Trabaja y no protestes, o te caigo a batazos

Esta es la norma que impone el madurismo en la administración pública. Violentando toda la legislación laboral vigente, la cual por cierto había sido sustancialmente mejorada en el período de Hugo Chávez (destacando sobre todo la aprobación de la nueva Ley del Trabajo en mayo de 2012), el gobierno de Nicolás Maduro viene implantando un sistema laboral basado en la coerción y el amedrentamiento, junto a la anulación de todas las contrataciones colectivas y normativas laborales aprobadas para las distintas ramas de la administración pública, incluyendo las empresas del estado.

El gobierno de Maduro, como lo hemos denunciado desde hace años, ha impuesto un sistema salarial que ha derrumbado hasta casi desaparecer el ingreso de los trabajadores venezolanos. Hoy en marzo de 2019 un trabajador venezolano, desde el primer escalafón salarial hasta el último, desde los que ingresan como obreros sin experiencia ni formación, hasta los que poseen doctorados y otras especializaciones, ganan entre uno y menos de dos salarios mínimos. Y el salario mínimo es menor a 10 dólares mensuales. Bastante alejado del resto de países latinoamericanos que pagan más de 100, de 200, de 300 y hasta de 400 dólares como salario mínimo mensual.

Maduro, el autoproclamado "presidente obrero", ha desconocido todas las contrataciones colectivas vigentes en la administración pública, al mismo tiempo que desconoce a los sindicatos y federaciones clasistas que luchan y defienden los derechos constitucionales de los trabajadores. Las elecciones sindicales son pospuestas de manera indefinida en las principales federaciones nacionales, ante la segura derrota que sufrirán las fuerzas maduristas a manos de las fracciones clasistas de trabajadores que a todo riesgo mantienen su actividad sindical.

Contra toda esta resistencia obrera, el madurismo ha desatado desde el comienzo una represión brutal que va desde el despido de todos aquellos trabajadores que no aceptan que se conculquen sus derechos laborales, hasta la amenaza permanente, el chantaje y la coerción, para doblegar la disposición de lucha de la clase. En muchos casos, como ha sucedido varias veces en la industria eléctrica y en las empresas básicas de Guayana, el madurismo recurre al arresto y enjuiciamiento de los principales dirigentes sindicales, sometiéndolos incluso a juicios militares que violentan todos los principios constitucionales.

Por medio de los mal llamados "colectivos", el gobierno madurista ha constituido una serie de grupos de choque con los cuales arremete contra las movilizaciones y huelgas obreras, causando constantemente agresiones físicas contra los trabajadores que asumen posiciones de lucha clasista.

En algunos casos, la represión ha llegado hasta el asesinato por medio de bandas armadas (al estilo de las organizaciones anticomunistas que operaban en las dictaduras de Brasil y de Argentina en los 70), como ocurrió con el estudiante de la UBV, Alí Domínguez (https://www.aporrea.org/actualidad/n339131.html), quien apareció en la autopista Francisco Fajardo inconsciente, agonizante, producto de una brutal golpiza, sin que hasta el presente la fiscalía ni la defensoría del pueblo hayan mostrado el menor interés por aclarar este asesinato.

Destaca en el sector eléctrico las detenciones contra varios dirigentes sindicales que han denunciado la falta de mantenimiento en todo el sistema eléctrico nacional como la causa principal de los continuos y masivos apagones. Como los casos de Geovany Zambrano y el ingeniero Angel Sequea. El primero privado de libertad por un tribunal y el segundo detenido y supuestamente asesinado durante un motín de presos en el sitio de reclusión (https://www.aporrea.org/ddhh/n339625.html).

Este sistema laboral madurista es evidente que no tiene ningún futuro. Muy pocos trabajadores aceptan laboral en los términos que impone el madurismo. Trabaja y no protestes, o te caigo a batazos. Como le hicieron a Alí Dominguez, y como le han hecho en términos administrativos a destacadísimos intelectuales como Esteban Emilio Mosonyi, despedido primero de su cargo de Rector de la Universidad Indígena, y recientemente botado también de su cargo en el Ministerio de Educación.

Nadie se cala este barbarismo del siglo XXI. El gobierno pretende traer asesores chinos, rusos e iraníes para abordar la crisis eléctrica, y también para las empresas básicas y para PDVSA. Esos asesores cobrarán seguramente miles de dólares mensuales, mientras a los ingenieros y técnicos venezolanos les pagan salarios que ni se acercan a los 50 dólares mensuales. Es lógico que lo que está en proceso es una desbandada general de la mano de obra venezolana, buscando emigrar a cualquier país del continente en donde seguro ganarán 10,20 y más veces el salario miserable que aquí perciben.

El supuesto plan económico de Maduro para recuperar la economía, aparte que es totalmente neoliberal, rentista, extractivista y antinacional, es a la vez profundamente anti obrero. El autoproclamado presidente "obrero" es quien impone un moderno sistema de esclavitud asalariada del siglo XXI.

