Uno se pregunta si se debe combatir abiertamente contra los compañeros de lucha, camaradas revolucionarios, no solo de los partidos donde militemos y fuerzas aliadas, o combatir solo contra el enemigo, que realmente, lo sabemos, es el Imperialismo yanqui. Pareciera que es perder la perspectiva, canibalizarnos entre nosotros mismos. Sin embargo los hechos parecen exigir lo contrario. Las críticas permanentes al gobierno revolucionario, provenientes, no solo de las organizaciones que conforman el frente revolucionario al que pertenecemos, sino de los mismos militantes del partido mayoritario de esa alianza. Pues hay tanto que defender del Proceso revolucionario venezolano, que casi suena obligado asumir esa posición; dedicar tiempo físico y mental a combatir entre nosotros mismos.
Este combate tiene múltiples objetivos. Buena parte de ellas es contra las personas que provienen de la izquierda tradicional –También allí hay dos vertientes, las que abandonaron a tiempo la lucha armada y los que permanecieron en ella hasta que no pudieron más–. Que producto de su formación y experiencia, tienen la costumbre de “pontificar” sobre lo que se debe hacer. Se referirá aquí a los viejos dirigentes de una de esas tendencias. La razón de ello es; porque, debido a formación tienden a apelar más a los conocimientos teóricos adquiridos.
En esto días se pudo leer a uno de estos compañeros, que alegaba la necesidad del carácter científico que debían tener las acciones del gobierno revolucionario. Lo primero que debe decirse al respecto es que la ciencia en sí no es revolucionaria, más aun, puede ser contrarrevolucionaria. Como los es, sin duda, las investigaciones científicas y aplicaciones de la manipulación de la conducta que hace el Imperio a través del; “Nuevo Opio de los pueblos”, la televisión.
Pero yendo más allá, sabemos que se estaba refiriendo al método marxista, para el análisis de la sociedad. Al respecto se quiere opinar lo siguiente. Ciertamente el marxismo es un potente instrumento de investigación social. Pero más o menos el 90% de los escritos de Marx, son conclusiones de la aplicación del método a una realidad espacio-temporalmente determinada, que no necesariamente corresponden a otras situaciones en lugares y épocas diferentes.
Sería ideal tomar lo que corresponde en los libros de Marx al método científico –o de cualquier otro autor del que se sea partidario–, separándolo cuidadosamente de las conclusiones –que según ya se escribió, representa más o menos el 90% del contenido de los mismos, que se pueden considerar específicas–, y aplicar las categorías de él (el método) al lugar y momento que se quiere conocer. Los resultados serán, o deben ser, evidentemente, científicos.
Un ejemplo de una sorpresa que nos podemos llevar es que la Lucha de Clases, no tiene por qué resultar igual a la que Marx y otros autores hallaron en su época. Por cierto; la bandera de la Unión Soviética reflejaba una alianza obrero-campesina (la hoz y el martillo) que Lenin debió hallar en la Rusia zarista.
Hoy, los que alegan la cientificidad, hasta se atreven a considerar a la Clase Media como involucrada en la Lucha de Clases –aunque no aclaran de qué lado está, o si son “pequeños burgueses”, como pretenden descalificar, cuando les interesa, a los individuos que la conforman– sin investigar las condiciones materiales sobre las que se sustentan esas capas, ni su composición, la usan como coletilla del “cientificismo” que practican.
La aplicación del método es fácil, lo difícil es extraer de los textos las categorías que lo conforman.
Pero también hay otro infeliz “aporte" de algunos compañeros revolucionarios, de la misma tendencia que se refiere en este escrito. Sus críticas son marcadamente pragmáticas. La razón de ello es que no están tan bien formados como los más antiguos.
Al parecer uno de los alegatos a su favor es la práctica de la “santurronería”,acusando a los demás de non santos –Sin negarles que tengan razón en las acusaciones–. El problema consiste en que esos ataques tienen como fin obtener prebendas. Esto no es más que la práctica del chantaje, aquí, como arma política. La “santurronería” no puede ser práctica revolucionaria.
Karl Marx escribía que de los hombres como de la historia no hay que creerles por lo que dicen, sino por lo que hacen. Así que en lugar de estar haciéndose los santos, deben más bien serlos. Todos, no solo los voceros. Por otra parte el dirigente revolucionario Lio Sao Shi decía que los revolucionarios eran como una flor blanca en un pantano, no podían evitar mancharse de barro.
Vivimos en la sociedad capitalista, muchas de nuestras ideas son ideología (falsa consciencia) de esta Formación Social. Además de ello, la corrupción es inherente a los países “arrollados”, pues el Estado es el distribuidor de la venta del monoproducto, y allí concurren los individuos a robar. Debe ser duramente combatida, pero su desarraigo depende del cambio de las relaciones sociales imperantes.