Ruego sus disculpas, pero el título que he dado a esta carta fue inspirado por el canto “¡ oe oe oa, la Vinotinto va!”. El estribillo de un tema palurdo ideado por Popy para los fantoches, “y que” cantantes de una supuesta academia de canto auspiciada por RCTV. Los tristes mancebos de este reality show, irrumpieron en escena interpretando ese “tema”, como apoteosis del un juego que sostendría la selección nacional de fútbol en el estadio Olímpico de la Ciudad Universitaria.
Este circo se escenificaba días después de yo tuviera la osadía –vana esperanza de respuesta- de enviar una carta a la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) criticando el uso de la imagen de la “vinotinto” como símbolo de la oposición en el canal de noticias Globovisión.
En ese cotejo donde los “popinos” cantaron además, con desafinado gañote, el himno nacional, era inevitable notar algo que asaltaba salvajemente nuestras reinas: El oligopolio Mendoza-1BC en su máxima expresión. Nadie podría hacer caso omiso a toda esa publicidad invasiva. Tanto en el estadio, como en las pantallas de RCTV, todas las vallas, alegorías y gráficas correspondían a empresas Polar, sus productos y las producciones propias del canal de Quinta crespo. Así, era difícil dejar de pensarlo: Ese partido (y su resultado) fue pagado por ese par de corporaciones interesadas; y ahora me preguntaba, ¿sería sólo el partido y su resultado lo comprado por el osito?.
En ese momento, se me hizo fácil observar elementos que encajaban a la perfección en una sencilla especulación que venía acariciando desde hace tiempo: El fútbol dejó efectivamente de ser de la gente, de ser de los Venezolanos; ahora era presentación exclusiva de y para empresas Polar y “tu rCTV”.
Amarga indignación la que me invadió como fanático de fútbol. No sólo habían subido desconsideradamente el precio de las entradas (con el claro fin de alejar al pueblo llano y rodearse de los riquillos hijos de falangistas que conocen más al Madrid que al Caracas Fútbol Club), sino que habrían convertido los encuentros de la selección en lugares “idóneos” para cantar consignas contra el proceso de cambios que dirige el Presidente Hugo Chávez.
Con respecto a esto, debo reconocerlo, en esa época me incluía en el bando de los azules. De esos que no simpatizaban ni con un lado ni con el otro, a pesar la profunda conciencia social de la que me hice asistiendo al fútbol compartiendo gente auténtica. No obstante, las cosas habían llegado al límite: se atrevieron a convertir a la selección nacional en un símbolo político, y todo sucedía descaradamente con la venia del presidente de la FVF, Rafael Esquivel y el director técnico de la Selección Nacional Richard Páez.
Ciertamente hay que resaltar el hecho de que la selección nacional por fin estaba consiguiendo resultados favorables. Y es obvio de que los capitalistas oportunistas de siempre (en este caso la Polar y 1BC) se harían de ella. Pero, ¿llegar al término de usar al equipo nacional como elemento propagandístico?, eso no me complace mucho.
No por ello se puede decir que la esperanza de los aficionados estaba perdida. El fútbol de la gente me ofrecía otras alternativas, y la más llamativa estaba en el fútbol de clubes. El campeonato nacional, en el que soy –era, y luego les diré por qué- fanático del deportivo Táchira.
Pero lamentablemente, se vino lo trágico: el paro-sabotaje de los adecos entró a la escena nacional; y los dueños de los clubes (A excepción de Mineros) se plegaron de inmediato al mismo alegando inseguridad y sé cuántas patrañas más. Lo cierto es que en conjunto le dieron un claro mensaje al país: El fútbol se sumó al paro con tácito fin de acabar con “la crisis” (sacar a Chávez).
Esta situación vino a ser la gota que rebasó el vaso. La oposición incluyó la agenda política en uno de los más hermosos entretenimiento de los venezolanos: el fútbol. Como lo hicieron con el béisbol, tuvieron la desvergüenza de anteponer sus intereses políticos a los de la gente, siendo esto lo que me indignó de sobremanera.
Desde entonces, declaro abiertamente que no apoyo el fútbol local. Incluso sólo disfruto del fútbol mexicano, teniendo presente que al ir en contra de la vinotinto no voy contra mi país, sino contra la Selección de la golpista Polar. Me prometí así a no volver a pagar por una entrada al estadio, y de entrar por cortesía, no tomaría una sola cerveza del osito.
Ya han transcurrido dos meses desde que no sé del fútbol local; apenas supe que le campeonato acabó con Caracas de campeón. De la selección no sé desde hace bastante; no se me hace difícil pensar que se plegaron al paro como “toda Venezuela” para salir de “la crisis”.
Pude saber más adelante que la selección sub-20 estuvo en el premundial de Montevideo y escenificó una de las peores presentaciones en esos certámenes. Curiosamente, según pude escuchar, el único juego en que el equipo salió airoso fue el que los vio enfrentarse contra la selección de Argentina (a la postre campeona del evento) donde se hicieron presentes los compatriotas del Círculo Bolivariano del Uruguay. Algo que opacó la ya gris pancarta de “prohibido Olvidar” que los oligarcas se llevaron a tierras uruguayas.
Ahora me enterado que la desvergüenza de la selección Polar llegó al colmo del descaro. Y ha sido esa la motivación del presente escrito. Y es que las empresas Polar y 1BC (rCTV) ya no confían en la fanaticada (así sea la oligárquica) de por estas tierras. Y haciendo gala de su “capacidad gerencial” se llevaron el seleccionado nacional para que su gentecita la vea en persona.
Han tenido la osadía de llevarse la “vinotinto” para Miami, donde sostendrá un cotejo contra el combinado de Honduras, para luego dirigirse a tierras Guatemaltecas para que en Tegucigalpa se encuentre con el seleccionado de ese país.
No critico de manera infame el hecho de que la selección salga de nuestros predios; total, es de la gente de la Polar. Pero que sea Miami sea el primer destino de ese periplo me deja severas dudas, las cuales no tendrían ingeniosas respuestas, sobre todo, entendiendo que en Florida el “football soccer” no es tan popular como lo puede ser en Nueva York. Siendo franco, considero que ese juego puede convertirse en la “segunda gran concentración” de la comunidad gusano-americana en contra del “tirano venezolano”. Tal vez, será transmitido por la emisora que tuvo el despreciable gesto de burlarse de nuestro presidente, con la narración de los dos insignes locutores cubano-americanos artífices de esa afrenta. Y ¿por qué no?, Es sumamente probable que el alcalde que condecoró orgullosamente a Carmona Estanga haga lo propio con Páez y sus lanceros, otro producto del oligopolio Polar.
Sergio Duque
marxista59@hotmail.com