Libertinaje

Es cierto que en este país no existe libertad de expresión. Y digo que no existe porque el ejercicio de la libertad presupone una condición indispensable, que es el respeto.

Si alguien ejerce libremente un derecho que tiene consagrado, pero a la vez, con esa acción, daña el derecho de otro, su comportamiento no tiene nada que ver con la libertad, sino con el libertinaje.

Todo derecho implica un deber. Por ejemplo, existe el derecho al libre tránsito, pero también el deber de cumplir la normas de circulación, de pararse cuando se prende la luz roja, de respetar los pasos de peatones y de no cruzar en dirección prohibida. Si esto no se cumple, con la excusa absurda de que esas normas estarían limitando el derecho al libre tránsito, lo que sucedería es el caos total.

Pues bien, algo así, más o menos, es lo que ha venido pasando en los últimos tiempos con el derecho a expresarse libremente. Los abusadores lo han convertido en un caos.

DENUNCIO QUE NO ME DEJAN HABLAR

Es casi ridículo ver a los más contumaces libertinos denunciar casi a diario, en sendas ruedas de prensa que reciben la cobertura de la mayoría de los medios nacionales y regionales, decir que en este país se viola la libertad de expresión.

Estas ruedas de prensa son ridículas, porque por esencia contradicen el objeto de la denuncia. Basta simplemente con encender algunos canales de televisión o algunas emisoras de radio, en las cuales, independientemente del horario que se escoja, el único mensaje que se transmite es su odio visceral a cualquier cosa que venga del gobierno.

Pero lo peor no es la ridiculez. Lo peor es la manipulación.

BATALLA ÉPICA… Y PREVENTIVA

Como no consiguen algo serio de qué hablar, como no tienen un mensaje de fondo que pueda ser interesante para el común denominador de las personas, como no encuentran un líder que medianamente pueda sintonizar con el sentir popular, necesitan, en el medio de su desesperación, inventarse el guión de su propia película.

Obviamente, tiene que ser una película maniquea y cursi, en la cual los buenos (que obviamente son ellos) se defienden de los malos malísimos (que son todos los demás), librando una batalla durísima, dificilísima, complicadísima, desesperadísima, en contra de un tirano violador de derechos humanos.

La verdad es que a ellos les hubiera ido mejor si realmente Chávez les hubiera dado, aunque sea, una excusita. Lo han tratado de provocar de miles de formas, esperaban la reacción que tuvieron ellos durante las 36 horas de su gobiernillo de facto: deteniendo gente sin orden judicial, incomunicando a los detenidos, aplicando la pena de muerte a discreción (48 personas fueron asesinadas por los sicarios del dictadorzuelo y su comparsa en el ratico que se sintió presidente), cerrando medios de comunicación. En fin, ¡cuánto hubieran dado para que el presidente constitucional hubiera hecho algo de eso!.

Pero bien, como no encontraron la excusa tradicional, han inventado ahora aquello de que no es que se violen los derechos, sino que estos están amenazados. Es decir, no es que se viole la libertad de expresión, sino que esta está amenazada. Algo que suena muy parecido al cuento aquel de la guerra preventiva. La lógica del imperio y sus asalariados que, cuando quieren invadir países y matar niños, inventan una supuesta amenaza para justificar sus “tormentas del desierto”.

EL PECADO

Como los esfuerzos realizados para que Chávez les diera alguna excusa no les resultaron, entonces emplearon otra estrategia.

Comenzaron a usar su poder mediático para publicar cuanta mentira descarada se les pudo ocurrir, en contra de cualquiera que estuviera identificado con el trabajo revolucionario. El honor, la verdad, el derecho a réplica, la verificación de las fuentes, desaparecieron por completo, para dar paso a la mentira, a la difamación y a la infamia.

De igual manera, el concepto de servicio público de los medios de comunicación se esfumó, conformándose una especie de secta que consideró que había un sólo programa de interés nacional, titulado “Chávez vete ya”. Para ello no importaba transmitir cualquier barbaridad en un horario en que la mayoría de los niños carecen de la supervisión de un adulto. Las escenas de violencia y los llamamientos claros a irrespetar las leyes de orden público se convirtieron en la propaganda necesaria para echarle leña al fuego.

Entre la inmensa cantidad de difamados hubo algunos que se dieron cuenta del plan, y sencillamente no pisaron el palito, dieron media vuelta y siguieron adelante, dejando que los muertos enterraran a sus muertos. Pero otros, ofendidos como es lógico, decidieron actuar de acuerdo a lo que establecen las leyes en nuestro país.

Los juicios privados comenzaron a correr y como era razonable, favorecieron a los agraviados. Por otra parte, la sociedad en su conjunto discutió una ley que básicamente tenía como objetivo devolver a los medios su condición de servicio público y, especialmente, garantizar los derechos que tienen los niños y los adolescentes en cuanto actores comunicacionales.

Y más vale que no. “¡Sacrilegio! ¡Anatema! ¿Quién se ha atrevido a tratar a los miembros del otrora llamado “cuarto poder” como gente normal, con derechos y deberes, con la obligación de cumplir las leyes de la república como cualquier otro ciudadano? ¿Quién se ha atrevido a desconocer el salvoconducto que hasta ahora tenían los llamados “comunicadores” para hacer lo que les viniera en gana, sin que nadie pudiera denunciarlos por ello?”

EL MARTIRIO

Por supuesto, con la necesidad pavorosa de encontrar alguna forma de hacer creer que su lucha tiene algún sentido, entonces los mentirosos, difamadores y manipuladores, que han sido encontrados culpables de estos delitos, volvieron a utilizar sus poderes comunicacionales para vender la especie de que son unos perseguidos por un régimen que no los deja trabajar.

La victimización se colocó a la orden del día y, les gustó tanto la cosa que, aquellos que no habían recibido un juicio, por lo que fuera, se sintieron desgraciados en su suerte. Tener un juicio, independientemente de que este se adelantara por haber mentido descaradamente, dañando el honor de alguna persona, significaba recibir el bien más preciado que estos individuos podrían tener: ¡más minutos en televisión!

EL ERROR

Claro, todo este plan tan bien pensado funcionaría, si a este país se le siguiera manteniendo en el analfabetismo, si más del 50% de la población no estuviera estudiando, si la gente siguiera peregrinando por horas para que le atendieran una simple fiebre o una diarrea, si más del 20% de la población continuara desempleada, si la inflación superara el 80%, si la gente no pudiera comprar los alimentos básicos porque se encuentran a precios inalcanzables, si nunca se hubiera dado un proceso de concientización política a través del cual todo el mundo tuviera claro que lo que sucede en este campo no es materia exclusiva de los partidos, sino que es un problema de todos, por lo que debemos participar de manera protagónica.

Si siguiéramos viviendo en aquella Venezuela, la manipulación funcionaría, como funcionó por cuarenta años. Pero resulta que no es así, que el país ha cambiado, pero lo que pasa es que hay algunos que todavía no se han dado cuenta.

mphelnacional@yahoo.com


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Mary Pili Hernández

Ex-ministra de la Juventud, ex-viceministra de Relaciones Exteriores para América del Norte, y ex-concejal por el Municipio Libertador. Cristiana, Periodista, Socialista, Bolivariana, Antiimperialista y Chavista.

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