¿Defenderán la patria los vendepatria?

Cuando tuve oportunidad de estudiar historia en términos académicos, luego de 11 años de militancia en una organización alzada en armas, me llamaron la atención los detalles de la "defensa de la patria" que realizó Cipriano Castro con motivo del bloqueo al que fue sometida la nación en 1902 por las potencias europeas con el fin de cobrar por la fuerza una deuda externa que el mismo Castro había declarado en moratoria unilateral unos años antes.

Hoy sigo pensando que Cipriano Castro de una u otra forma practicó un nacionalismo que estuvo bastante ausente en los gobiernos posteriores a la guerra de independencia. Pero lo resaltante de su famosa proclama contra el bloqueo ("la planta insolente del extranjero…") y de haber apresado a los ingleses y alemanes que vivían en Caracas y colocarlos en el camino que unía a La Guaira con Caracas (para evitar que las tropas inglesas que habían ocupado el puerto de La Guaira subieran a la capital), se diluyó bastante cuando me enteré, leyendo un libro muy importante sobre ese hecho de Manuel Rodríguez Campos ("Venezuela 1902: la crisis fiscal y el bloqueo"), que el representante por Venezuela en las negociaciones que pusieron fin al bloqueo había sido el embajador de Estados Unidos en Caracas, Hebert Bowen, que todos los documentos oficiales de los acuerdos entre Venezuela y las potencias acreedoras, principalmente Inglaterra y Alemania, fueron escritos en inglés (sin traducción oficial), y que Venezuela se comprometió en esos acuerdos a cancelar una deuda externa bastante mayor a la que realmente se mantenía con esos países.

En otras palabras, el nacionalismo verbal y pantallero de Castro se diluyó en las negociaciones que evitaron, aparentemente, que las mencionadas potencias europeas establecieran una cabeza de playa recolonizadora en suelo venezolano (los gringos intervinieron no por "solidaridad", sino para defender su doctrina Monroe de valorar el espacio del continente americano como reservado para ellos solos como superpotencia). El representante venezolano fue, nada más y nada menos, que el embajador yanqui. Ni siquiera se tomó la molestia de redactar los acuerdos en nuestro idioma. Y para remate acordó pagar más de lo que debíamos (probablemente con una jugosa comisión de por medio).

Resulta entonces que el libro de Rodríguez Campos me derrumbó la imagen nacionalista que tenía con respecto a Cipriano Castro. Eso fue hace 30 años. Luego vino Chávez, quien parece que nunca leyó el citado libro, y volvió a colocar a Castro en el panteón de los héroes de la patria. Y así estamos, cuando nuevamente Venezuela se enfrenta a una amenaza real de potencias occidentales que, igual que hace 117 años, se proponen el control privilegiado de nuestros considerables recursos naturales.

Quienes gobiernan hoy a Venezuela han dado fehacientes muestras de su sometimiento general al capitalismo global, ya sea occidental u oriental. Así como han dado evidencias de su condición antipatria al permitir un enorme desfalco a los dineros públicos que según cifras de investigaciones serias publicadas en esta página de aporrea, alcanza los 500 mil millones de dólares. Son unos cuantos los personajes que ocuparon altos cargos en el gobierno venezolano y que hoy están detenidos o investigados en el extranjero por movilizar miles de millones de dólares de manera ilegal (como Alejandro Andrade, Claudia Díaz, Rafael Isea, Raúl Gorrín, Diego Salazar y muchos otros).

El gobierno de Nicolás Maduro no ha realizado ninguna investigación sobre dicho desfalco, más allá de los pantalleos mediáticos del fiscal cada vez que es detenido en el extranjero algún alto funcionario. Así ocurrió cuando fue detenida en 2018 en España Claudia Patricia Díaz Guillén, ex-tesorera de la nación, sobre la cual habían circulado denuncias desde 2014 referidas a la millonada de dólares que se habría llevado y que le permitía un lujoso nivel de vida en República Dominicana. Todas esas denuncias fueron totalmente obviadas, y sólo cuando la detuvieron en España fue que vino el fiscal a inventar un supuesto "código rojo" sobre la citada funcionaria. No obstante, luego de haber anunciado ese código rojo, nada se ha sabido sobre si realmente está en curso una investigación judicial sobre el desfalco cometida por Díaz Guillén.

