Washington y Caracas, relaciones de amor y odio

Arthur Herman consideraba que Metternich, en su estructura analítica sobre la Política del Sacro Imperium Germano-Romano, en referencia al entorno de sus personales vivencias cotidianas, "…no era [esa estructura política] sino la supervivencia del símbolo de hechos políticos, sociales y religiosos…" (A.H. "Metternich". Crisol, N° 9, 1952, pág. 24). En sus reflexiones, según Herman, el futuro Canciller, Metternich, pensaría que "…desde hacía mucho tiempo no era [el referido Imperium] sino el fantasma de una quimera, y pronto había de desaparecer…lo que une a los alemanes…es algo más que espiritual, más intangible que cualquier unidad política…la memoria de las tradiciones comunes y la herencia cultural bastaban…" (Idem; negrillas nuestras).

Ello, en nuestras temporalidades, es, sencillamente, lo que se estaría denominando como "historia insurreccional" cuando la temporalidad, en su pasado, en su inconsciente colectivo y personal, irrumpe en el consciente presente-histórico, transformándose en ideología revolucionaria, rompiendo con paradigmas burgueses por pensamientos positivistas. Pero, al tiempo, enseña como la Historia es tremenda y profundamente revolucionaria, actual en sus impactos reales, por objetivos, en sus especificidades nacionales, como regionales, locales y personales, desarrollando una conciencia revolucionaria que se expresa, según esos tiempos por los cuales transitan las realidades, en la Política asumida como "pueblo revolucionario".

Es, sobre la base conceptual descrita, que don Simón Bolívar, en sus capacidades políticas e intelectuales, responsablemente, conjugó y conformó la teoría revolucionaria independentista conjuntamente con su praxis de guerra, ella convertida en Política de Estado de la futura República, en su praxis jurídico-nacional autóctona internacional, en respuesta a los groseros avances imperiales estadounidenses, en su paradigma significativo cual contenido en la "Doctrina Monroe", en sus realidades conceptuales, independiente de sus objetivas realidades temporales aprobatorias. Sería necesaria aquella respuesta por obligante para poder confrontarla con aquel futuro imperio, en sus primeras aspiraciones continentales, frente a sus objetivas debilidades temporales como aspirado imperio, en el marco de su futuro desarrollo geográfico, como, por ejemplo, la denominada como la "Conquista del Oeste", en su marco no solo necesario como también obligante en su Política de Estado estadounidense frente a las objetivas realidades de la geopolítica mundial de aquella época en pleno desarrollo de lo sistémico-capitalista, es decir, cuando nos referimos a los imperios europeos, como era, como referencia, la Gran Bretaña, aquella realidad escénica en desarrollo geo-continental-americano, cual obligaría a don Simón Bolívar a colocar en el centro del proceso independentista venezolano, la Política Exterior del futuro Estado venezolano en su propia realidad histórica tanto en su temporalidad histórico-independentista como doctrina geopolítica y geo-estratégica de Política Exterior, vista el futuro de una naciente República venezolana que impactaría, inevitablemente, el curso de su desarrollo histórico como República hasta el actual proceso revolucionario-bolivariano y chavista.

Pero la Geografía no perdona, es realista y objetiva, cruel y contradictoria, solo cuando la asumimos comenzamos con las lógicas contradicciones académicas; es decir, cuando a esa ciencia, la Geografía, le adicionamos, no como "muletilla" sino como paradigma, para su real comprensión [de la Geografía como ciencia natural], cuando nos estamos refiriendo a la necesaria incorporación de la Ciencia de la Historia; es, en ese real momento conceptual, cuando comenzamos a comprender el significado de lo que es la geopolítica histórica como referencia analítica de comprensión necesaria de procesos políticos e históricos.

En ese orden, la objetiva y demostrable realidad de la vecindad geo-histórica, por inevitable, cuando asumimos que ambos países, Venezuela y los EEUU de América, son países bañados en sus costas históricas, en toda su amplitud geo-limítrofes, por las contradictorias aguas tanto del Mar Caribe como del océano Atlántico.

Esa "hermandad asimétrica" se expresa también cuando asumimos las particularidades de nuestros pueblos originarios con sus objetivas diferencias con los pueblos de altas y frías cumbres continental-americanas, independiente de aquello estudiado por Lewis Morgan, asumiendo las objetivas diferencias con los pueblos originarios centroamericanos; al unísono que conocemos las realidades históricas con sus justificaciones de aquella bandera plantada en tierras de la península de la Florida; como cuando analizamos aquel intento imperial de avance por causa de la aspiración estadounidense sobre la región meridional venezolana, en plena competencia y confrontación temporal con el imperio británico, durante aquellos tiempos del proceso de independencia venezolana; cuando asumimos las realidad que se desarrollaron durante las temporalidades históricas que se ocurrieron durante todo el siglo XIX como en lo polémico-limítrofe en la Guayana para poder así irrumpir en los comienzos del siglo XX gracias al "oro negro" y el "asfalto", podemos entonces percibir y concluir, por conocimiento y reflexión, que aquella profecía de don Simón Bolívar, referida a "los males imperiales estadounidenses sobre nuestras realidades venezolanas", tuvieron sus propias dinámicas históricas como también por consecuencia del desarrollo de esas obligantes relaciones bilaterales, en sus propias temporalidades político-económicas, cuales se expresarían producto y consecuencia unas veces por debilidades, otras por desidia, y otras por entrega de lo "real venezolano" del estamento socio-político-venezolano hacia la geo-ideología norteamericana desarrollada tanto a través de la prensa como de visitas como la de aquel cuyo hijo desapareció, visita en curso durante el Gobierno del General Juan Vicente Gómez, como, en lo temporal-histórico, de traiciones e incomprensiones de políticos de la "generación del 28".

