Chávez y el largo camino

En 1998 triunfa la Revolución Bolivariana, acto que devino trascendental y paradigmático tanto para los sectores populares y la izquierda revolucionaria -protagonistas directos del hecho histórico-, como para el resto de las naciones latinoamericanas y caribeñas, y a la vez, para esa parte mayoritaria del mundo que durante siglos ha sido, y sigue siendo víctima de las depredadoras, abusivas y criminales prácticas de poderes despóticos, coloniales primero, e imperialistas después.

Atrás, quedaban largas décadas de gobiernos autoritarios, populistas y corruptos, que amparados en un supuesto modelo de virtuosa democracia parlamentaria representativa, conocido como el Pacto de Punto Fijo, fue orquestado por las oligarquías políticas, comerciales y financieras del país, y el que, en la praxis, excluyente y cercenado, solo produjo un arquetipo social que "cambiando de ropaje y de nombres", se fundamentó, en realidad, en "en la imposición, en la dominación, en la explotación y en el exterminio".

El llamado "Pacto de Punto Fijo" fue un acuerdo subscrito por los partidos Acción Democrática (AD), el Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), y la Unión Republicana Democrática (URD), el 31 de octubre de 1958 reunidos en Caracas, específicamente en la residencia de Rafael Caldera, uno de los firmantes, de la que tomó su nombre. Fueron signatarios: Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Gonzalo Barrios por AD; Jóvito Villalba, Ignacio Luis Arcaya y Manuel López Rivas por URD; y Rafael Caldera, Pedro del Corral y Lorenzo Fernández, de la agrupación COPEI. Muy significativo fue el hecho de que el Partido Comunista de Venezuela (PCV), no fuese convocado, tomando en consideración su relevante papel en la lucha que se llevó a cabo contra la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. En esencia, se trató de "…un supuesto acuerdo de gobernabilidad mediante el cual los actores políticos y sociales fundamentales, en conjunción con las principales instituciones de la burguesía, como FEDECÁMARAS, la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas, establecían las reglas del juego para salvaguardar y legitimar sus intereses y privilegios de clase, en este supuesto acuerdo los partidos políticos aliados a las clases dominantes se comprometían a defender la democracia representativa, como forma política, y al capitalismo subdesarrollado y rentista basado en el petróleo, en el ámbito económico, de cualquier peligro, intento de subversión y protesta de dicho estado de cosas. Esto se puso en evidencia, con manifiesta crudeza, durante los años de la lucha armada donde se criminalizo, persiguió y desapareció a cualquier venezolano y venezolana que se atreviera a disentir o alzar su voz de protesta, pero sin duda, el ejemplo más dramático en la aplicación de este pacto fue la violencia y masacre desatada contra nuestro pueblo durante el 27 y 28 de febrero de 1989, y en los días subsiguientes.

Así, el "Pacto de Punto Fijo" en su fase terminal, entrópica, agónica, tuvo dos puntos de inflexión:

El llamado "viernes negro", el 18 de febrero de 1983, cuando el país amaneció con una dramática noticia, la mayor devaluación en su historia, que provocó, entre otros males, un galopante fuga de capitales, y, lo que se conoció popularmente como el "paquetazo económico", anunciado por el entonces presidente de la República, Carlos Andrés Pérez, catorce días después de asumir su segundo mandato (1989-1993), el 16 de febrero de 1989. Se trataba del Plan Estratégico del nuevo Gobierno, el VIII de la Nación –tomando como referencia el mencionado "Pacto"-, eufemísticamente intitulado "El Gran Viraje"; en esencia, un programa de ajuste estructural dictado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), como parte del paradigma neoliberal y la ola ultraconservadora que azotaba la región.

Lo anterior, unido a la consecutiva revocación del presidente Carlos Andrés Pérez, declarado culpable de "malversación y peculado de fondos públicos", generó un verdadero maremágnum social, con violentas reacciones populares, civiles y militares. ente las que se destacan los dramáticos sucesos conocidos como "El Caracazo", que tuvieron lugar entre el 27 y 28 de febrero de 1989, y que dejaron una larga estela de muerte y represión; así como las sublevaciones militares del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992.

Fue precisamente en ese contexto que emergió la figura de quien habría de convertirse en el líder supremo de la entones naciente revolución, en aquella época, el Teniente-coronel Hugo Rafael Chávez Frías, quien protagonizara el frustrado alzamiento del 4 de febrero del mencionado 1992, por lo que, acusado de rebelión, fue arrestado, no sin antes proclamar que la lucha cesaba, "por ahora".

Alrededor de dos años más tardes, en 1994, beneficiado por la amnistía promulgada por el entonces presidente Rafael Caldera, Hugo Chávez reinicia la lucha revolucionaria, convirtiéndose en el carismático líder político del Movimiento V República, con el que, defendiendo su proyecto de combatir la pobreza, la corrupción y todos los males de los gobiernos "puntofijistas", incluidas las limitaciones de la Constitución vigente desde 1961, gana las elecciones de 1998.

