Las ganancias y sobreganancias, concreciones de la plusvalía y la usura

Históricamente, la ganancia precedió a la plusvalía, así como el valor de uso al valor de cambio[1]. Antes de aparecer el intercambio entre las comunidades distintas, sólo privaba el valor de uso. Con la aparición de la mercancía apareció el valor de cambio a la par, para cambiar una mercancía por otra equivalente. Para este momento, todavía no aparecía ganancia alguna porque no había entrado en escena el mercader, un no productor de mercancías o intermediario entre productores y consumidores.

 

La ganancia no es otra cosa que la concreción de la plusvalía, procedente de la fábrica y concretada en  el mercado con su venta final, razón por la cual desde los tiempos de ese viejo mercader, la ganancia ha sido considerada como un sobrevalor cargado al comprador por parte del vendedor que pagó menos por la mercancía en juego.

 

Detrás de los fabricantes y banqueros se halla el comerciante, cual parachoques de avanzada que se limita a comprar al precio que le impongan sus proveedores, trasladarlo al costo y estimarle una ganancia a ese desembolso adicional a fin de prefijar su precio global y final de venta. Así de sencilla es la contabilidad burguesa.

 

No hemos conocido jamás una protesta de comerciantes menores contra sus proveedores- los comerciantes de mediano poder económico- ni de estos contra la alta burguesía fabricante, ni comerciante ni banquera. Los bomberos no suelen pisarse la manguera. El pequeño comerciante asume esa vergonzosa postura porque está sujeto a dichos proveedores, so pena de ir a la ruina, al no tener qué vender a precios que su clientela no toleraría

 

El comerciante ni siquiera divide el alza de precio nuevo entre todas las unidades mercantiles afectadas[2]. No, él se extralimita usualmente cuando traslada alícuotas de sobreprecios a sus mercancías afectadas con la suba, además de subir la tasada de ganancia. Y hay más, por ejemplo, el panadero sube el precio del pan, digamos de Bs. 10 a Bs.11, cuando la harina haya aumentado en 10% el saco, aunque en el precio de cada unidad de pan entren obviamente otros conceptos de costo cuyos precios no hayan aumentado o lo hayan hecho en menor proporción. Este es el caso de mercancías remarcadas con la mayor paridad cambiaria así hayan sido importadas con diferentes paridades cambiarias y/o fabricadas con otros componentes nacionales de menor precio.

 

Las quejas sociales se hacen sentir en el país cuando el pequeño comerciante y el pequeño productor se ven obligados a reducir la escala de sus servicios, de su producción o de sus inventarios, sobre todo cuando se trata de clientes sin holgura en cuanto a su poder adquisitivo. Al fin aparece una crisis[3]. Sólo a los escuálidos de cierto poder económico les resulta indiferente cuán elevados sean los precios: mientras más caros, más satisfacción para su orgullo de pendejos aburguesados de media clase.

 

Por esa razón contable, muchos fabricantes y muchos bancos privados han estado haciendo de las suyas mediante cargos de costes indebidos, con importación de partes de tercera calidad no controlados por ningún organismo nacional[4] y facturados como de primera, cosas así.

 

 



[1] Véase Manuel C. Martínez M.  PRAXIS de EL CAPITAL.

[2] Quedan a salvo los alquileres porque se trata de costes “constantes” o no “corrientes”.

[3] He ahí un resultado económico macroeconómico que también podría usarse para conmocionar un país en un momento dado.  

 



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Manuel C. Martínez


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