Plagas culturales: Aprendices de brujos

1
Para resistir al acoso de compañeritos abusivos y profesores
pedantes, en un estirado internado británico tres niños se hacen
amigos. El más débil, con grandes espejuelos de miope, desarrolla un
hechizo para devolver golpes a los agresores: el stalking, la astucia
del cazador al acecho. Su magia lo hará mundialmente célebre y lo
llevará a ganar el galardón máximo entre esos redactores de fórmulas
mágicas llamados escritores. No es una película, sino la infancia real
del premio Nobel Rudyard Kipling, que narrará en su autobiografía
Something about myself y en su novela Stalky & Company, sobre la cual
se filmará una serie televisiva británica homónima de difusión global.


2
Siempre he sostenido que un bestseller es una obra maestra degradada.
Dicho lo anterior, comprenderá el lector que las interminables
peripecias de tres internos de un estirado internado británico
conducidos por un astuto hechicerito con grandes espejuelos son pura
coincidencia con la autobiografía de Kipling. Para acentuar la
casualidad, añadamos que el protagonista de esta seguidilla
cinematográfica, Daniel Radcliffe, también hace en la película My boy
Jack el papel del miope hijo adolescente de Rudyard Kipling, que muere
en combate en la Segunda Guerra Mundial. El escritor tenía el
desagradable don de inspirar imitaciones provechosas. Su personaje
Mowgli, un niño criado por lobos que se hace amigo de las más
poderosas fieras de la jungla, fue provechosamente revendido por Edgar
Rice Burroughs como el ululante Tarzán de los Monos. El oso Baloo,
otro personaje amigo de Mowgli, fue confiscado por Walt Disney para
una serie de dibujos animados. Su magistral relato El ojo de Alá,
sobre una disputa teológica entre monjes copistas medievales, tuvo un
apenas audible eco en El nombre de la Rosa, del que ustedes saben. Ten
paciencia con tus imitadores, recomendaba Kipling en Something about
myself.

3
¿En qué diverge la epidemia de películas con brujitos de las cintas
clásicas de rebelión contra educadores opresivos, como Zero en
conduite de Jean Vigo, Pink Floyd The Wall, de Alan Parker, o
Elefante, de Gus Van Sant? En que en los exclusivos colegios para
hechiceritos no hay rebelión en absoluto. Ni el mundo es malo, ni la
revolución se justifica. Quienes estudian en ellos son privilegiados.
Aspiran a suceder a sus padres, magos profesionales que cancelan
elevadas matrículas, o han dejado oportunas herencias para que sus
retoños adquieran esas varitas mágicas llamadas diplomas. La
competencia académica es dura, pero garantizará el puesto en alguna
milagrosa corporación. Puede haber algún profesor renegado, o un
amuleto extraviado, pero estos problemas, como los del mundo en
general, se solucionan agitando una varita mágica al compás de una
fórmula en latín macarrónico: "¡Copiatus Rudyard Kipling! ¡Repletatis
taquillas!"

4
En dos platos: Hogwarts es la universidad privada que concederá a los
aprendices de brujos varitas mágicas gerenciales para recuperar
provechosamente lo invertido en matrículas. La magia, como las
relaciones públicas, la publicidad o la finanza neoliberal, es la
ilusión de que un recetario de rituales otorgará todo a partir de
nada al sujeto deseante: el niño, el empleado, el elector o el
público del cine. Con hechicería se puede hacer todo, sin necesidad de
operar sobre el mundo real: visibilizar amenazas inexistentes,
atribuirle valor a papeles impresos llamados acciones, crear la
necesidad de consumir bienes inútiles, mentir que se puede contraer
deuda indefinidamente, aupar el espejismo de que una cifra vale algo
porque se la expresa informáticamente. El hechizo de Hogwarts, al
igual que el del capital financiero, ni alimenta bocas ni cura
enfermedades ni aloja desplazados. Hasta ahora, sólo vende películas.


PD: Decía Lenin que el terrorismo es el recurso de un movimiento
político que no ha podido relacionarse con las masas. El atentado
contra el Presidente Maduro revela que la oposición no tiene
ascendiente para calentar la calle, ni vínculos para sublevar al
ejército. Es el segundo intento de magnicidio que las autoridades
relacionan con las oligarquías de Colombia. Urge adoptar políticas
defensivas con relación a los vecinos.



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Luis Britto García

Escritor, historiador, ensayista y dramaturgo. http://luisbrittogarcia.blogspot.com

 brittoluis@gmail.com

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