Movilicemos a los pueblos del mundo para detener la guerra e imponer la paz


La voz demente de los gobernantes norteamericanos, desoyendo el clamor de su propio pueblo y de todos los pueblos del mundo que no están de acuerdo ni con la guerra ni con el ataque a Irak, ha decidido la agresión militar contra un pueblo prácticamente inerme, brutalmente cercado económicamente desde hace doce años, y ante una ONU doblegada, acobardada, que tiene como único gesto sacar del país árabe a los Inspectores y a las organizaciones humanitarias y no condenar la guerra del presidente Bush.

Nunca antes en por lo menos los últimos 100 años, los pueblos del mundo se habían expresado tan abierta y masivamente contra una guerra imperialista, como lo estamos viendo en este año 2003. Una enorme acumulación de fuerzas y energías humanas de los pueblos del mundo movilizados, que deben preservarse y potenciarse para enfrentar el guerrerismo de la oligarquía norteamericana, demente, que finalmente, desoyendo las voces sensatas, se lanzan a esta monstruosa aventura.

Si el presidente Bush utiliza la fuerza de las armas para masacrar y asesinar al pueblo iraquí, apoderarse por la fuerza del petróleo de esa nación, pretender destruir la OPEP, llevar el petróleo a precios viles, hay que continuar enfrentándolo porque no se puede aceptar ni admitir que se le imponga a la humanidad una policía universal.

Con el inicio de la guerra criminal contra Irak, la lucha de los pueblos del orbe entra en una nueva etapa. No es sentarse a contemplar cómo se destruye una nación y se diezma a un pueblo, tal y como ocurrió recientemente como Afganistán, con el pretexto de apresar a Bin Laden, hecho que nunca ocurrió, pero si le causaron enormes e irreversibles daños y destrozos a esa empobrecida nación y asesinaron a gente civil, mujeres, ancianos y niños sobre todo.

La guerra podemos imaginar cómo comenzará. De hecho las enorme movilización militar de efectivos y armamentos acantonados en colonias norteamericanas como Kuwait y Turquía, arrastrará a decenas de países al conflicto, comenzando por los países árabes. Pero ¿cómo terminará y en qué tiempo?

Es difícil saberlo por la enorme complejidad de problemas políticos que el conflicto bélico generará. Más aún el mundo está frente a un equipo político-militar con unas desmesuradas ambiciones de expansión y dominio imperial, que incluso se plantean la barbaridad de lanzar bombas atómicas en Irak o en cualquier otra parte que ellos estimen.

Sólo los pueblos movilizados y en lucha de calle pueden hacer retroceder la barbarie imperialista y las amenazas de una tercera guerra mundial. Ya las maniobras políticas, las presiones tibias de gobiernos acobardados y temerosos, no tienen cabida en esta cruel realidad. La ONU se ha desplomado, Koffy Anán es un objeto de decoración inservible y para lograr un equilibrio multipolar es imprescindible, en esta coyuntura, una gigantesca alianza anti bélica de todos aquellos sectores y países del mundo que se oponen a la guerra contra Irak.

Estamos ante un gobierno torpe, pero ensoberbecido, engreído que piensa que por su poder económico y militar el mundo se le debe doblegar e inclinar. Un falso nacionalismo y una inusitada manipulación política y mediática del pueblo norteamericano para justificar, en nombre de Dios y de un simplismo político rayano en la idiotez, una crueldad de tanta magnitud. En verdad el mundo está frente a un nuevo fascismo que pretende, al igual que Hitler y la Alemania nazi, conquistar al mundo por la fuerzas de las armas. Dos naciones imperialistas, los Estados Unidos del Norte, y la pérfida Albión, la Inglaterra opresora y colonialista de siempre, más un comodín infame que arrastra el pueblo español a la perdición, es la pírrica coalición que pudo alcanzar Bush.

¿Qué papel van a jugar naciones como Rusia, China, Francia, opuestas a la posibilidad de la guerra, en esta nueva etapa donde las bombas caen sobre Bagdad, Basora y otras ciudades iraquíes y en donde sus intereses petroleros serán afectados? ¿Se limitarán a la sola condena política formal o no entienden que la bofetada también es para ellos o buscarán un pretexto, cualquiera, para “neutralizarse” o, finalmente, apoyarán la guerra?

¿Se salvarán del juego siniestro Libia, Arabia Saudita, Irán que están en el ajedrez macabro de USA, como enemigos a los que hay que sacar del juego?