Igual sucedió con Alejandro Andrade, quien fuera también tesorero de la nación. Ignoradas todas las denuncias sobre su deserción desde 2013 a territorio de los Estados Unidos y su escandalosa forma de vida que mantenía en la Florida, sólo se sintieron aludidas las instituciones venezolanas cuando Andrade fue apresado y enjuiciado en 2018 en ese país por la movilización ilegal de miles de millones de dólares, en asociación con otro personaje, dueño de Globovisión, Raúl Gorrín, quien está libre en Venezuela, y que sepamos no existe sobre él ningún procedimiento judicial sobre las gravísimas acusaciones que se le han hecho en los tribunales estadounidenses. Nuevamente el fiscal salió a decir que sobre Andrade existía en supuesto requerimiento a interpol (que nadie conocía con anterioridad a su detención por los gringos); pero nada dice el fiscal sobre Gorrín. Silencio absoluto. Hasta que Gorrín sea apresado en el extranjero (si se le ocurre salir) y entonces nos volverán con la coba de que ya existe contra él una supuesta investigación y requerimiento a interpol.

Sobre el entreguismo ante las multinacionales ya hemos hablado de eso en escritos anteriores, y aquí en aporrea se han realizado denuncias gravísimas con relación a lo perjudicial para la nación de los contratos firmados por Maduro para explotar el Arco Minero y las nuevas concesiones petroleras en varios puntos del país.

En resumen, una elite madurista que se puede calificar con toda propiedad como de traidores a la patria, enfrentada hoy al otro polo que representa un pasado reciente de lo mismo. Otros traidores a la patria que se estrenaron en 1959 y duraron en el poder hasta 1999. De los cuales Guaido es fiel representante.

Juan Guaido como traidor a la patria ha ido mucho más lejos que sus padres políticos. En nuestra historia son pocos los políticos que han pedido abiertamente la invasión de nuestro territorio por parte de los Estados Unidos. Uno de ellos, Fermín Toro en 1848 (mencionado en el libro de Rafael Cartay: "Historia Económica de Venezuela", p.297). En el siglo XX probablemente los hubo, pero no estoy en conocimiento de ello.

Hoy, a 17 de febrero de 2019, Venezuela se encuentra ante la amenaza real de intervención militar por parte de los Estados Unidos. Aunque las intervenciones militares gringas en el mundo fueron rediseñadas a partir de la gran cantidad de pérdidas humanas que sufrió el ejército estadounidense en Afganistán (2001) y en Irak (2003), y a partir de las intervenciones en Libia y Siria (2011), los yanquis no han usado fuerzas militares propias sino que han recurrido a ejércitos mercenarios como el Estado Islámico o ISIS en Siria, y las milicias de Al Qaeda en Libia. Sin embargo, el loco Trump puede modificar esa estrategia y desembarcar sus marines en suelo patrio, en un nuevo acto criminal que marcaría un hito en la historia del continente. Pero sea con fuerzas propias, con ejercito mercenario o con bombardeos sobre Miraflores, los gringos parecen estar amenazando en serio y vienen actuando como las potencias coloniales europeas de los siglos XV al XIX, que se repartieron el mundo a punta de cañonazos y desataron sangrientos genocidios y etnocidios contra las sociedades no occidentales del resto de continentes.

