El chantaje del apoyo incondicional y "valor" dentro de la ANC

SI no quieres chantaje debes tener claros los conceptos, mostrar tu signo ideológico, ¡de qué está hecha tu revolución! y defenderla. Las elecciones no son el terreno para la lucha ideológica. Un candidato a alcalde sin una postura política e ideológica clara es otro pendejo más del montón, sea de derecha o de izquierda. En las elecciones todos los gatos son pardos, es la romería de los oportunistas. Si no quieres que te chantajeen con eso de ser sectario pelea en el terreno político ideológico con argumentos. Ahora lo trata de hacer Luis Brito García, lo ha intentado Julio Escalona, pero cada vez se necesita más gante y más valor para enfrentar a los Pedrocarreños y demás tribunos de Calígula.

Las elecciones a alcalde confunden la lucha de clases que ahora mismo está en pleno desarrollo. En la ANC Luis Britto tomó partido por el socialismo y la clase trabajadora, quizás otros lo hagan igual, con valentía. La ANC resulta un mejor ambiente para la lucha ideológica que las elecciones a alcaldes, donde todos luchan por poder: unos para reforzar sus posiciones privilegiadas y de poder que ostentan dentro de la sociedad, y otros para lo mismo, pero buscando perpetuar el que ya tienen; no importan los colores, todos son pardos. Porque las mismas elecciones son objeto de discusión ideológica, junto con el sistema clientelar de los partidos políticos que las justifican.

La crisis ideológica trasciende a esas posturas antiimperialistas y patrioteras y al circo electoral, toca nuestra propia soberanía como pueblo, el derecho a la vida y el futuro de las generaciones por venir. No podemos adormilarnos por los efectos narcotizantes de lo obvio, de la denuncia de lo que resulta incuestionable, horrorizados como pendejos de que el enemigo sea malvado o capaz de ejercer la maldad; mear sobre mojado.

El presidente decía hoy (ayer) que había que tomar la delantera en esta guerra – ¡bastante tarde piaste!- refiriéndose a los sabotajes al sistema eléctrico, otra guerra que pareciera se diera en paralelo al comodín de la "guerra económica" (esterilizada dentro de una probeta de los factores de clase). No obstante, "el fin de toda guerra es desarmar al enemigo", son palabras del mismo Clausewitz vociferado por cuanto pedante anda por ahí; y desde que se ha denunciado y culpado a la "Guerra económica" de todos nuestros males, el sentido común nos dice que las armas del enemigo develan al rostro del enemigo, ellas son el control que tienen de la economía, sus armas son el hecho de que el sistema de producción es el suyo (de ellos), es el capitalista. Si nuestro modelo económico estuviera avanzando con paso firme hacia la propiedad social de los medios de producción, al mismo tiempo estuviéramos minando sus fuerzas y desarmando a nuestro auténtico adversario, el mismo que perjudica nuestro sistema eléctrico (porque la guerra es una sola), y sería puesto en evidencia solo por el hecho de pensar bien cuáles son sus verdaderas armas, cuáles tiene y cuales maneja en estos momentos.

La lucha de clases no se puede librar sin reconocer a nuestro enemigo a través de todos los rostros, y algo de eso está pasando. Nuestro benefactor no puede ser inclemente ante nuestras desgracias sin que no sintamos algún malestar. En el tiempo, ese malestar se convierte en desengaño y resignación. Pero nos toca, por nosotros, que se convierta en fuerza y en cada vez más conciencia reconociendo a nuestro enemigo, "guillado" de redentor de todos nuestros males pero trabajando a su favor.

Nadie puede acusarnos de enemigos o de fraccionar la unidad cuando lo que hay, de parte de los que imputan, es un chantaje, basado en el engaño, en el miedo y en la defensa de una falsa unidad, que no es otra cosa que servir de base social a un atajo de políticos pendejos; pusilánimes ante el capitalismo pero peligrosos para los que luchan y critican con valor.

Aquí hay que reconocer la importancia que tiene el coraje para aclarar las ideas y la vista. No es suficiente haber leído, estudiado los clásicos, acumular acreditaciones universitarias o de las que sea si no hay valor y convicciones para la lucha. Acreditaciones no son un argumento; tampoco citar nombres, fechas, frases sin una idea clara en la cabeza; la idea lo es casi todo. Y la que obliga a nuestra lucha es la de "desarmar a nuestro enemigo" (del socialismo, de la sociedad, de la humanidad), vencer al capitalismo como sea que éste se manifieste, tenga el rostro que tenga, aprender a leer en sus maneras, ¡oler al "maligno"!, donde quiera que se encuentre. Para eso se necesita relacionar toda su maldad como un todo: sabotaje eléctrico, propiedad privada, inflación, especulación, mentira y disimulo, oportunismo, indiferencia, personalismo, egoísmo, más mentira, el miedo compulsivo del cobarde… ¡Qué nos acusen de traidores, no importa, si tenemos la razón! También el coraje espanta, por lo visto no existe otra manera de revertir el destino al cual nos lleva esta guerra de "ladrones y policías", y pelear de verdad por un mundo mejor que sea palpable, "tomar el cielo por asalto" y lo sintamos, y mandar a carajo a todos los mencheviques tropicales definitivamente.



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Marcos Luna


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