Pero la guerra trae otras guerras, otros movimientos políticos y militares que se darán en ese río revuelto que generará la agresión yanqui a Irak. La posición del gobierno de Turquía de apoyar la agresión, además de contar con el repudio total del pueblo turco, encuentra el problema del pueblo Kurdo –extendido al sur de Turquía y al norte de Irak, conocida como el kurdistán–. Un sector de los Kurdos participa en la guerra contra Sadam Hussein y aspira su propio país, incluido una secesión del sur de Turquía para organizar un estado Kurdo y van a ser reprimidos brutalmente por el gobierno turco. Por su parte, Irán, ancestral adversario de Irak, con el enfrentamiento religioso de shiitas y sunitas, buscarán, probablemente, un trozo del territorio iraquí.

Los norteamericanos que dirigen la nación del norte de América al parecer son muy torpes en política, sólo conocen de la fuerza bruta, el apabullamiento militar. Sus tácticas mediáticas para descalificar a sus adversarios, son burdas y poco creíbles, tratan de legitimar sus erradas conductas con una retórica seudo religiosa y simplista, y jamás de plantean buscar soluciones a su problemática petrolera internas por vías técnicas, políticas o comerciales; los mueve exclusivamente el afán imperialista, expansionista y de posesión territorial y comercial a través de la rapiña y el despojo como pudiera ocurrir en Irak, que pasaría a ser una virtual colonia norteamericana. Sólo la movilización contundente de los pueblos, en primer término del pueblo norteamericano, puede frenar la barbarie desatada por los altos mandos políticos y militares de esa nación. Movilizaciones multiplicadas como las producidas contra el neoliberalismo y la globalización en diferentes partes del mundo.

Para los pueblos latinoamericanos la situación es particularmente delicada. Las naciones petroleras como México, Venezuela, Ecuador están en la órbita de los intereses norteamericanos en lo que sería la post guerra petrolera. La estrategia es, además de apoderarse de los campos petroleros iraquíes, presionar la baja de los precios justos que tiene el petróleo actualmente, garantizarse el suministro permanente a bajos precios ante su imposibilidad de autoabastecerse y la dependencia creciente que tienen los Estados Unidos hacia ese producto energético. Buscan los gobernantes yanquis arrodillar a sus intereses a los países productores latinoamericanos, sobre todos los reunidos en la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), es decir, Venezuela.

El pueblo venezolano, bolivariano, debe repudiar esta guerra infame, condenarla, exigirle al gobierno norteamericano que no tiene derecho a agredir impunemente a un pueblo. El gobierno del presidente Chávez debe, igualmente, condenar esa barbarie, deslindarse, como lo hizo cuando la guerra contra Afganistán que denunció públicamente el asesinato de los niños afganos. Venezuela es, potencialmente, la nación más perjudicada por esa guerra. Con una guerra victoriosa se busca desbaratar la estrategia venezolana del año 2000 de fortalecer la OPEP que estaba de capa caída, de lograr el acuerdo de controlar la cuota de producción asignada a los países miembros para contrarrestar las maniobras de precios de los carteles petroleros transnacionales de las elevar los precios a una banda de precios justos ($ 21 a 28) y no los precios viles de $ 7 por barril.

Pero esos son los objetivos estratégicos, lo inmediato es el inicio de la guerra con sus bombardeos masivos y las miles de muertes por “error”. La destrucción de una cultura milenaria, la imposición de un nuevo modelo imperial que el mundo pensaba era cosa del pasado. Independientemente del poder bélico y destructivo norteamericano, esa no es una condición para augurar un triunfo inmediato. Ciertamente que Irak no tiene una enorme capacidad bélica, pero no es tan simple y sencilla su derrota como señala la administración de Bush, ese formidable pueblo va a dar la pelea y va a producirle miles de bajas a los invasores yanquis; y los pueblos del mundo vamos a darle apoyo y solidaridad a través de movilizaciones, denuncias y las múltiples formas de lucha que adopten los pueblos, porque todos estamos amenazados, no entenderlo sería pecar de ingenuos.

¡No a la guerra imperialista norteamericana contra Irak!

¡Paremos al mundo para condenar la guerra y al imperio yanqui!

¡Fuera los Estados Unidos de Irak y el Medio Oriente!

(20-03-03) caracola@cantv.net / www.trincherasdeideas.net



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Humberto Gómez García

Director de la revista Caracola. Pertenece al Movimiento de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC). revistacaracola.com.ve

 humbertocaracola@gmail.com      @hgcaracola

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