De Imperialismo, críticos, incondicionales, locos y la otra resistencia

Hablemos entre nosotros. Lo digo porque tanto los trabajadores del pensamiento críticos como los intelectuales incondicionales que nos critican, no somos leídos sino por una minoría, la mayoría de los venezolanos ni se enteran, preocupados por sus angustias del día a día. Para consolarnos: tampoco ven VTV, ni escuchan Unión Radio, ni participan de las redes digitales (mal llamadas "sociales") Al grano.

Creo que los trabajadores del pensamiento críticos somos la Otra Resistencia, yo diría que la ultra resistencia (los radicales, en los años duros, cuando la Revolución era oposición, éramos llamados "ultras" por los reformistas, tan abundantes, orondos y poderosos hoy, en los predios del "progresismo": que lo disfruten, como bien lo hacen) ¿Por qué? Porque no solo resistimos contra el imperialismo, nuestro máximo enemigo, sino también contra el burocratismo y el conservadurismo, que se defienden como gata panza arriba, y contra la corrupción, que anda sigilosa por allí, minando la Revolución, amparada en los refugios del poder, como ha sido ampliamente demostrado, en PDVSA, por ejemplo.

Los intelectuales incondicionales son alérgicos a la crítica, plantean que eso es cosa de gente débil en su conciencia revolucionaria, que no entendemos que la Revolución está bajo acoso, sabotaje, guerra económica, guerra sicológica. Que nos quedemos calladitos porque la crítica hace daño a la Revolución. Algunos nos tratan como si fuéramos fichas del enemigo, especie de traidores. Por supuesto, no podrán silenciarnos, es bueno que lo sepan de una vez: los trabajadores del pensamiento críticos no nos vamos a callar, y menos alguien como yo, que me he definido públicamente como deslenguado, desaforado y desadaptado. Hasta tengo la suerte de que el mismísimo presidente Maduro afirmó en cadena nacional que soy un loco, lo cual me da patente de corso para decir lo que me venga en gana. No creo que el siquiatra Jorge Rodríguez vaya a desmentir este acertado diagnóstico del Presidente, que es el Comandante en Jefe: loco me dijo, loco me quedé.

Lo que pasa es que los intelectuales incondicionales creen que los críticos estamos arrechos. Yo pienso que no, acaso estamos preocupados. Arrechos están muchos en la calle que ni saben que nosotros existimos, porque la cosa está dura y como dijo la valiente Llanfrancis, los aguinaldos no alcanzan para nada (a mí eso no me arrecha, porque la Navidad me importa muy poco, no soy cristiano y sé que Chuíto no nació el 25 de diciembre, como ha impuesto la convención, entre tantas de este mundo tan convencional).

Yo estoy preocupado, es verdad. En los más recientes estudios de gente seria, los "no alineados", también llamados "ni-ni" rondan el 50%, o sea que casi son mayoría, si es que no lo son ya ¿"No alineados"? ¡Yo te aviso! Esos son opositores, opositores a todo, el propio caldo de cultivo de un Bolsonaro. Claro, yo, que como ha quedado dicho soy un desaforado, desadaptado y loco, jamás entregaría el Gobierno, no por elecciones ni por ninguna otra vía. Haría trampa, inventaría un conflicto, decretaría un estado de emergencia, impediría las elecciones al menor atisbo de que puedan ganar los colaboradores del imperialismo. Los mandaría largo al carajo con su "democracia", me pondría candela y generaría un zafarrancho de marca mayor. Al fin y al cabo, la derecha siempre hace trampa, es su método.

Ahora bien ¿por qué la oposición es mayoría (la suma de los opositores abiertos y los "no alineados"), si la Revolución es tan chévere? ¡Porque no es tan chévere así, mi camarada! Porque tiene muchas manchas, evidentes lacras, sus mentirillas, sus aprovechadores, sus ladrones, sus faranduleros, sus exhibicionistas, sus burócratas gordos y ahítos de soberbia y de poder. Hasta algunos militares, guardias y policías bachaqueando, martillando a los cocuyeros en los caminos, traficando con los alimentos, contrabandeando. Ahora, ese no es tanto el problema. El problema real es que se deja hacer. Es verdad que hay operativos, decomisos, revisiones. Pero, en general, reina la anarquía social, la Ley de la Selva, el pueblo piensa que hay falta de Gobierno, falta de autoridad, falta de control ¿Será que tiene razón? Voy a robarme una muletilla de mi pana Hernández Montoya: es por una duda que tengo.

Yo no ando en onda apocalíptica, ni creo que todos los reclamos son razonables. Pero en esta vaina no están todos los que son ni son todos los que están. Yo no aplaudo a cualquiera que ande con una camisa roja y pegue cuatro gritos. Pienso, sí, que todos somos iguales, pero que hay unos más iguales que otros. Mao lo llamaba "contradicciones en el seno del pueblo".

Para tranquilidad de quienes insisten en coartar mi desenfreno, les aseguro que soy absolutamente sincero cuando digo que no estoy seguro de nada de lo que digo, que solo tengo dos fanatismos: la duda y lo que creo que es la realidad. No tengo verdades, sino opiniones. Y además, soy un insignificante mortal, no poseo nada más allá de mi lengua y de mi pluma. Yo solito no soy un peligro para nadie ¿O será que no estoy tan solito? ¡Vaya usted a saber!

 

 



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Néstor Francia


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