El mismo día de su ascenso al poder, el 2 de febrero de 1999, el Presidente convoca a un referéndum nacional a fin de consultar a la ciudadanía acerca de la pertinencia de elegir una Asamblea Constituyente, que derogando la mencionada Constitución, diera paso a la refundación del Estado naciente, la V República, legitimándole con una nueva Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos.

Así, en un hecho sin precedentes en la historia del país, el 25 de abril del propio año, el referéndum, democrático, participativo, y popular, obtuvo la aprobación mayoritaria del 90% de la población; meses después, el 15 de diciembre, con una significativa aceptación del 71,78 % de los votantes, quedaba aprobada la Carta Magna, refrendando con ello una nueva nación, la República Bolivariana de Venezuela.

Como correspondía, el Presidente Chávez se somete a un nuevo proceso electoral, que culmina el 30 de julio del 2000, cuando logra la victoria con una mayoría del 59,76%. Refundado el Estado y las bases fundacionales de la República que por primera vez en la historia nacional, rendía el merecido homenaje al Libertador, Simón Bolívar, comenzaba el largo y tortuoso camino de su construcción.

Vale subrayar esta sucinta reseña acerca de Chávez. Este líder popular, representante genuino de su pueblo con quien se comunicaba como nunca ningún gobernante antes lo había hecho, sentía ya de joven un visceral repudio por la oligarquía y el imperialismo. Ese sentimiento fue luego evolucionando hasta plasmarse en un proyecto racional: el socialismo bolivariano, o del siglo veintiuno. Fue Chávez quien, en medio de la noche neoliberal, reinstaló en el debate público latinoamericano -y en gran medida internacional- la actualidad del socialismo. Más que eso, la necesidad del socialismo como única alternativa real, no ilusoria, ante la inexorable descomposición del capitalismo, denunciando las falacias de las políticas que procuran solucionar su crisis integral y sistémica preservando los parámetros fundamentales de un orden económico-social históricamente desahuciado.

¿Por qué una revolución en Venezuela?

En su Preámbulo, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, establece que el "fin supremo" de ese acto de refundación, consiste en "… establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad".

En resumen, la nueva Venezuela, a través de su Carta Magna consagraba "…un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia", y un "gobierno (…) siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables". Un gobierno que en su refundación, asumía el reto de solucionar los grandes azotes sociales que se cernían entonces sobre la nación, algunos de los cuales fueron identificados por el entonces Presidente en su toma de posesión del 2 de febrero de 1999, cuando reflexionaba, "Venezuela está en emergencia social"(…) ¡Tanta riqueza¡ (…), la reserva de petróleo más grande del mundo, la quinta reserva más grande del mundo en gas, oro, un inmenso Mar Caribe rico (…), ríos inmensos, (…) uno de los países con mayor reserva de agua dulce del mundo entero, millones de hectáreas de tierra fértil, inmenso territorio propicio para el turismo, un pueblo joven", y con "80% de pobreza ¿quién puede explicar eso? ¿Qué científico puede explicar esto?…".

Además, "…un desempleo -las cifras oficiales hablan del 11-12%, pero hay otras cifras por allí que apuntan al 20%-. Un subempleo rondando el 50% de la fuerza económicamente activa, casi un millón de niños en estado de sobrevivencia (…). Veintisiete, casi veintiocho por mil nacidos vivos (…) es la mortalidad infantil de Venezuela, de las más altas de todo el Continente. La incidencia de la mortalidad infantil o la incidencia de la desnutrición en la mortalidad infantil está llegando al 15% de niños que mueren y la causa de su muerte: desnutrición. La vivienda, hay un millón y medio casi de déficit de viviendas en toda Venezuela. Más del 50% de los niños (…) en edad preescolar no están yendo al preescolar; (…) sólo uno de cada 5 niños que entran a la escuela preescolar, sólo uno de cada cinco termina la escuela básica, eso es salvaje porque ese es el futuro del país". El "…45% de los jóvenes adolescentes, no están en la escuela secundaria, andan sobreviviendo por allí y muchos de ellos, claro, recurren a la delincuencia para sobrevivir".

En respuesta, el Presidente apelaba a librar "…una verdadera guerra contra esos males sociales, una verdadera batalla (…) contra la miseria, contra la desnutrición, contra la desmoralización de un pueblo, contra el atraso (…), contra el hambre"; invocando para ello, "al alma nacional, (…) a la buena voluntad de todos, la Iglesia, (…), los empresarios, la juventud, los estudiantes de medicina, (…), a todas las fuerzas del país, los gobernadores, los alcaldes, las Asambleas Legislativas, los representantes de las diversas regiones"; en fin, llamaba a la UNIDAD.

En un contexto además, en que el acto profundamente transformador que representa el proceso bolivariano, ya desde su organización, se había propuesto una nueva táctica de lucha, "Ya no sería la acción violenta el método revolucionario, sino el electoral". La toma del poder por métodos civiles, en las urnas. Un "nuevo paradigma para hacer la revolución", que mantenía, no obstante, la misma estrategia, erradicar los males sociales heredados que aquejaban al país, llevando adelante "el modelo revolucionario -consolidar el poder popular", instalando "el gobierno al servicio del pueblo (…), darle todo el poder al pueblo".

