Amargura Vs. pasión

Congeniar con la doctrina emancipadora de Simón Bolívar conduce a la adopción emocional de cualquier sistema político, económico social y cultural fundado en tal doctrina, debido a la aceptación a priori de sus premisas. Por eso la defensa apasionada del sistema plasmado en la Constitución por parte de la Revolución Bolivariana: Venezuela es un Estado democrático y social de derecho y de justicia, que propugna como valores superiores la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social, la preeminencia de los derechos humanos y la ética.

De esta manera, los argumentos racionales de la Revolución Bolivariana se entrelazan con la pasión que imprime en pro de la Constitución y con las acciones justificadas por la coherencia operacional de su sistema argumentativo. Por tal motivo es rechazada por la burguesía esgrimiendo que la razón está por encima del fundamento emocional desdeñado por concebirlo una limitación de la subjetividad humana; de lo cual surge esa notoria diferencia entre la pasión y la alegría que caracteriza a la izquierda revolucionaria vs la amargura y la tristeza de la derecha contrarrevolucionaria.

Por otro lado, las ideas, el discurso y el lenguaje igualmente se entrelazan con la emoción, porque se asocian con la coordinación de las acciones emprendidas en consenso; de allí que la convivencia y el amor constituyen las interacciones recurrentes que fundan el sistema social construido por la Revolución Bolivariana con las Misiones y Grandes Misiones. Sistema que también rechaza la burguesía. Por tanto, no se puede esperar de ella un lenguaje compartido y mucho menos el diálogo de convivencia; peor aún, cuando se aparta definitivamente de tales valores al aprobar en la Asamblea Nacional, una ley que irrumpe contra la vida, la justicia y los derechos humanos, vulnerando esa convivencia social que la Revolución ha instaurado en Venezuela, compartiendo actividades humanas cooperativas.

Hay que entender que las relaciones sociales promovidas por la burguesía no son humanas, porque no se fundamentan en la operacionalidad de la aceptación mutua; especialmente cuando odia al pueblo, a los más necesitados, a los afrodescendientes y a las víctimas de la violencia que ella genera. Por eso resulta una clase social fundada en otras emociones distintas del amor; no constituida como comunidad social, cuando emprende otros tipos de acciones totalmente alejados del compartir, de la cooperación y la solidaridad.



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Sergio García Ponce

Ex-vicerrector de Desarrollo Territorial de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV).

 sagarciap@yahoo.es

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