Fabricio Ojeda: Símbolo de la ética revolucionaria

La presencia de Fabricio Ojeda en el Panteón Nacional es un acto de reivindicación histórica de toda una generación de revolucionarios, que se planteó la disputa por el poder, para alcanzar la segunda independencia de Venezuela y la construcción de una democracia en su esencia más vital: aquella que significa: poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo".

Es conocido que el asesinato de Fabricio Ojeda el 21 de junio de 1966, no fue un hecho aislado, fue producto de la llamada "Doctrina de Seguridad Nacional", que no es otra cosa que la aplicación sistemática del terrorismo de Estado, por parte de los gobiernos de Acción Democrática y Copei, durante los años del régimen puntofijista. En esos años terribles, miles de ciudadanos fueron "desaparecidos", la tortura se convirtió en una práctica cotidiana, al igual que las detenciones y los allanamientos sin autorización legal, las campañas de infamias contra los revolucionarios a través de los medios de comunicación no cesaron nunca, no faltaron los espantosos titulares de prensa que decían: "se busca vivo o muerto".

Ahora, ¿Cuáles son las raíces de esta confrontación? ¿Cuál fue la posición de las fuerzas contendientes? ¿Cómo influyó la guerra fría en el conflicto interno?

La figura de Fabricio Ojeda, periodista y maestro, emerge en la madrugada del 23 de enero de 1958, a la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, orientando al pueblo a través de la radio y de los periódicos, en su condición de presidente de la Junta Patriótica, amplio frente que dirigió las acciones políticas y militares, que hicieron posible la alborada de la democracia.

La Junta Patriótica fue una coalición de fuerzas integrada por el Partido Comunista, Acción Democrática, Unión Republicana Democrática y el partido socialcristiano Copei, es decir, por todo el espectro político opositor a la dictadura perezjimenista, que en sus últimos meses quedó aislada, sobre todo, después de la huelga universitaria del 21 de noviembre de 1957, a partir de la cual, la acción revolucionaria se convirtió en un hecho masivo. No se puede soslayar que el Comité Central del PCV, reunido en la clandestinidad, en Camunare, estado Yaracuy, había aprobado una política de amplitud que fue la génesis de la Junta Patriótica, lo que significó un salto en la lucha, que tuvo su expresión en el Frente Universitario, bastión de vanguardia del movimiento democrático.

El 23 de enero es el día en el que la Fuerza Armada y el pueblo, representado por la Junta Patriótica, con Fabricio a la cabeza, derrocó a la dictadura. Es una fecha que debe ser reivindicada plenamente por todos los revolucionarios, sin ambages, sin ningún tipo de dudas, así como también, la resistencia que se hizo a los intentos de restauración de la dictadura, que se sucedieron unos meses después.

Otra cosa muy distinta es la valoración que se haga de la firma del pacto de Nueva York, que suscribieron Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, y Rafael Caldera. Con ese pacto el imperialismo norteamericano se jugó su carta política, preparó la transición y orientó que el gobierno que surgiera debía ser de coalición, pero que en la misma –bajo ningún respecto- debía estar el partido comunista. No hay que olvidar una realidad política mundial: la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Salta la interrogante: ¿cuál fue la estrategia trazada por la izquierda de Acción Democrática y/o por el partido comunista, para la composición de un gobierno que pusiera en marcha una revolución democrática?

El PCV tejió con dedicación y pericia la unificación de las fuerzas opositoras. Los comunistas protagonizaron una resistencia llena de heroísmo sin límite, pero su dirección no contó con una estrategia para el momento de la caída del dictador, ni tampoco, la izquierda de AD, que se batió dentro del país, heroicamente, pero que quedó atrapada por las maniobras de Betancourt y sus seguidores.

Los firmantes del Pacto de Nuevo York, se reúnen en Caracas una vez caída la dictadura, y el 31 de octubre de 1958 suscriben el llamado "Pacto de Punto Fijo", en el que se delinea la coalición de fuerzas que gobernaría en las próximas décadas, a través de lo que denominó el "pacto institucional", mediante el cual los tres partidos [AD, URD y Copei] sostendrían al régimen, y participarían en la composición de los tres poderes públicos, así como también, de las responsabilidades gubernamentales y legislativas, a nivel de los estados y municipios. Además, acordaron en apuntalar las organizaciones sociales fundamentales, como las Federaciones de Centros Universitarios, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, las Federaciones Campesinas y las Juntas Comunales. En diciembre de 1958 AD ganó las elecciones y Rómulo Betancourt asume la Presidencia de la República.

La consigna trazada por Betancourt revela con nitidez su estrategia: "aislar y segregar a los comunistas", mientras que al interior de AD se mueven las fuerzas de izquierda, intentan armar una mayoría para reencauzar el proceso. No lo logran. El 9 de abril de 1960 toman una decisión controvertida: se van de AD y fundan el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. Las tendencias socialdemócratas en el seno de AD siguen al lado de Betancourt, un amplio sector liderado por Raúl Ramos Jiménez se deslindará de AD en 1963, y Prieto Figueroa en 1967. Betancourt y sus aliados Caldera y Villalba, se cohesionan en torno al poder, aunque URD en algunos momentos se va a la oposición, para luego volver al redil betancourista.

La alianza con URD siempre fue valorada como un asunto político importante, tanto para AD como para el PCV. Dos jóvenes de URD serán figuras destacadísimas de la historia de Venezuela: Fabricio Ojeda y José Vicente Rangel.

La represión contra el pueblo no se hace esperar, Betancourt promueve la división del movimiento sindical, que tenía como objeto, precisamente, aislar a los comunistas, que eran la segunda fuerza sindical del país, otro tanto sucede en el movimiento universitario, pero en este terreno, la izquierda mantendrá la hegemonía, el movimiento campesino también se divide.

1962, tres rebeliones militares estremecen al país, las huelgas se generalizan por todo el territorio nacional. Las masas están a la ofensiva. Las brigadas de la Juventud Comunista se hacen fuertes en las barriadas populares, las estructuras urbanas de la guerrilla impactan al mundo por su audacia. Surgen los frentes guerrilleros rurales: el Simón Bolívar, en Lara, el José Leonardo Chirino, en Falcón, el José Antonio Páez, en Trujillo (comandado por Fabricio), el Manuel Ponte Rodríguez en las montañas de Sucre y Monagas; y el Ezequiel Zamora en Miranda.

Cabe una interrogante: ¿todo ese esfuerzo contó con la definición de una estrategia y de las tácticas para cada período, de parte de la dirección política del PCV y del MIR, o fueron acciones reactivas y desarticuladas?

En 1963, la política del PCV y del MIR fue de abstención frente a las elecciones. Se le cerraron las alianzas. Una buena parte de la disidencia adeca, que no fue al MIR, divide a AD y va a las elecciones, URD se suma al proceso y, obviamente, el más firme aliado de Betancourt, Copei, participa en los comicios. Para el estudio de la ciencia política y de los temas referidos a las tácticas y la estrategia del movimiento revolucionario, este punto es muy importante para su estudio. Resulta evidente que la política desarrollada entre 1962 y 1963 por los partidos de la izquierda en armas, fue errónea, no logró aislar al betancourismo y perdió el momento del auge de masas, que ya cansadas van en repliegue. El PCV y el MIR fueron ilegalizados y sus principales dirigentes apresados. En 1964 el PCV decide continuar en la lucha armada contra el gobierno del adeco Raúl Leoni, pero al año siguiente, la línea de la "paz democrática" prevalece y comienza un complejo proceso en el que unos se plantean un repliegue táctico y otros, seguir en la lucha armada.

Sobrevino la división del movimiento revolucionario. La polémica entre el PCV y Fidel Castro es un hecho digno de analizar en otro ensayo, pero el debate acerca de las vías de la revolución, será largo, tedioso y estéril. Fue la vida misma la que se encargó de demostrar que el "momento político" para la insurrección había pasado y que la correlación de fuerzas era abiertamente favorable al gobierno de AD. La legalización del PCV y el MIR en 1969 por el gobierno de Rafael Caldera, marcó el fin de una etapa histórica que había comenzado el 23 de enero de 1958.

Muchos otros ensayos han destacado la vida insigne de Fabricio Ojeda, su condición de revolucionario, su retiro de la cámara de diputados para irse a las montañas, a comandar el Frente Guerrillero José Antonio Páez, va a la prisión, de la que se fuga, polemiza con la dirección del PCV y con los oficiales de las FALN y en abril de 1966, unos días antes de su vil asesinato, se reúne con cuadros que se deslindan del PCV. En esta reunión se nombra a Fabricio Ojeda, presidente del Frente de Liberación Nacional, se reorganiza a las FALN, con Douglas Bravo como comandante, y se funda Partido de la Revolución Venezolana, PRV. Resuelven continuar el camino armado y cuentan con el apoyo de Fidel Castro y la revolución cubana, precisamente, cuando Ernesto Che Guevara se prepara para ir a Bolivia. El PCV por su parte, trabaja por su legalización y desmonta los frentes guerrilleros. Hay un dato político que resulta imposible dejar de lado: la revolución había sufrido una severa derrota.

En los años que siguieron a la muerte de Fabricio el movimiento revolucionario está fragmentado y disperso, y por encima de todo, no cuenta con un análisis científico de la realidad venezolana, y por lo tanto, no atinaba a definir un programa político que le sirviera para aglutinar al pueblo y trazar una estrategia de poder.

Según algunos autores, tres veces conversó Fabricio con Fidel, ambos muy jóvenes, llenos de pasión revolucionaria, ¿Hablaron sobre la perspectiva del socialismo? Seguramente. ¿Se imaginaron los cambios que se producirían en América Latina si la revolución triunfaba en Venezuela? No cabe la menor duda.

La crisis orgánica del modelo capitalista – rentista de nuestro país y la quiebra ética del sistema político puntofijista, hizo posible una revolución en la patria de Simón Bolívar. El líder histórico de la revolución bolivariana, el comandante Hugo Chávez dijo una vez que él tomó el fusil de Fabricio para hacer la revolución, y esa es una gran verdad, aunque en condiciones distintas, y en otro tiempo histórico, los objetivos políticos y morales de la revolución en el siglo XXI, siguen siendo la independencia y el socialismo.

Fabricio Ojeda es el símbolo de la ética revolucionaria, ejemplo insigne de quien no se envilece frente al poder, de quien enfrenta a los corruptos de siempre, de quien es consecuente con el principio según el cual, la mejor política es la política de principios, su epopeya fue continuada por miles y miles de revolucionarios en las décadas siguientes, y en estos tiempos de chavismo, por millones y millones de venezolanos, que asumieron las banderas de la redención social y la firme decisión de LUCHAR HASTA VENCER.






 



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Roy Daza

Diputado del Parlamento Latinoamericano

 dazaroy@gmail.com

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