Pueblo diputado: Quitar las ramas para verlo todo claro

Deseo exponer ante el lector del presente artículo reflexivo algunas interrogantes, o mejor dicho, angustias que no dejan dormir a más de uno; veamos las posibles razones:

 

  • ¿Ser diputada o diputado; para qué?
  • ¿Se debe elegir a un vocero que esté sustentado en la mera obediencia?

 

Estas preguntas están relacionadas con lo que todos sabemos: el Presidente obrero Nicolás Maduro, recientemente, específicamente el martes 3 de febrero, convocó a las bases de Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) a que nos midiésemos en primarias abiertas para que el 7 de junio del presente año (2014) se tenga conformada la lista de los jugadores que saldrán al terreno de juego. Convocación precisa a fin que nosotros, el pueblo chavista, descubramos –para luego elegir– a los más sobresalientes candidatos a las elecciones parlamentarias previstas para finales de este victorioso año 2015. Hemos resaltado en negritas el adjetivo “sobresalientes” en el mejor sentido socialista, es decir, un ser eficiente en cumplir las órdenes que Chávez nos dejó, y a su vez, comprometido hasta los tuétanos con la gesta revolucionaria que nuestro líder eterno inició el 4 de febrero de 1992.

Ahora bien, prosiguiendo con el contenido primario que daría respuesta a las preguntas antes planteadas, expondré, de manera bastante resumida, cómo debería ser el perfil sicológico y el accionar social de un vocero parlamentario; para qué y por qué de su acertada selección por las UBCh; esto, más allá de lo establecido en la Carta Magna y en los lineamientos normativos que definen en forma precisa el funcionamiento y las competencias en materia legislativa referente al Poder Nacional.

Uno de esos actos sería el referido a los “alrededores” que circulan frente a un informe de gestión de lo que se autorizó, aprobó, etcétera, elementos que pueden colocarse en cualquier papel que, como toda hoja en blanco, soporta cuanto se escriba sobre ella. En otras palabras, la actividad parlamentaria no puede centrarse en un informe de memoria y cuenta para satisfacer determinada conducta predefinida en los manuales procedimentales, sino que va mucho más allá, el germen debe estar en la unión física y mental entre pueblo elector y candidato, o mejor dicho, tal como titulé este artículo: que el pueblo elija, pero que sea el mismo pueblo el diputado a elegir. Lo cual nos lleva, obligatoriamente, a una nueva interrogante:


¿Cómo hacer que el pueblo sea el diputado a elegir?

Entendiéndolo como la relación posible de hacer cada vez más por la mayor cantidad de compatriotas, por los temas que aprietan a la realidad de cada sector o región, de pasar la muralla del eslogan y velar por tener la acción humana del Comandante Chávez por resolver, ayudar y sumar. Pues debemos escoger evaluando los valores que superan cualquier profesionalismo o academicismo, que sobrepasa a cualquier político orgánico, pico de plata, vestimenta o equipo eficiente en consultoría política. Los valores de los que serán escogidos deben tener lo más destacados y puros razonamientos de esas comunidades.

Un diputado o diputada sería alguien escogido, evaluado y destinado para que no se le olvide a quién debe obediencia: a un pueblo que lo escogerá para que lo haga mejor del que lo haya hecho bien. A un pueblo local-nacional que necesita avanzar y exterminar las traiciones directas e indirectas, el olvido doloroso que sienten los huérfanos.

El ser de un futuro diputado o diputada debe saberse en los problemas que aún aquejan a nuestras comunidades, pues, estos, le deben tallar el alma, la conciencia, la humanidad…

En consecuencia, los que digamos “yo quiero ser diputado”, “todos somos diputados”, debemos pasar por la evaluación, la reflexión de los complejos problemas que nos abruman hoy día. No queremos al diputado que duerma en su curul o se ausente –la bancada de la derecha es experta en ello–, o para pedir la palabra en representación de todos para solo señalar lo imbécil de los errores de los demás, sino para que disponga en su manos una posible solución a cualquier impedimento o traba. Entendamos que los problemas, grandes o chicos, se resuelven trabajando, solo con trabajo se puede ayudar sin miramientos y complejos.

