Ser Chavista como insulto (I)

El insulto, como elemento del lenguaje, tiene mucha historia. Sin duda, insultar forma parte de la cotidianidad comunicativa de los hombres y las mujeres que vivimos en sociedad. Sin embargo, a nuestro parecer, no insulta el que quiere, sino el que puede. Tengamos presente siempre esto.

La palabra en sí misma no insulta.

Lo que insulta es la relación de la palabra con una realidad dada. Es decir, si alguien me dice "bruto" yo puedo sentirme insultado o no, todo depende de la percepción que tenga sobre mí mismo. Si estoy seguro que tengo conocimientos entonces ese calificativo no logrará insultarme, ahora, si considero que tengo muchas falencias intelectuales seguramente esa palabra logrará agredirme profundamente. No importa la intensidad con que se exprese el insulto, lo puedo gritar si quiero, pero si no tiene relación directa con una debilidad del otro que quiero insultar, sencillamente no insultará.

El insultar es un ejercicio de inteligencia.

Como vemos, no importa el gañote que tengamos o el arsenal de groserías que nos sepamos, aquí lo importante es identificar al otro, reconocerle debilidades y apuntarle decididamente al orgullo. Charles Chaplin, ese magnífico artista, insultó profundamente a Oligarcas y Burgueses de su época. Y fíjense, no le hizo falta una sola palabra.

Insultar Políticamente.

El insulto forma parte del hecho comunicacional. Y por ende, es un elemento fundamental a la hora de enfrentar a los adversarios en la arena política. Generalmente, en política, los insultos se inventan en furor de los acontecimientos cotidianos: "Asesinos, Cobardes, Capitalistas, Ñangaras, etc". Sin embargo, Hugo Chávez, el maestro, fue más allá.

Mi propio nombre como insulto.

Imagínense que los insulten llamándolos por su propio nombre: ¡Carlos! ¡Julio! ¡Pedro!. A nuestro parecer, esta es la forma de insulto más terrible que puede existir, pues esto implica un desplazamiento simbólico-semántico de la identidad del otro para darle paso a un sentido negativo. Insultar con el propio nombre de tu adversario, ¡INCREIBLE!

¡ADECO!

Ser adeco era el peor insulto que nos podían decir hace 17, 14, 12 10, 8, 6, 4 o 2 años. Chávez, el maestro, logró mover el sentido semántico de la palabra adeco (que, cabe destacar, era sencillamente el de militante del partido Acción democrática) y lo convirtió en un símil de alguien que es afín a la corrupción. Tanto así, que decir Adeco era lo mismo que decir Corrupto.

¡ESCUALIDO!

Este calificativo, que en principio fue lanzado como una descripción concreta de nuestros adversarios (débiles, poco numerosos) luego pasó a convertirse en la etiqueta que los definía. ¡Imagínense! El adversario te asigna tu propio nombre. Tan atinado fue el insulto que la oposición venezolana tuvo que asumir el calificativo y autodefinirse desde allí. ¡SOMOS ESCUALIDOS!

LA PREGUNTA: ¿Ser Chavista se convertirá en un insulto?



Esta nota ha sido leída aproximadamente 1368 veces.



Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter