Nuestra Revolución será siempre pacífica

Acudir a un catálogo de procesos de transformación para explicarnos o interpretar una Revolución, nos llevaría a interminables modelos; de los cuales podemos decir, que hay elementos que se pueden apreciar como semejantes pero jamás iguales ni en tiempo ni en espacio, si tomamos en cuenta la gran revolución de la informática, causante de todos los cambios que la humanidad en tiempo real ha sentido en instantes como propios.

La Revolución Francesa, como la Revolución Rusa, son una referencia digna del desarrollo de los pueblos, dejaron atrás sus modos de producción y crearon nuevas relaciones de poder, un sistema de apropiación y de fabricación de medios de producción capitalista, de apropiación indebida de la mano creadora. La revolución francesa llevó a la burguesía, una nueva clase, a sustituir al antiguo régimen y su modo de producción, creando un sistema de apropiación injusta.

Gutenberg, el padre de la imprenta, creador del primer medio de comunicación masivo impreso es un buen ejemplo, quien por medio de esta herramienta abrió el entendimiento y el conocimiento al servicio de la humanidad, conocimiento que estuvo cautivo en manos de pocos por miles de años. Pero este medio de producción fabricado por Gutenberg, a causa de las múltiples deudas contraídas con los inversionistas para terminar la máquina que construía, fue despojado de la imprenta, esta poderosa máquina del conocimiento. Su final como creador: terminó en la miseria, víctima de un sistema, donde predominaba la inversión del dinero, y desconocía un derecho porque no existía con la justicia social que reivindicara el trabajo colectivo y su valor agregado, el ingenio, (que aun en nuestros días, este detalle significativo en la mayoría de los casos es apropiado indebidamente, ignorado y en contados casos de justicia distributiva es, y debe ser compensado con significativos reconocimientos) que aún no cuenta con la remuneración-premio, al valor agregado que el trabajo genera, de quienes con su trabajo y talento fabricaban las fábricas.

Presumimos, que Gutenberg de haber terminado su imprenta con su propio peculio, es posible que se hubiera producido una propiedad de fabricación de medios de producción más socializada en lugar de una apropiación indebida.

La otra gran revolución, la Revolución Rusa, vino a producir un modo de producción distinto: con la fabricación de sus propios medios de producción, garantizó la soberanía de su pueblo y defensa de su territorio dos veces más extenso que los EEUU. La revolución se hizo desde la propiedad del Estado de los medios de producción, con eso, su pueblo derrotó al imperio Nazi, que estuvo aterrorizando y sojuzgando a los pueblos de Europa.

La Revolución Rusa, la URSS, con su ejemplo estimuló a los trabajadores de Europa y el resto del mundo a presionar al sistema capitalista, a reconocer una legislación de justicia social, un salto de cientos de años ante el temor de un cambio de propiedad de los medios de producción. La Unión Soviética, configuró a la Rusia del Presente con una estructura de Estado monolítica, cuya incólume columna vertebral en lo ideológico es garantía mediante una fuerza armada del pueblo, de la soberanía y defensa de su territorio, probada históricamente en las guerras de liberación interna y en solidaridad externa. En el Ejército está asentada la soberanía eterna de toda nación. (Como Simón Bolívar entendió que debe ser la América Meridional, y la Gran Colombia). Experiencia que la Revolución China revalorizó desburocratizándose.

Hoy después de estas experiencias históricas, podemos decir, que sí es posible, (esa es la razón política de nuestra Revolución Bolivariana y Chavista) que desde el estado se incentive y se socialice de mil diversas formas la propiedad y fabricación de los medios de producción en función social y en función de la primeras necesidades de los pueblos en contraposición de un imperialismo capitalista que además impone qué es lo que hay que consumir como modo de dependencia.

Ese es el legado de la Revolución Rusa, que la revolución China revalorizó desburocratizándose, y operando con todo el poderío de sus empresas con criterio de participación en función pública, sin perjuicio de participación en beneficios y ganancias nacionales e internacionales.

Todas las revoluciones, y las pacificas como la venezolana, y todos los pueblos de alguna forma han experimentado en sus entrañas, violencia, terrorismo de mil diversas formas, reacciones fascistas, racistas, inducidas a fin de crear estados mentales que conduzcan a inevitables enfrentamientos que van a solucionarse con reconciliaciones muchos años después, cuando se descubra que nos destruimos innecesariamente, que luego no hay más remedio que pactar una forma de vida con bienestar por igual, que no somos desiguales y que nos necesitamos con cada particular igualdad.

