Los fracasos de la oposición

La estrategia golpista de la oposición reaccionaria que pretendía con su cobarde retirada de las elecciones parlamentarias crear las condiciones para deslegitimar las instituciones democráticas y facilitar una intervención extranjera, ha fracasado.

La oposición fracasó en deslegitimar a la Asamblea Nacional. Si bien se registró una alta abstención, ésta no determina la legitimidad del proceso ni su resultado, ya que como bien lo manifestara un observador electoral latinoamericano, "la legitimidad se construye con los que participan." De otra manera, las instituciones democráticas de todo el mundo estarían constantemente amenazadas, sobretodo aquellas de orden representativo como la estadounidense, cuyo sistema electoral no promueve la participación popular en las urnas por el miedo expreso a que las masas "irracionales y desatadas" tengan poco respeto por los derechos liberales individuales. Los medios internacionales concuerdan con este enfoque, y si bien destacan la alta abstención, a ninguno se le ha ocurrido deslegitimar el proceso electoral y los diputados electos. Es por ello que Súmate y sus reaccionarios voceros debieron retomar el discurso del "fraude" para fundamentar sus declaraciones iniciales en las que no
reconocían la legitimidad de la nueva Asamblea Nacional.

La oposición también fracasó en deslegitimar al CNE. A pesar de sugerir un cambio en la directiva del Poder Electoral, los informes preliminares de la OEA y UE no se cansaron de alabar la labor del CNE y desestimar las denuncias de la oposición en cuanto a la transparencia del proceso electoral. La OEA y UE elogiaron la labor de la directiva del CNE que en todo momento buscó caminos de encuentro para generar mayor confianza y garantizar la participación electoral, al punto que el director de Human Rights Watch para América Latina, José Miguel Vivanco, aseguró que con su "sorpresivo" retiro de las elecciones, la oposición no podrá "presentarse como víctima que merece la solidaridad de la comunidad internacional," desestimando así que la abstención pudiera ser un factor de deslegitimación de las instituciones democráticas venezolanas.

Por si fuera poco, la oposición también fracasó estrepitosamente en unificarse en torno a una estrategia desestabilizadora pro-estadounidense encarnada en la firmante del decreto dictatorial de Carmona, Maria Corina Machado. La estrategia golpista buscaba obligar a los partidos de oposición a orbitar alrededor de Súmate para que la administración Bush pudiera delinear estrategias, metas y objetivos, impartir ordenes de manera directa y hacerlas cumplir en todas las áreas y niveles de la política nacional. Sin embargo, el divisionismo surgió desde el primer momento del anuncio del retiro opositor, originando un enfrentamiento entre abstencionistas y "colaboracionistas", como son llamados despectivamente aquellos que rechazaron tomar el atajo golpista. Así lo demuestran las confesiones desoladoras de Isa Dobles (ND, 2-12-05) e Ibéyise Pacheco (El Nacional, 2-12-05), recalcitrantes antichavistas que después de haber sido postuladas por la "sociedad civil" y descubrir en plena campaña
electoral que su vocación no era el periodismo sanguinario sino la militancia política, se sintieron profundamente decepcionadas cuando tuvieron que retirar sus candidaturas, no sin antes expresar que el retiro de la oposición buscaba evitar el surgimiento de un "nuevo liderazgo" que ellas dicen encarnar. De igual manera, el antichavista Leonardo Carvajal (Analítica, 5-12-05) manifestó su total rechazo a la "invocación al 350 y al radicalismo simplón" que se planteó con el retiro opositor, sugiriendo así que efectivamente existía una estrategia golpista en ciernes. Esta misma percepción puede encontrarse en los últimos editoriales de Teodoro Petkoff, quien por primera vez se refiere a la "oposición democrática", diferenciando así las dos propuestas que se enfrentaron tras la retirada de los partidos de oposición. Sin embargo, quien mejor ha reflejado este enfrentamiento en el seno de la oposición es el candidato neopopulista Julio Borges (El Mundo, 7 de Diciembre de 2005), al
pronunciarse abiertamente a favor de un "nuevo liderazgo" que produzca una "renovación generacional en los partidos políticos" y se imponga sobre los cogollos de AD y Copei, partidos que forzaron la cobarde retirada. Asimismo, Borges defendió la vía electoral, al extremo de confesar que efectivamente acudió a las urnas electorales el pasado 4-D, contradiciendo así la tesis de su compañero abstencionista, Gerardo Blyde, quien señaló que la abstención había unido a todos los venezolanos en contra del CNE. Por su parte, el alcalde Henrique Capriles Radonski, rechazó la estrategia abstencionista y aclaró que no fue la desconfianza hacia el CNE lo que los obligó a retirarse de las elecciones, sino que no tenían gente para defender sus votos, por lo que a partir de ahora se articularán para no depender de otros partidos políticos. Aun cuando ésta sea una excusa traída por los cabellos para justificar la decisión de Primero Justicia en sumarse al golpe, la afirmación de Capriles Radonski
de por sí sentencia la defunción de la "unidad" opositora.

Ante los rotundos fracasos de la oposición, a las fuerzas bolivarianas se les presenta un reto mayúsculo: evitar dejarse arrastrar por el triunfalismo y la arrogancia, ser humildes con la victoria, administrar el poder y ser capaces de democratizarlo de manera horizontal hacia todos los sectores del país, incluyendo a la población que no participó en la contienda. En este sentido, los nuevos diputados de la Asamblea Nacional deberán buscar mecanismos eficaces para movilizar a los simpatizantes del gobierno que no encontraron razones para votar, y procesar las aspiraciones de una masa opositora que quedó huérfana de líderes y representación parlamentaria, sin traicionar los principios bolivarianos, pero concientes de que están representando intereses y aspiraciones de diversa índole. Solo así, se podrá consolidar la nueva Asamblea Nacional, neutralizar nuevas intentonas golpistas y garantizar la legitimidad de las instituciones democráticas venezolanas.

(*) Internacionalista


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Antonio Guillermo García Danglades *


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