El llanto viene con gritos

Estimados y apreciados lectores, les confieso que no tenía muchas ganas de escribir esta semana, me había comprometido a recorrer, junto a Margarita López Maya, el trayecto que va “del Viernes Negro al Referéndum Revocatorio” del 15 de agosto de 2004. A pasos apurados y con ánimo y apetito voraz de lectura fresca, emprendí la marcha de quince capítulos, equivalentes a casi cuatrocientos kilómetros, dispuesto a no detenerme hasta delinear cada uno de los planteamientos y argumentos expuestos en la nueva publicación que nos ofrece esta investigadora venezolana.

Apenas iniciado el recorrido en compañía de la autora invitada, en el trayecto empiezo a escuchar voces que susurran el miedo que producen las elecciones presidenciales de 2006. A medida que avanzamos, el lloriqueo de los grupos opositores se hace mas intenso y dramático, casi convulsionan quejándose por el “río” humano que desbordó la avenida Bolívar en la ciudad de Caracas el pasado 4 de febrero. Por otro lado, surgen los gritos histéricos y desgarrados de los imperios exigiéndole al bravo pueblo bolivariano de Venezuela que se someta íntegramente a sus designios hegemónicos. Precisamente, esas pretensiones imperialistas hacen que me detenga para redactar estar reflexiones y compartirlas con todos ustedes.

Esos llantos, esos gritos llenos de histeria no vienen por separado, son parte de una estrategia y una orden dada desde el norte: “Lloren bastante mientras yo grito”. Pero por más gritos y por más océanos de lágrimas que derramen, en Venezuela hay una realidad política que se desarrolla en un marco institucional legitimado y apoyado por una gran mayoría de la población venezolana.

Es por ello que hoy, como ayer, sostengo que la derrota de la oposición en las elecciones presidenciales de diciembre próximo es inevitable y que se trata, en definitiva, de un entierro final.

Ante esa realidad (verdad) irreversible, los derrotados destellan un odio profundo por la democracia, las instituciones y el Estado de Derecho. A partir de esa frustración, que ya es crónica en ellos, pretenden generar una dinámica belicosa y de engaño para estrangular el escenario electoral y clausurar el evento presidencial. Este planteamiento sobre la conducta irracional de los grupos opositores al proyecto revolucionario no es una hipótesis nuestra, sino que nos apoyamos en sus antecedentes de violencia contra el actual sistema político.

Obviamente, las elecciones presidenciales de diciembre representan para los grupos opositores la última batalla. De allí el desespero, la rabia y la frustración de no poder construir un liderazgo que pueda convertirse en una opción valida y con respaldo del pueblo. Esa posibilidad de respaldo luce difícil y lejana, pues ahora hay en el país una mayor conciencia y una elevada cultura política de los ciudadanos. Gracias a esos niveles de racionalidad política el pueblo venezolano ha venido avanzando en la construcción de sus propios espacios de participación, que le permiten una relación mas directa con el proceso de transformación que se desarrolla desde el seno de las propias comunidades.
*Politólogo.
Email: eduardojm51@Yahoo.es


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Eduardo J. Marapacuto*


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