El secreto de la explotación burguesa

Es falso que los ricos se reduzcan a un puñado

Como la burguesía sostiene y defiende la prioridad del comercio en la determinación de la ganancia, y niega la explotación dentro de ella, entonces, sinceremos ese comercio a través de la producción, de la fábrica, que es donde arranca toda actividad comercial moderna, y veamos, pues, de donde sale la ganancia.

Efectivamente, todo comienza con la compra de mano de obra, compra de la fuerza de trabajo del aslariado, es decir, de quien no puede hacer otra cosa que vender su capacidad creativa de valores. Comienza con la compra de medios de producción, máquinas, herramientas, materias primas, energéticos, etc., que es lo que finalmente paga este comerciante conocido como fabricante[1].

Con la compra de testaferros, administradores y del personal que asumirá las funciones de explotador en nombre de tal o cual compañía a anónima de ricos registrados como propietarios exclusivos del financiamiento de todas esas compras fabriles, se marca el arranque del proceso de trabajo, para luego de revender con creces toda esa riqueza anticipada ya transformada en nuevas mercancías listas o semilistas para su consumo final o intermedio.

De manera que, si bien en el supuesto negado que los apologistas del burguesismo pudieran tener razón al negar la explotación dentro de la fábrica, no hay duda de que cuando compra para revender, alguna o todas las mercancías adquiridas deben tener un precio inferior a su valor para que pueda revenderla a un precio mayor e igual a su valor contenido.  Así las cosas, estarían explotando a todos sus proveedores y no solo al asalariado.

Entonces, si no fuera así, cabe preguntarnos: ¿cuál es esa mercancía que llena los "inventarios" del fabricante y comerciante que pudiera tener un precio tal que admitiera una suba de precio en su reventa sin alteración de su valor porque, de lo contrario,  las mercancías   que un fabricante revenda deberán tener también un precio menor al que pueda  comprarlo su clientela.

Diríamos, pues, que las mercancías compradas por el fabricante entrarían   al valor, y que a este él le agrega un sobrevalor, lo significa que estaría revendiendo por encima del valor, estaría especulando, estaría estafando a su clientela.

Para suerte del fabricante, eso no es así, él no roba, no revende con sobreprecio, simplemente explota a sus trabajadores, les paga el valor de sus fuerzas de trabajo, y con el uso de estas recibe un valor superior al salario, recibe una plusvalía en la fábrica que luego vende en su mercado. Tal es el secreto de la explotación burguesa.

La fuente de la clientela de los fabricantes son sus propios propietarios y asalariados, más el resto de fabricantes y correspondientes asalariados. Como se trata de un acto de compraventa, lógicamente, aquellos propietarios o accionistas reclaman con racionalidad burguesa una ganancia que deberían enterar esos clientes, ganancia que por tendencia debe ser igual a la tasa media general, tasa media que también tendenciosamente irá disminuyendo en el tiempo, porque, sencillamente, todos los comerciantes tienden a crecer y competir como fabricantes con lo cual irá  creciendo el número de máquinas, de herramientas, de volúmenes de materias primas, en una proporción geométrica, mientras la contratación de mano de obra  crece-en el mejor de los casos-en progresión aritmética.

Esa desproporción entre compradores y vendedores marcará el fin del modelo burgués, el fin del fabricante y con este el del comerciante que es su mínima expresión económica. Esto es muy contrario a lo que se ha venido sosteniendo acerca de que la tendencia es a que la riqueza se concentre en un número reducido de ricos. Es muy dudoso que la riqueza de unos cuantos, por ingente que sea, pudiera ser superior a la suma de las riqueza de ese ingente número de comerciantes, de medianos y pequeños productores del mundo burgués. Esto debe preocuparnos porque se trata de una inseminación de valores proburgueses cuya atomización representa una fuerza social nada despreciable.

 


[1] Los fabricantes representan la más perfecta concreción de los comerciantes, de esos que suelen comenzar como vendedores ambulantes de las mercancías fabricadas por otros. Todo comerciante es un fabricante en proceso de formación, pero todo fabricante ya es un comerciante terminado.



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Manuel C. Martínez


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