Este modelo no tiene ningún futuro, salvo el del más rotundo fracaso, como viene ocurriendo con la progresiva profundización de la crisis eléctrica y el declive pronunciado de la producción petrolera, para mencionar dos de los principales escenarios de colapso del régimen madurista.

Ante esta nueva esclavitud del siglo XXI, a la clase trabajadora venezolana sólo le queda el camino de la rebelión, pacífica, luchando por hacer valer nuestros derechos constitucionales. Ni doblegarse mansamente bajo la vil consigna "leales siempre, traidores nunca", ni emigrar a otras tierras para ser explotados por otras burguesías menos voraces que estos neoadecos boliburgueses. Luchar, luchar hasta vencer, como lo hicieron Simón Bolívar, Ezequiel Zamora, Pío Tamayo, Argimiro Gabaldón, Américo Silva y tantos otros héroes de la lucha popular revolucionaria en Venezuela.

A los 200 años de la gloriosa Batalla de Boyacá, primera gran victoria militar del genio de América sobre el Imperio Español, la clase obrera venezolana debe organizarse, movilizarse y luchar para derrotar al bárbaro sistema explotador impuesto por el madurismo.

Maracaibo. Tierra del Sol Amada. 21 de marzo de 2019.



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Roberto López Sánchez

Roberto López Sánchez (Caracas, 1958). Historiador. Profesor Titular de la Universidad del Zulia (1994-2019). Magister en Historia de Venezuela y Doctor en Ciencias Políticas. Luchador social, activista del movimiento estudiantil y profesoral, vinculado al trabajo obrero, campesino, ambientalista, indígena y cultural desde 1977. Participante de la lucha armada revolucionaria (1977-1988); miembro del Frente Guerrillero Américo Silva. Sometido a persecución política y juicio militar en 1982. Actividad revolucionaria clandestina durante 1982-1988. Fundador de la Unión Nacional de Trabajadores-Zulia y miembro de su comité ejecutivo (2004-2012). Integra el consejo consultivo de la Federación Bolivariana Socialista de Trabajadores del Zulia (organismo que sólo ha sido convocado en una oportunidad en cinco años). Ha sido director de las Divisiones de Extensión y de Formación General; Secretario Docente de EUS; Coordinador de la Unidad Académica de Antropología, del Diplomado en Consejos Comunales (cinco cohortes graduadas) y el Diplomado en Formación Sindical con (cinco cohortes graduadas) en la Facultad Experimental de Ciencias (FEC). También ha coordinado la Zona Zulia-Falcón del Ministerio del Trabajo (2004). Ha publicado: El movimiento de trabajadores en Venezuela durante la revolución bolivariana: 1999-2012 (2017); Movimiento estudiantil y proceso político venezolano (2007); El protagonismo popular en la historia de Venezuela (2008-2015); Los Consejos Comunales y el Socialismo del Siglo XXI (2009); y Venezuela ante la globalización, la crisis mundial y los retos de su desarrollo (2012), además de 5 capítulos de libros científicos, 45 artículos científicos y 50 ponencias en eventos nacionales e internacionales. Es miembro del Programa de Estímulo a la Investigación (PEII), nivel C. Egresó en pregrado con 19,41 puntos de promedio (LUZ, 1994). Ha dirigido 10 proyectos de investigación en la FEC-LUZ. Actualmente dicta semestralmente las materias de Historia de Venezuela, Historia de América, Intercambios económicos y simbólicos, y Poder y Movimientos Sociales, en la Licenciatura en Antropología de LUZ. Ha dictado los seminarios Lucha de clases en el siglo XXI. Movimientos sociales y formas de participación política; y El análisis marxista y la sociedad global del siglo XXI, en el programa de Doctorado en Ciencias para el Desarrollo Estratégico de la Universidad Bolivariana de Venezuela, en Maracaibo. En la División de Extensión de la FEC desarrolla anualmente seminarios sobre: Crisis política en Venezuela; Marxismo y Antropología; Movimientos Estudiantiles en Venezuela; Movimiento de Trabajadores en la Venezuela Contemporánea; Crisis Económica Mundial y su repercusión en la economía venezolana; Movimientos Sociales y Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela (dictado también en el Centro Internacional Miranda -CIM- y en Fundacite-Mérida en 2016); y el seminario La Lucha Armada en el Oriente de Venezuela: 1965-1990, en el CIM (2017). Es coinvestigador en el Proyecto: “Historia de los frentes guerrilleros Antonio José de Sucre y Américo Silva: 1966-1990”, Centro Nacional de Historia (2016-2017). Investigador principal en el proyecto “Identidades en el estudiantado de la Universidad del Zulia” y del programa de investigación “Universidad del Zulia: comunidad, organizaciones e identidades” (2017-2019).

 @cruzcarrillo09

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