperio gringo con sus países satélites.

Por eso me complace tanto, que usted haya venido a Venezuela atendiendo una invitación de nuestro presidente Nicolás Maduro Moros, quien siempre ha hecho una gestión tendente a fortalecer los derechos humanos de los venezolanos sin distingos de ideologías políticas ni colores partidistas.

Que usted se dé cuenta señora Bachelet, como en Venezuela hay oponentes que delinquen –y hablo de organizar golpes de estado, cometer o provocar repudiables asesinatos, crímenes de lesa humanidad, incluso, intentos de magnicidio-, y después pretenden evadir la justicia amparándose en la inmunidad parlamentaria, o haciéndose llamar descaradamente presos políticos con el apoyo de Donald Trump, como si Trump fuera el presidente de Venezuela y el dueño de los derechos humanos del resto de los seres vivos que habitamos este planeta.



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Gian Carlo Di Martino

Politólogo, profesor, abogado. Ex-Alcalde de Maracaibo. Cónsul de Venezuela en Milán - Italia.

 giancarlodimartino2017@gmail.com

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