Entonces, si ya tenemos dolorosos ejemplos, como el de la vecina Colombia, o la guerra civil salvadoreña, que tuvo que detenerse o se destruían todos, y las secuelas que arrastrarán por mucho tiempo, pregunto: ¿para qué vivirlos, si sabemos que contamos con suficiente poder para destruirnos mutuamente? ¿Para qué permitir y estimular al lado del ala política (como irresponsablemente lo han estimulado personeros de sectores opositores) una nefasta ala terrorista, que va a devorarlo todo? (es necesario decirlo, aun cuando es una ruindad oír: "si la salsa es buena para el pavo, es buena...) ¿A quién beneficia?, por supuesto a quienes no quieren a los venezolanos. El terrorismo impulsa la guerra, la guerra civil, o pueden desembocar en guerra civil. La mayor de las veces es porque han surgido transfiguraciones personales que se creen que se convirtieron en invulnerables, como ocurrió dentro de la Revolución francesa, con el Dr. Guillotín, quien hasta acompañó a los prominentes ante su terrible invento de muerte, la Guillotina, así como los sansculottes de la Revolución Francesa, precursores de las camisas negras y las camisas pardas del fascismo y del nazismo, y del fascismo terrorista de estos tiempos, así sean reacción y respuesta a fascismos imperiales, responsables de tantas tragedias. Pero esta forma no vence, no triunfa, destruye, hay que vencer y triunfar. China es un buen ejemplo.

La guerra civil es lo que puede seguir si no persuadimos a las cabezas con la claridad de que ellas también son vulnerables al terrorismo, porque este se desata sin mirar a quien. Como sucedió en España por ejemplo: mataron al teniente Castillo, republicano y activista, mataron a Calvo Sotelo prominente hombre de la derecha; en respuesta, mataron a García Lorca, y contra esta respuesta, a Primo de Rivera, ideólogo de la derecha, bueno el caldo de cultivo para que Franco se levantara en armas. Dos millones entre muertos y desaparecidos, venganzas y persecuciones internas y una diáspora dolorosa de separación y una reconciliación obligada 40 años después.

Esta derecha extrema es un estado mental, por cuanto, los que participan son de extracción de una masa dependiente, llamada clase media, se cree la legítima poseedora del poder, y han asumido un destino mesiánico, ese es el gran problema, si no lo desmontamos en una gran campaña de por qué no producimos, de por qué dependemos del petróleo, de por qué tenemos que fabricar los medios de producción, y de inmediato, mostramos que lo estamos haciendo, mostrando los ejemplos con resultados, y por qué es un derecho, un deber moral y político, asentarlo en el texto articulado de la Constitución fruto de la Constituyente.

Frente al mesianismo nihilista, tenemos que enfrentarlo con la Revolución de la mano que transforma. Es urgente llegar a las escuelas industriales, es urgente mostrar la revolución de los innovadores, es urgente una gran campaña en este orden de ideas, mostrar que hay en Venezuela cientos de Ilustres "analfabetos" honorables como Luis Zambrano, o grandes señores humildes egresados de las extintas Escuelas Industriales como Rafael González en constante innovación, bien puede por televisión mostrar su ciencia como puede de inmediato fabricar (nada de ensamblar, en todo caso armar, copiar y construir todo) motores para el desarrollo de las comunidades, trilladoras, pulverizadoras y deshidratadoras para la fabricación de harina de maíz, tractores y arados pequeños y de mano, es una propuesta, mostrando un país que trabaja desde su propia gente.

Nada de presentar promotores políticos mostrando lo que otros hacen, esto es urgente desde todos los ángulos más allá del sectarismo, urgente, para enfrentar los intereses de afuera y de adentro que manejan el mesianismo sin destino, pues una salida de fuerza es correr la arruga, es lo que están esperando para intervenir y desatar la guerra civil y arruinar este hermoso país.

Trabajamos con pasión porque creemos en nuestra Revolución Bolivariana como motor de transformación sin perjuicio de que el oponente desde su visión proyecte mejor que nosotros su propuesta, pues la nación entera con la Revolución informática va viendo la destrucción que está desatando un ala terrorista que se va apropiando de lo político, de la política opositora. Ante esta realidad todo el país está viendo que esta destrucción es producto de un terrorismo salido de la oposición, que es un mesianismo sin destino. Ese es el gran problema, y por eso la Constituyente es el instrumento por donde el pueblo va a expresar su sentir y a decidir el destino de la nación.



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Hector Herrera Jiménez


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