Rosales: ¿Zulianidad o secesión?

La crisis electoral, el terremoto político que pretendió generar la derecha fascista con su sorpresiva retirada de la contienda comicial del 4 de diciembre –pese a las 14 concesiones que les dio el CNE, incluyendo el insólito, absurdo e ilegal retiro de las máquinas capta huellas– forma parte de lo que se ha llamado golpe electoral, es decir, tratar de que fuesen suspendidas las elecciones y dejar al país sin poder legislativo constituido, se deslegitimaría el Consejo Nacional Electoral y habría un vacío de poder legislativo y electoral.

Su crisis no fue de un solo golpe, sino poco a poco, por gotas, repitiendo el esquema de los militares golpista que desde febrero de 2002 comenzaron a desertar, desconociendo al presidente Chávez. De los últimos en anunciar la renuncia de los candidatos de su partido regional fue el golpista gobernador del estado Zulia, Manuel Rosales.

Quizás el que menos autoridad moral tenía para hacerlo, este torvo personaje y oscuro personaje, lo hizo criticando, por ejemplo el uso de las capta huellas –que ya habían sido erróneamente retiradas por el CNE– olvidando que él fue electo con los electores utilizando esa tecnología. En su lenguaje cantinflérico, sinuoso, aparentando la majestuosidad de un estadista, evidentemente produjo una ruptura con el modelo democrático que emana de la Constitución Bolivariana. No sólo retiró los candidatos a diputados de su organización política, virtualmente retiró al Zulia de la composición de la venezolanidad, antepuso subliminalmente a eso que llaman zulianidad al sentimiento nacional, apeló a una especie de chovinismo regional para justificar su decisión que, evidentemente forma parte del denunciado golpe electoral en pleno desarrollo. Su conducta de ese momento era como si un presidente se dirigiera a sus ciudadanos. Todo el tinglado montado, la parafernalia y el amenazante discurso donde solicitaba la suspensión de las elecciones parlamentarias y la sustitución del CNE por una Junta –¿de gobierno? – que discutiera, en ausencia de la Asamblea Nacional, los pormenores de las políticas electorales de un nuevo país.

Si aceptamos que el retiro de los partidos tradicionales y sus nuevas expresiones –AD, Copei, Proyecto Venezuela, Primero Justicia– forma parte de una estrategia subversiva de largo alcance y dentro de esa estrategia están las pretensiones secesionistas del imperialismo norteamericano y de la oligarquía zuliana que, sin ningún recato, obedece las órdenes y lineamientos que a través de la Embajada de los Estados Unidos les llega, debemos aceptar que los intentos secesionistas van a arreciar en el 2006. Va a producirse una sinergia de todos los sectores subversivos y golpistas que convergerán en el Zulia para tratar de apuntalar esa posibilidad. Esa es la carta más fuerte del plan golpista impulsado por el imperialismo, cuya fase más fuerte fue la actitud del gobernador Rosales.

Ya el actual embajador y yanqui se ha referido al Zulia como una nación independiente. No imaginamos a un conspirador como ese cometiendo una ligereza de esa magnitud, en todo caso reveló a destiempo su estrategia, pero estamos convencidos que por allí van los tiros si no se desmonta a tiempo el complot de pretender desgajar al Zulia del resto del país.

La zulianidad es una expresión que hoy va más allá del simple regionalismo federal, ella implica, en los sectores fascistas que impulsan ese concepto como política, un sedicente sentimiento es esos minoritarios sectores que quieren hacerlos mayoritarios.

(caracola@cantv.net)


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Humberto Gómez García

Director de la revista Caracola. Pertenece al Movimiento de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC). revistacaracola.com.ve

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