¿Qué podrían hacer las tres Américas para pacificar los ánimos europeos? Muchos americanos respondieron: mantener la neutralidad. Algunos contestaron: mantener la unidad continental y arbitrar entre las naciones, o proponer las bases para la paz. Otros abogaron por la colaboración mediante armas y hombres para abreviar la guerra. Es por ello, que la idea de neutralidad nacional fue propuesta hace tres siglos por el holandés Hugo de Van Groot, en su obra tan notable que lleva el título "Del Derecho de la Guerra y de la Paz". Bélgica, Holanda y Suiza, naciones que han adoptado una proverbial actitud no beligerante, han encarnado el principio de neutralidad.
Cabe destacar, que la gestación de esa misma actitud de parte de América comienza desde el momento en que se preparaba la emancipación de las potencias dependientes del Antiguo Mundo. Sería muy extenso enumerar la larga nómina de pensadores de las tres Américas que favorecieron y difundieron el concepto de neutralidad continental.
El presidente de los Estados Unidos, Monroe, proclamó en 1823 la doctrina americana referente a las potencias europeas y sus colonias en el Nuevo Mundo. En varias oportunidades el gobierno de los Estados Unidos repitió oficialmente la doctrina Monroe, que fue invocada en 1870 frente a Francia por el presidente Grant. El principio de no ingerencia de los estados europeos en América fue reiterado en términos muy definidos por el canciller argentino Luis María Drago. "América para los americanos" ha sido una cuestión fundamental en las cavilaciones de los Congresos Panamericanos realizados en Washington (1889), México (1901), Rio de Janeiro (1906), Buenos Aires (1910), y Santiago de Chile (1923).
Durante la VI Conferencia Panamericana que se efectuó en La Habana en 1928 fue aprobada la neutralidad marítima. Las reglas internacionales de neutralidad fueron elaboradas por las dos Convenciones de La Haya, y están contenidas en la declaración de Londres de 1929. Nueva consideración se prestó a diversos problemas más continentales en la Conferencia Interamericana de Montevideo en 1933.
El lema de América para los americanos es tildado de egoísta por algunos pensadores que proponen el de "América para la humanidad" que fue el lema sustentado por el estadista argentino Roque Sáenz Peña en la primera conferencia de Washington. De cualquier manera, es bueno recordarlo, América es un miembro de la familia de los grandes pueblos, y así como la actitud de una nación puede comprometer a todo un continente, del mismo modo, la suerte de un continente puede afectar a toda la humanidad.
Esto es lo que parecería olvidar el gran americanista José Vasconcelos cuando pretende, en las páginas de "La raza cósmica", que América Latina, al fusionar la sangre de pueblos que proceden de todos los continentes, llegará a formar la raza definitiva y salvadora de la humanidad.
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