El problema está en que el pueblo venezolano se encuentra hoy polarizado entre dos fanatismos antipatriotas. Ninguno de los bandos garantiza la defensa de los derechos fundamentales de la nación venezolana. Hoy Venezuela es territorio de disputa geopolítica entre las decadentes potencias occidentales encabezadas por los Estados Unidos (decadentes pero no derrotadas, pues siguen siendo la principal potencia militar del orbe) y las emergentes potencias orientales de las cuales China lidera ampliamente. Todas estas potencias se interesan por Venezuela por nuestras grandes riquezas petroleras y mineras. Si fuéramos Haití, ni los Chinos, ni los Rusos se pronunciaran como lo han hecho con Venezuela. De hecho, la brutal represión que actualmente desata el régimen proyanqui de Haití contra su pueblo en rebelión desde hace semanas, no ha encontrado de parte de China, Rusia, Turquía o Irán, declaración de ningún tipo ni interés alguno. Haití no tiene petróleo, ni hierro, ni oro, ni carbón, ni aluminio, ni coltán, por lo menos no lo tiene en las inmensas cantidades en que dichos recursos naturales se encuentran en nuestro suelo patrio.

Volviendo a la pregunta con que titulo este artículo, pensamos que será difícil que una elite vendepatria como la madurista (alto gobierno civil y militar) salga en defensa de la nación, si llegasen a estallar agresiones militares reales y efectivas. Una fuerza militar que se mantiene "leal" gracias a los enormes beneficios económicos que Maduro les ha otorgado a los altos oficiales, entregándoles el control de casi todas las empresas del estado, de los ministerios de la economía, y dándoles privilegios centrales en el otorgamiento de viviendas, vehículos, electrodomésticos, alimentos y medicinas. Esa "lealtad" que se mantiene a base de prebendas y privilegios difícilmente se vaya a expresar como defensa de los intereses nacionales si llega a estallar una guerra.

Además, la única guerra que apoyaríamos en este caso es una guerra revolucionaria del pueblo contra los ejércitos del capital mundial. No nos queda claro cómo se puede ubicar a las actuales FANB como fuerzas revolucionarias del pueblo, cuando no representan ningún elemento programático de una verdadera revolución. Una sociedad donde no hay democracia ni en las universidades. Donde los niveles de explotación del trabajo asalariado por el capital superan ampliamente al capitalismo imperante en todo el continente americano. Donde no existe ninguna "conquista revolucionaria" que quede en pie y merezca ser defendida.

La única opción es desatar una guerra revolucionaria con nuevos mandos civiles y militares, que enfrente y derrote la agresión imperialista, y a la vez desplace del poder a la actual elite corrupta madurista. Porque de lo contrario, para el pueblo trabajador siempre estará presente la consigna decimonónica: "proletarios del mundo, uníos", que traducido a los conflictos bélicos implica que los trabajadores jamás deben apoyar una guerra entre burguesías, así sea nuestra propia burguesía "nacional" que se enfrenta a otras burguesías extranjeras (como hicieron los Bolcheviques rusos en 1914, rechazando la guerra imperialista y promoviendo en cambio la revolución proletaria).

Las guerras son declaradas por la disputa entre burguesías enfrentadas, y quienes mueren son los trabajadores oprimidos por una u otra de esas burguesías. Nada gana el pueblo trabajador cuando las burguesías que se disputan el control geopolítico mundial generan guerras (locales o mundiales) para obtener una mayor cuota de control sobre los recursos económicos de determinados territorios.

Los trabajadores no tienen patria, y defender a la burguesía que los explota no forma parte del programa de una revolución. Repito, la única forma de respaldar una guerra en defensa de la patria es aniquilando simultáneamente el poder de quienes se han convertido en una nueva boliburguesía neoadeca. Ese debe ser el principal punto programático para actuar al momento en que se desate, si llega a desatarse, la agresión de los Estados Unidos contra la patria venezolana.

