Un buen baño

—Ah, paisano usted como que se bañó, porque viene con el pelo aún mojado. —Que bañarse así como manda Dios, le debo decir que no. Porque, paisano, aquí usted bien sabe que el agua llega cada dos días, y eso es en la noche. Además, aquello es un chorrito de nada, que para llenar un tobo eso cuesta su buen rato. Si a las nueve de la noche no ha llegado el agua olvídese de eso, y es hasta nuevo aviso.

Por otra parte, conseguir una pastilla de jabón es difícil. El otro día revisando una revista vieja que están por ahí, vi la publicidad del jabón «Camay» y del «Palmolive», tenía tiempo que no veía esas cosas. Me dio como nostalgia, pero no quise entristecerme. Que le dijo, jabón no hay ni liquido ni sólido ni gaseoso, de ningún tipo.

Pero a todas estas me comentaron que en el supermercado había jabón azul, y me dije ese es el bueno. Porque usted debe recordar, paisano, que el pobre se bañaba con jabón azul y aprovechaba con el mismo de lavar la ropa, multiuso como dicen ahora. Bien, me dije para mí, voy a comprar una panela de este jabón. Cuando llego al estante y veo que el jabón de pobre está a 75 mil, me regresé de inmediato.

Me vine pensando en aquello de baño de gallina, de tucusito o de vaquero. Opté por el intermedio, me eché encima un tobo de agua que quedaba. Y aquí me ve usted, remojado y más nada. —A todas estas, el paisano se lamentaba y se lamentó.

 

 




 



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Obed Delfín


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