Las relaciones venezolano-estadounidenses, por demás, son atípicas, extrañas, contradictorias, confrontacionales, en ocasiones, sumisas, para una clase social que aún en nuestros días se desconoce, ella misma, como clase social venezolana aunque su comportamiento no es de temprana actualidad sino tiene sus propias trayectorias históricas. Es más profundo cuando la ideología estadounidense ha venido entrando y penetrando en los inconscientes tanto de las clases "especiales" venezolanas como en la alienación de las clases populares sin necesidad de utilizar métodos ideológicos que se utilizarían y se usan en las actuales circunstancias según cada país aspirado por el imperialismo norteamericano. Ello es de fundamental comprensión para el análisis objetivo.

Cabe la inquietud en el marco de las relaciones bilaterales venezolano-estadounidenses. ¿Necesitan los Estados Unidos de América de los ejércitos y gobiernos de Colombia, Brasil, Guyana y otros para poder controlar a Venezuela y su territorio? Absurdo de toda absurdidad!!!...

Pero dicha inquietud, en si misma, contiene otra pregunta. ¿Cuándo se presentaron similares escenarios en los procesos históricos en el marco referente de las relaciones bilaterales venezolano-estadounidenses situaciones obligantes para el imperio norteamericano para solicitar ayudas foráneas al poder militar estadounidense para subsumirse en paradigmas político-militares e ideológicos de seudo-dependencias innecesarias en el marco actual de sumisión de gobiernos referidos a los paradigmas imperiales del imperio norteamericano ante muestras de supuestas debilidades frente a sus competidores globales como son Rusia y China?

Y, una tercera reflexión. ¿Por qué los EEUU de América asumen dar un paso político-militar en contra de la República Bolivariana de Venezuela cuando es de prudente demostración que las relaciones bilaterales han sido de permanente consulta ante escenarios geopolítico-históricos e ideológico-globales en precedentes acuerdos fueran ellos, incluso, en tiempos de guerra?

Demostrable que los tiempos han cambiado, inevitable y asumible, para ambas naciones. Pero ¿qué ha cambiado?

Claro, algo ha debido cambiar. Podríamos poner el punto de inflexión en aquel diciembre de 1998 cuando un militar convertido en político alcanza el triunfo electoral, legalmente y en el marco del cuerpo de leyes para aquel entonces vigente, y se convierte en Presidente de la República de Venezuela. Aquella realidad además de tener varias lecturas, marcó un antes y un después en las relaciones bilaterales venezolano-estadounidenses.

Pero ¿Cuáles fueron los paradigmas que influyeron de forma negativa en esa relación desde entonces una relación asimétrica desde aquel referido diciembre del 98? ¿Qué tenía de particular las mentalidades de Hugo Rafael Chávez Frías?

Quizás la más simple respuesta podría ser que el triunfo de aquel militar convertido en político, Chávez Frías, rompía el tradicional "Pacto de Puntofijo" que se acordaría con el beneplácito del estamento del poder real estadounidense. Pero aquello iba más allá cuando con el llamado a la Constituyente y su conclusión final, Venezuela comenzaba a caminar hacia la "Democracia Representativa", concepto fundamentalmente opuesto a la "Democracia Representativa", independiente de la concepción que de Democracia se tenga y se ejerza en los Estados Unidos de América.

Es demostrable que se presentaron y están presentes una serie de addenda histórico-políticas en esas asimetrías con sus propias contradicciones internas. Es de conocimiento "interno" las serias, profundas, contradicciones en el mundo del "puntofijismo", entre los "eurocéntricos" confrontados con aquellos que nos calificamos como los "dependientes al imperio"; mientras que en el mundo norteamericano están, aún presentes, los republicanos vs los demócratas donde, curiosamente, el sector del empresariado y el importante sector financiero se confrontan con el sector militar-geo-estratégico, independiente, de objetivos comunes presentes entre ellos pero, para "lo militar" un escenario de guerra local, históricamente ilógica, mostraría una realidad profundamente diferentes en Política Continental a la tradicional conocida por histórica en las aplicaciones temporales y reiteradas de la "Doctrina Monroe" cuando la geopolítica mundial ha obligado al estamento norteamericano a elegir como su Presidente actual a Donald Trump independiente de los twtts.

Es, en ese marco de inquietudes, cuando nos consideramos que las precedentes relaciones bilaterales venezolano-estadounidenses se han sustentado, en considerando las propias particularidades de esas relaciones frente a sus similares con países latinoamericanos, en relaciones asimétricas sustentadas en la hipocresía, el considerar la aplicación de la "Doctrina Monroe" con ciertas "sutilezas" y en considerando las realidades consecuenciales de las historias de ambas naciones.

Es un hecho objetivo las contradicciones actuales en el marco de las relaciones bilaterales venezolano-estadounidenses aunque podríamos ser más contundentes en los conceptos político-ideológicos y las asimetrías en las praxis de esas relaciones bilaterales en referencia que podríamos posponer para el próximo texto, por ahora.

 



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Miguel Ángel Del Pozo


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