Sin embargo, el reclamo de paz y unidad al que convocara el carismático líder para lograr la construcción de una sociedad mejor, no fue escuchado. El hecho es que desde su surgimiento, el proceso revolucionario bolivariano ha tenido que enfrentar violentas resistencias y luchas alevosas por parte de una oposición nacional antipatriótica, golpista y con tendencias fascistas: los grupos oligárquicos políticos, económicos-comerciales, y las siempre ambivalentes clases medias, aupados por los imperialismos estadounidense y europeo, en especial, el primero.

Fuerzas que además, focalizaron sus acciones sobre la figura del presidente Chávez, quien desde que se diera a conocer en 1992, y durante todo el ejercicio electoral que antecedió al triunfo de 1999, fue víctima de una "campaña salvaje", como el mismo denunciara en su discurso de toma de posesión del propio año; refiriéndose también a los intentos de inhabilitarle políticamente por presunta violación a la Constitución, si convocaba al referéndum para la celebración de la Asamblea Constituyente.

Una posición de enfrentamiento que ante la trayectoria emancipadora y revolucionaria que llevaba el proceso, se recrudeció exponencialmente, teniendo como eje articulador y protagónico a los medios de información masiva de carácter privado, televisión, radio y prensa, convenientemente auxiliados por Internet y las redes sociales a su servicio, en un contexto comunicacional en el que la parte mayoritaria de estos medios pertenecían a dicho sector empresarial. Así, de acuerdo con el destacado escritor, historiador, ensayista y dramaturgo venezolano, Luis Britto G., en 1998, en Venezuela "… la empresa privada era propietaria del 80% de las estaciones de televisión y del 97% de las radiodifusoras FM, y no había medios comunitarios. Estos medios privados se caracterizaban por una alta concentración de la propiedad, tanto horizontal como vertical".

Por su parte, el Centro de Investigación en Economía y Política de Washington D.C., en un Informe Temático de diciembre del 2010, apuntaba que en septiembre del propio año, "…los canales de televisión estatales en Venezuela registraron sólo un 5,4 por ciento cuota de audiencia. Del otro 94,6 por ciento de la audiencia, 61,4 por ciento miraban-veían canales de televisión privados, y 33,1 por ciento miraban-veían canales pagados. Ya que los dueños de los canales privados, en su mayoría, están políticamente opuestos al gobierno, es evidente que más del 94 por ciento de la programación vista por los venezolanos no es pro-gobierno. De hecho, una gran parte de los medios privados es fuertemente anti-gobierno, de manera más extrema de lo que se permite en los Estados Unidos", y concluía entonces, "…queda claro con estos datos", que "…durante un período de diez años, las declaraciones sobre el "control" o el "dominio" del gobierno venezolano sobre los medios de comunicación no solo son exageradas, sino que son simplemente falsas".

Cuatro años después, en el 2014, los medios públicos habían decrecido hasta un 3,22%, los comunitarios alcanzaban el 30,76%, mientras que los privados continuaban siendo mayoritarios, con el 65,18%. En resumen, un "… sector de la sociedad con mucho poder económico que no iba a aceptar jamás, por razones políticas, ideológicas, económicas y de clase social, un proyecto político que planteara una revolución en Venezuela, que significara transformar todo el sistema socio-político y económico venezolano".

Pero el hecho es que la revolución en Venezuela, no solo triunfó, sino que ha obtenido logros irrefutables, razón por lo cual sigue siendo víctima de una de las campañas mediáticas más feroces que Estado alguno ha recibido en su contra. De acuerdo con Ignacio Ramonet, "El caso venezolano es paradigmático de la nueva situación internacional en la cual grupos mediáticos enfurecidos asumen abiertamente su nueva función de perros guardianes del orden económico establecido, y su nuevo estatuto de poder antipopular y anticiudadano. Estos grandes grupos no sólo se asumen como poder mediático, constituyen sobre todo el brazo ideológico de la mundialización, y su función es contener las reivindicaciones populares que tratan de adueñarse del poder político".

En esencia, se trata de mucho más que una Guerra Mediática: ésta constituye en realidad, un arma estratégica de una conflagración de nuevo tipo, diseñada por la maquinaria bélica estadounidense y puesta al servicio de sus controvertidos aliados, y su brazo armado, la altamente repudiada Organización del Atlántico Norte (OTAN): una Guerra de IV Generación, No Convencional. Una guerra asimétrica bien condimentada, agresiones de todo tipo orquestada por el imperio estadounidense con sus incondicionales lacayos vende patria, y paremos de contar.

A la luz de estos comentarios debemos ir hacia la contra información para desmontar todo este criminal andamiaje para idiotizar y manipular, asfixiar con falsos positivos a la población.



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Alberto Vargas

Abogado y periodista, egresado de la UCV, con posgrado en Derecho Tributario y Derecho Penal. Profesor universitario en la cátedra de Derechos Humanos

 albertovargas30@hotmail.com

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