Por lo tanto, el diputado debe hacer, diez veces hacer, desde los valores del trabajo, desde los principios ejemplarizantes de lo humano; el trabajo no para sí mismo sino para los otros que han depositado sus esperanzas en él. Por ejemplo, en la zona de donde soy natural, oriundo, los diputados elegidos deben orientar sus esfuerzos, la discusión, al debate por la industrialización de este eje de desarrollo (legislar sobre ello), zona estratégica como lo es el estado Portuguesa; específicamente, en agricultura, ganadería e industria.

En estas tres líneas, señaladas con caridad por nuestro Orlando Araujo en su libro publicado por el Banco Central de Venezuela titulado: La industrialización en Venezuela, indica que en un mediano y largo plazo podemos modificar lo que acertadamente denominó “industrialización de las importadoras”, de los comerciantes sin amor a la bandera. Sin duda, inconvenientes principales de que aún la Patria sea mono productora y rentista en pleno siglo XXI.

 

En síntesis, y por ahora digo: hombres y mujeres, familia toda, nos corresponde la gran tarea de despertar la voluntad de industrializar, con principios socialistas, a toda costa, de escoger a los voceros que se comprometerán con ello desde la base solida del amor a un proceso de liberación, proyecto liderado por el espíritu de los libertadores y libertadoras.

Seleccionemos a los diputados que sepan formar, sembrar; no que de buenas a primera nos esterásemos que le han caído ácaros al compromiso empeñado, que veamos podrirse con el primer riego de siembra, sino que sepa meterse de barriga en la cueva de los problemas, ararlos caminando con el que sabe resolver: el pueblo de Bolívar y Chávez. Sin acomodos, que entienda el hecho de juzgar de forma determinada.

El compromiso es claro, debemos elegir una nueva legislatura que busque el “ejercicio efectivo y eficiente de la función parlamentaria”. La bancada de los compañeros y compañeros que llevan nuestras voces lo han hecho dignamente, han trabajado sin descanso y han jugado un papel determinante contra los golpes rapaces de los demonios internos y externos que están en contra del proceso bolivariano.

El Estado, el pueblo revolucionario, reconoce que nuestros diputados del periodo 2011-2015 han creado un desarrollo legislativo acorde con los cambios revolucionarios que ha demandado el país. Se han mantenido con la vinculación permanente con sus electores, atendiendo sus opiniones y sugerencias. Eso es un valor aprendido que debe seguir practicándose por los revolucionarios.

No obstante y toda vez que se avecina la fecha de selección de quienes estaremos en el Parlamento para ser la voz y presencia de la colectividad que nos eligió, proponemos la siguiente actividad para todos los que crean poder defender, ayudar y hermanar a quienes los eligieron: cada futuro diputado (a) debe, previamente y en acto solemne registrado en actas, realizar un compromiso escrito con la comunidad respectiva, donde él o ella escribirán de puño y letra (no de computadora) hasta donde se comprometen a hacer durante su función por el pueblo que los eligió. Tal documento, en manos de los consejos comunales, de las UBCh, de los colectivos socialistas de dicha región, servirá a muchos para objetivos de primer orden:

1) Obligar moralmente al diputado una vez que asuma sus funciones.

2) Servir de respaldo o  basamento indiscutible para solicitar su revocación.

3) Evitar que un diputado le dé la espaldas al pueblo que lo eligió y pueda saltar la talanquera (para ello el prediputado deberá hacer un compromiso a una renuncia plena a sus funciones pública de que su traición al partido le ocasionará su salida inmediata y que para ello autoriza a la bancada socialista tomar tal actitud traicionera como elemento principal para su sustitución).

En otros sucesivos artículos detallaremos este proceso de cómo debiera ser este proceso de renuncia anunciada.

Por los momentos, les deseo salud y prosperidad a todos los electores de los municipios Páez, Agua Blanca y San Rafael de Onoto, y un abrazo con la reflexión final: en nuestras manos está mejorar el proceso establecido por el gigante durmiente del Cuartel de la Montaña.

 

¡Es cierto, Chávez y Robert viven!



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Juaníbal Reyes


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