El colombiano "hombre de leyes" encumbrado por el Libertador, lo odiaba (VIII)

Francisco de Paula Santander en su cargo de Vicepresidente de la Gran Colombia lo controlaba todo, el Poder Judicial, el Legislativo, y más aún, el Ejecutivo. Con el dinero del Estado manipulaba la prensa de Bogotá y la utilizaba sin ninguna clase de escrúpulo para que arreciara la campaña de desprestigio contra el Libertador, aun después del atentado contra su vida la noche del 25 el septiembre de 1828, para el júbilo de sus enemigos. Los textos aparecidos en los periódicos atribulaban a Bolívar por sus denuestos e improperios contra él. Cuando en el mes de mayo de 1830 el Mariscal Sucre llega a Bogotá, procedente de Quito, para acompañar al Libertador y compartir su pena, éste ya había salido de viaje hacia Santa Marta. Poco tiempo después Sucre resuelve regresar a Quito, no sin antes enviar una carta, llena de afecto y devoción, de despedida, a su Comandante en Jefe el Libertador. La prensa bogotana decía que el bandido de Sucre llevaba un Ejército para asesinar al pueblo al Pasto, pero seguro que el valeroso General José María Obando correría a enfrentar al bandido y al final una coletilla que decía: "Pueda ser que Obando haga con Sucre lo que no hicimos con Bolívar" Y Sucre, que en su viaje de regreso a Quito que no llevaba mayor escolta, fue emboscado y asesinado el 4 de junio de ese año 30 a su paso por las montañas de Berruecos, Colombia. Los autores intelectuales del magnicidio, José María Obando y José Hilario López, siguiendo las órdenes dejadas por el Generales Santander, y los homicidas materiales de Sucre: Juan Gregorio Sarria, José Erazo y Apolinar Morillo, fueron finalmente indultados por el autor intelectual mayor del atentado fatal, Santander, a través de una ley que hizo aprobar en el Congreso.

Para los bolivarianos el fusilamiento y el destierro, para los asesinos de Antonio José de Sucre el indulto, el perdón y el olvido, y además de esta acción de injusticia, más tarde Santander los condecora con la Cruz de Boyacá. Santander tenía su propia lista negra de los perseguidos por su perfidia. Santander ordena desintegrar el Ejército bolivariano y ordena borrar del escalafón militar a todos los oficiales leales al Libertador. Clemencia para los malhechores, persecución y muerte, sin apelación, para los fieles a la memoria de Bolívar. Santander trasmite a la posteridad el terror frío de la legalidad, pues jura y perjura no tenía nada que ver con la muerte de los bolivarianos Sardá, Mariano París, Lino de Pombo, Manuel Anguiano y Pepe Serna, pero jamás se ocupó del castigo ejemplar de aquellos asesinos. Santander en momentos de crisis no abría la boca para llamar a la unidad, a la cordura, a la salvación de la Gran Colombia. Todavía hoy la gente se pregunta ¿De dónde le vendría a Santander tanto odio para con Bolívar? ¿Cómo es posible que los gobernantes colombianos, que saben que Colombia existe libre debido a la espada y tenacidad de Simón Bolívar, adoren a Santander? La envidia de Santander era tal que en verdad aborrecía, sin una razón válida, el proyecto social de redención de los pobres que era esencial para Bolívar, pero además, jamás aceptó que el Mariscal Antonio José de Sucre, fuera exaltado por el Libertador en su presencia; lo odiaba desenfrenadamente. La traición de Santander a Bolívar no tuvo la más mínima justificación, puesto que Bolívar le dedicaba su admiración por ser un connotado hombre de leyes, que aparentaba ser recto y justo, y por ello Bolívar lo honraba en donde quiera él estuviere. Muy diferente la traición del General José Antonio Páez al Libertador Simón Bolívar, no digamos estuviere totalmente justificada, pero si se debió por temer por su vida si el General Santander llegará a ser Presidente electo de la Gran Colombia, y Venezuela siguiera subordinada a su mandato. Páez sabiendo el odio que Santander tenía a los venezolanos, demostrado fehacientemente cuando mando fusilar al Coronel Leonardo Infante el 25 de marzo de 1825 estando aun Bolívar en la cúspide de su gloria, Páez avizoraba un verdadero calvario para él y para Venezuela al faltar la dirección y el mando en el gobierno de la Gran Colombia de Simón Bolívar; lo que en realidad sucedió en poco tiempo.

Es una traición de lesa patria al venezolano se le pretenda obligar a tolerar el que algunos intelectuales vinculados a la historia, sigan tratando de desunir al pueblo venezolano del colombiano, no, no se puede aceptar, puesto que el pueblo colombiano tiene una manera muy diferente de pensar de la rancia oligarquía que desde tiempo de Santander secuestraron el Poder y, a través de él, no permite el pueblo de ese país se gobierne a sí mismo y así ponga en evidencia la dignidad de la que es consecuente devoto. La oligarquía colombiana, como la dominante en Latinoamérica, es tan ruin, que ha entregado subrepticiamente a los gringos el decidir lo que debe hacerse o no hacerse en el territorio colombiano; y también con su gente. El pueblo latinoamericano quiere y necesita la verdad histórica sobre lo sucedido con Simón Bolívar, el Padre de nuestras Repúblicas, por lo que tiene que reescribirse la historia, clave de una segunda y definitiva independencia, que abrirá el camino cierto para la instauración en este hemisferio de una Gran Nación de Repúblicas, como lo soñara el Libertador.

Estimado lector, humildemente le solicito relea, más bien, estudie lo tratado en estos 8 escritos dedicados a nuestro Libertador Simón Bolívar. Piense que se necesita conocer la verdad de lo que sucedió con la gesta política del hombre, laico, más extraordinario que ha tenido la humanidad. Por eso un saludo muy grande y un grito a todo pulmón: ¡VIVA VENEZUELA!



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José M. Ameliach N.


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