NI BUROCRACIA NEOADECA NI BURGUESÍA TRADICIONAL

NI IMPERIALISMO YANQUI NI CAPITALISMOS EMERGENTES ORIENTALES

GUERRA POPULAR REVOLUCIONARIA CONTRA TODO TIPO DE EXPLOTACION Y ENTREGUISMO

A LA AGRESIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS Y SUS ALIADOS HAY QUE RESPONDER CON LA GUERRA REVOLUCIONARIA POR EL PODER REAL DE LOS TRABAJADORES Y TODO EL PUEBLO



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Roberto López Sánchez

Roberto López Sánchez (Caracas, 1958). Historiador. Profesor Titular de la Universidad del Zulia (1994-2019). Magister en Historia de Venezuela y Doctor en Ciencias Políticas. Luchador social, activista del movimiento estudiantil y profesoral, vinculado al trabajo obrero, campesino, ambientalista, indígena y cultural desde 1977. Participante de la lucha armada revolucionaria (1977-1988); miembro del Frente Guerrillero Américo Silva. Sometido a persecución política y juicio militar en 1982. Actividad revolucionaria clandestina durante 1982-1988. Fundador de la Unión Nacional de Trabajadores-Zulia y miembro de su comité ejecutivo (2004-2012). Integra el consejo consultivo de la Federación Bolivariana Socialista de Trabajadores del Zulia (organismo que sólo ha sido convocado en una oportunidad en cinco años). Ha sido director de las Divisiones de Extensión y de Formación General; Secretario Docente de EUS; Coordinador de la Unidad Académica de Antropología, del Diplomado en Consejos Comunales (cinco cohortes graduadas) y el Diplomado en Formación Sindical con (cinco cohortes graduadas) en la Facultad Experimental de Ciencias (FEC). También ha coordinado la Zona Zulia-Falcón del Ministerio del Trabajo (2004). Ha publicado: El movimiento de trabajadores en Venezuela durante la revolución bolivariana: 1999-2012 (2017); Movimiento estudiantil y proceso político venezolano (2007); El protagonismo popular en la historia de Venezuela (2008-2015); Los Consejos Comunales y el Socialismo del Siglo XXI (2009); y Venezuela ante la globalización, la crisis mundial y los retos de su desarrollo (2012), además de 5 capítulos de libros científicos, 45 artículos científicos y 50 ponencias en eventos nacionales e internacionales. Es miembro del Programa de Estímulo a la Investigación (PEII), nivel C. Egresó en pregrado con 19,41 puntos de promedio (LUZ, 1994). Ha dirigido 10 proyectos de investigación en la FEC-LUZ. Actualmente dicta semestralmente las materias de Historia de Venezuela, Historia de América, Intercambios económicos y simbólicos, y Poder y Movimientos Sociales, en la Licenciatura en Antropología de LUZ. Ha dictado los seminarios Lucha de clases en el siglo XXI. Movimientos sociales y formas de participación política; y El análisis marxista y la sociedad global del siglo XXI, en el programa de Doctorado en Ciencias para el Desarrollo Estratégico de la Universidad Bolivariana de Venezuela, en Maracaibo. En la División de Extensión de la FEC desarrolla anualmente seminarios sobre: Crisis política en Venezuela; Marxismo y Antropología; Movimientos Estudiantiles en Venezuela; Movimiento de Trabajadores en la Venezuela Contemporánea; Crisis Económica Mundial y su repercusión en la economía venezolana; Movimientos Sociales y Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela (dictado también en el Centro Internacional Miranda -CIM- y en Fundacite-Mérida en 2016); y el seminario La Lucha Armada en el Oriente de Venezuela: 1965-1990, en el CIM (2017). Es coinvestigador en el Proyecto: “Historia de los frentes guerrilleros Antonio José de Sucre y Américo Silva: 1966-1990”, Centro Nacional de Historia (2016-2017). Investigador principal en el proyecto “Identidades en el estudiantado de la Universidad del Zulia” y del programa de investigación “Universidad del Zulia: comunidad, organizaciones e identidades” (2017-2019).

 @cruzcarrillo09

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