Remembranzas petroleras

A.D., la Junta Militar de Gobierno, Pérez Jiménez y la caída de los precios petroleros

I

Estos momentos que vivimos con la caída de los ingresos petroleros como consecuencia de la disminución de sus precios internacionales y de la baja de la producción nacional, son propicios para recordar otros momentos que, aunque con escenarios completamente diferentes, sirven para establecer un conjunto de análisis relacionados con el comportamiento del mercado internacional y de la ratificación de que, aunque seamos dueños del manejo de determinados factores de nuestra Política Petrolera, algunos otros dependen del comportamiento de otras variables, por supuesto que perturbadoras de logros y propósitos que nos hayamos trazado.

Entre 1942 y 1950, la población Venezuela creció de 3.950.000 a 5.100.000 habitantes, mientras que entre 1934 y 1940 la recuperación petrolera y en consecuencia la económica; durante ese período la recuperación, salvo 1942, fue sostenida y la economía creció 6% anual; de 1941 a 1945 el país se consolidó como el primer exportador y tercer productor de petróleo del mundo, lugares que ocupara en la economía mundial hasta principios de los años setenta, cuando Arabia Saudita se convierte en el primer exportador mundial de hidrocarburos. Éstas son tres décadas (1940-70) en las cuales el país lleva a toda su plenitud un patrón de desarrollo centrado en el uso de los crecientes ingresos petroleros percibidos por el fisco, tanto por mayor volumen de exportación hasta alcanzar el máximo en 1970, como por mejoras en la participación fiscal. En realidad, Venezuela progresó enormemente en términos económicos y sociales entre 1925 y 1970. La economía creció un extraordinario 7,1 promedio anual durante estos 45 años.

II

Desde el punto de vista de los ingresos petroleros, la junta Militar se encontró al principio en una situación desventajosa. Por la época del Golpe de Estado de 1948, la producción mundial superó a la demanda y se presentó el problema de la superproducción. Además, el tiempo añadió, por primera vez, una dificultad especial. Gran parte del petróleo pesado venezolano se vendía como combustible en la costa oriental de los Estados Unidos, pero el invierno de 1948 - 1949, inusitadamente benigno, disminuyó grandemente la demanda de combustible "Bunker C", principal producto obtenido del crudo de la hoya de Maracaibo. El precio medio de este combustible entre junio y noviembre de 1948 era de 2,50 dólares por barril, pero hacia junio de 1949 había bajado a 1,15 dólares. El resultado fue que las exportaciones de petróleo fueron 25% menores durante los cuatro primeros meses de 1949 que en el mismo período de 1948. La expansión fue frenada y las compañías se atrincheraron e impusieron programas de economías. Edwin Liuewen, nuestro consultor en este tema, describe que la mano de obra, que era de 58.418 en 1948, se redujo en casi 10.000 hombres durante 1949. Los ingresos del gobierno se redujeron. Las ventas y la producción comenzaron a aumentar a finales del año, pero la producción total de 1949, en vez de mostrar el ritmo de aumento promedio de 164.383 barriles diarios en los cinco años anteriores, fue aproximadamente un 2 por ciento menor que la de 1948.

Con la amenaza de la superproducción llegaron de los Estados Unidos noticias sobre el establecimiento de un nuevo arancel petrolero. –No tenemos amigos, tenemos intereses, es uno de los slogans recurrentes de EE.UU.- Los productores norteamericanos, que habían disfrutado de su propio apogeo de la postguerra, se vieron también obligados a disminuir la producción,-pero esperaban mejorar su mercado interior prohibiendo la importación de petróleo extranjero. Gosset2, representante de Texas, propuso que se duplicase el arancel, y el senador de Oklahoma, Thomas, quiso limitar las importaciones a la antigua cuota del 5 por ciento fijada por el acuerdo de 1939 entre Estados. Unidos y Venezuela3. De nuevo los productores de carbón estadounidense se unieron a la campaña contra la importación de petróleo extranjero.

Venezuela –refiere Liuewen- reaccionó rápidamente. Las compañías restringieron los envíos a los Estados Unidos con la esperanza de que el Congreso terminase su período de sesiones sin haber actuado; el gobierno venezolano envió una misión a Washington para intrigar en los medios políticos contra el arancel propuesto, y un grupo de hombres de negocios caraqueños fue a los Estados Unidos para ver lo que se podía hacer. Apelaron a los Estados Unidos en nombre de los patriotas venezolanos, pero lo que les preocupaba verdaderamente era su enorme negocio de importación, que dependía exclusivamente de las divisas petroleras. Se dirigieron principalmente a los fabricantes de Illinois y de Michigan, a los que Venezuela compraba productos duraderos por millones de dólares al año. Amenazaron con que una reducción en la importación del petróleo por los Estados Unidos significaría una reducción igual en las exportaciones de productos manufacturados de los Estados Unidos a Venezuela. Las casas comerciales venezolanas tenían indudablemente un gran interés en la prosperidad del petróleo. ¡Ya en esos años el parasitismo de la burguesía importadora venezolana era notoriamente escandalosa!, pero ¡estábamos en Dictadura!

