Comentarios de un idiota: Maduro debería mirarse en el espejo de Freddy García. ¡Cambien ese pitcher!

El carabobeño Freddy García, empezó a jugar en el beisbol norteamericano desde 1993, desde allá aquí han pasado muchos soles. Millones de pelotas han abordado las gradas de lo zona buena y la de faul, incontables han sido los lanzamientos hacia el plato. Unas cuantas temporadas lanzó con prodigio en las grandes ligas. Tanto que, según quienes manejan estadísticas en esa área, informan que obtuvo ciento cincuenta triunfos, la cifra más alta de lanzador venezolano alguno.

Como unos cuantos, fui de esos tipos que no nació con cualidades de atleta, pero por mi educación y el bello mundo, pese la pobreza material, dentro del cual me crie, desarrollé una gran afición por muchos deportes, que como venezolano al fin, en buena medida se inclina preferentemente hacia el futbol y "la pelota", como llamamos los venezolanos al también de las cuatro esquinas o beisbol. Con los años, opté por ver esos deportes, por razones obvias, por televisión. Por mi experiencia personal, pienso que este medio y la posibilidad de ver las jugadas repetidas, uno desarrolló como un mayor sentido de apreciación del juego y sus detalles. Unas de las cosas que más me motivan al observar uno de esos partidos, es la tenaz lucha del lanzador con los bateadores y viceversa. Así aprendí, observando al mismo tiempo la pizarra, la lógica del lanzador y el receptor al administrar los lanzamientos como la de quien está en el orden al bate, la de saber seleccionar según las circunstancias del juego. Como también la calidad de los mismos, en cuanto al manejo de las rectas, combinando las velocidades según el espacio hacia donde se dirija y distintos tipos de curva o sacando el bate ante determinados o dejándoles pasar por una razón u otra. Por esta poca experiencia de quien desde los doce años no juega beisbol pero lo mira atentamente, puede decir lo que todo el mundo sabe, sobre todo por lo que dicen los números, Freddy García fue y sigue siendo un excelente lanzador.

Ya no es aquel carajito capaz de combinar su rico repertorio de curvas con una velocidad hasta de más de 95 millas, pero habiendo perdido parte de aquellas enormes cualidades por el inexorable tiempo, las suple casi con arte, la magia que da la experiencia y paciencia.

Reforzando a Caribes perdió el segundo juego en el cual enfrentó a Lara, pero Freddy lo dejó ganando después de haber hecho una excelente labor por siete entradas. Y esto en el beisbol moderno, no aquel romántico de lanzadores capaces de mantenerse en la lomita hasta más allá de diez entradas si fuese necesario, como los venezolanos José de la Trinidad "Carrao" Bracho, hijo del Zulia y Emilio "El Indio" Cueche, oriental de Barcelona, es una proeza. En el segundo juego de la final y que terminó siendo el último, pues en él Caribes liquidó a Cardenales, Freddy volvió a lanzar como sabe hacerlo, pese su brazo no sea el mismo de cuando brilló en las grandes ligas, por razones propias de la edad.

Ayer mismo, en tres o cuatro entradas, con un arranque agresivo de la ofensiva de Caribes, Freddy volvió a lanzar contra el equipo de República Dominicana, en muy buena forma. Pero esta vez, tempranamente, si mal no recuerdo, en lo que llaman en el argot beisbolero, en la parte de arriba o apertura del cuarto inning, nuestro lanzador fue castigado y casi le empatan el juego. Omar López, manager de Caribes, salió de la cueva y trajo un relevo. Freddy se fue sin poses ni rencor, consciente que había hecho el trabajo de contener el ataque de aquel equipo por lo menos tres entradas y dos tercios. Y se fue tranquilo porque admitió que era el momento oportuno de abandonar la lomita y entregar la responsabilidad a un nuevo lanzador. No hizo como los del viejo beisbol que formaban un berrinche en medio del "diamante", pese le estaban cayendo a palos porque colocaban por encima su orgullo.

Maduro debería aprender de esa actitud modesta y racional de Freddy García, que es la misma hoy de cualquier lanzador en esas circunstancias y en cualquier liga, aunque Freddy en ese deporte tiene unos pergaminos que Maduro no tiene en la política, tanto que el carabobeño llegó a brillar en grandes ligas por sus enormes cualidades y no porque algún gerente o dueño de equipo le puso donde estuvo por su cara bonita o un grupo de peloteros amigos suyos lo impuso.

En esta guerra económica que nos ha planteado el imperialismo gringo y los grupos empresariales nacionales, con el respaldo político opositor, a Maduro le han caído a palos hasta en la cédula o el cielo de la boca, pues decir por las costillas sería poca cosa. Hablando en el argot del beisbol, como lanzador no hay bola suya que traspase el umbral del plato porque se le devuelven a las gradas y como bateador no choca una, hasta las bombitas lo ponchan. Juego que viene quiere picharlo él y sus íntimos le apoyan, no porque le crean un Freddy García, un Carrao, Cueche o Johan Santana en sus buenos tiempos, sino que lo están "quechando".

¿Por qué sigue en la lomita?

Porque el equipo contrario, para suerte suya, pese pudiera tener lanzadores consistentes y ofensiva abundante, parecieran que jugaran enquerrillados y cada quien juega como le venga en

No hay quien a ese hombre le convenza que le están moliendo a palos y sus curvas no rompen cuando lanza y al bate no le un palo a nadie y se va hasta con lanzamientos por encima de su cabeza. A cualquiera del público que se le ocurra gritar como en los viejos tiempos "¡Cambien ese pitcher!", lo que muy natural sería y hasta saludable, los suyos, quienes le "quechan", vueltos rinocerontes, embisten contra aquel "agente del imperialismo y traidor a la patria".

Maduro debería aprender de Freddy García y hasta él mismo, viendo que sus curvas no rompen, su velocidad disminuye tanto que le ven las costuras de la bola y le batean a diestra y siniestra, tomar la decisión de irse al espacio donde calientan los relevos y aunque sea provisionalmente, entregarle la pelota al primero que se ponga a su alcance. No debe seguir empeñado en seguir, coger verraqueras como muchachito chiquito y menos incitar a los suyos que arremetan contra aquél que desde las gradas vuelve a gritar:

"Cambien ese pitcher!"

pelicanocibernetico@hotmail.com



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Armando Lafragua


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