Durante todo el año 1949 y primeros meses de 1950, la industria petrolera venezolana predijo una crisis. Además de la institución de programas económicos, del despido de obreros y de la interrupción de la prosperidad de la postguerra, estaba preocupada con las condiciones futuras del mercado4. No solamente existía una amenaza inmediata para los mercados europeos de Venezuela procedente del petróleo más barato del Cercano Oriente, sino que era probable también que los campos recientemente descubiertos en Canadá podían amenazar los mercados del Hemisferio Occidental en un futuro próximo. La imposición por los Estados Unidos de un arancel sobre el petróleo incitaba al desastre.5

En junio de 1950 todas las preocupaciones desaparecieron como por arte de magia. La Guerra de Corea significaba la preparación para otra guerra. Después del estallido de ésta, las compañías comenzaron a sentir grandemente la necesidad de nuevas concesiones, pues el gobierno venezolano no había otorgado ninguna desde 1945. Aunque la junta Militar parecía no haber dudado sobre las posibilidades de la economía para absorber crecientes cantidades de divisas petroleras, no adoptó medida alguna en este apremiante asunto. Sin embargo, el máximo de producción constituyó una vez más la política de las compañías, y el empleo aumentó rápidamente. Hacia fines de 1950 se extrajeron 1.622.341 barriles diarios. El total del año fue de 542.000.000 de barriles, 60.000.000 de barriles más que en 19496. Las perspectivas del mercado eran aún más brillantes en 1951. Aunque la crisis de Irán –el Presidente Mossadegh nacionalizó la industria petrolera iraní en 1951 y fue depuesto un año después por un Golpe de Estado organizado y financiado por la CIA- apenas afectó a los mercados venezolanos (la pérdida se cubrió con los países vecinos del Cercano Oriente), durante el año se abrieron 1.216 pozos nuevos (en comparación con 673 en 1950) y la producción aumentó a 1.704.000 barriles diarios. La expansión continuó durante 1952; la producción de este año fue de 1.797.260 barriles diarios.

El 10 de enero de 1951 la junta Militar creó el Ministerio de Minas e Hidrocarburos para ocuparse del petróleo –hasta entonces manejado por el Ministerio de Fomento- y los vastos depósitos de hierro del Sur del Orinoco. pero la tremenda importancia de la industria había aconsejado hacía tiempo un ministerio independiente que se ocupase de ella.

Nuevas refinerías, construidas según los acuerdos firmados bajo Medina, empezaron a funcionar durante 1949 Y 1950. En Punta Cardón, en la península de Paraguaná, la Shell abrió una instalación de 60.000 barriles diarios, y la Creole otra de importancia semejante en la bahía de Amuay. En Puerto la Cruz, en el Este, la Sinclair y la Gulf comenzaron a poner en funcionamiento refinerías para 35.000 y 30.000 barriles. Estas cuatro, más las de la Shell en San Lorenzo y de la Creole en Cariñito, elevaron la capacidad de refinado en Venezuela a más de 300.000 barriles diarios. Esto representaba menos de la quinta arte del total de la producción de crudo y menos de la mitad de lo que se refinaba en las Indias Occidentales Neerlandesas, pero la clase política del momento consideró que se había realizado un gran avance. Los acuerdos concluidos por Medina triplicaron el refinado en el país.

Otro importante objetivo de Venezuela, convenido entre la industria y la Junta Militar, fue el dragado de la Barra de Maracaibo. Desde la época de Gómez este proyecto había constituido un deseo nacional que las compañías no tuvieron interés en fomentar después de que establecieron su sistema de petroleros de escaso calado para el lago. El gobierno, a cambio del permiso para construir un oleoducto desde el Oeste del lago a la Península de Paraguaná, solicitó y obtuvo el apoyo financiero de la industria para el proyecto de apertura de la barra. Los venezolanos esperaban que esto estimulase a la agricultura y a la industria de la hoya de Maracaibo. Cuando el proyecto estuviese acabado, los exportadores de café de Los Andes, por ejemplo, tendrían un puerto de gran calado cerca de las tierras de Bobures a orillas del Lago Maracaibo.

1 Miembro de N° de la Academia de Ccias. Económicas del Estado Zulia.

2 Ed Lee Gossett, doctor en leyes, fue elegido en el Congreso como demócrata en siete períodos sucesivos y sirvió desde el 3 de enero de 1939 hasta su renuncia el 31 de julio de 1951. Se reincorporó a la práctica de la ley y fue fiscal general de Texas Southwestern Bell Telephone Co .. Se desempeñó como juez de la Corte de Distrito de lo Penal, de Dallas, Texas, hasta su muerte el 6 de noviembre de 1990.

3 El Heraldo, del 24 de marzo de 1950

4 Ídem.

5 Declaración sobre los problemas petroleros del ministro Manuel Egaña en El Heraldo, 2 febrero, 1950, pág. I.

6 Century Petroleum Statistics (Dallas), 1951

 

 



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César Eulogio Prieto Oberto

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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