MULTITUDINARIO HOMENAJE CUBANO AL CHE GUEVARA
La Habana, 13 de octubre de 1997(RADIO HABANA CUBA)—“Más de 155 000 personas han desfilado por la Plaza de la Revolución de esta capital para rendir homenaje póstumo al Che Guevara y sus compañeros, caídos en combate en Bolivia hace 30 años.
El pueblo de La Habana muestra respetuoso homenaje al Che en la base
del monumento al prócer cubano José Martí, donde están expuestos los
restos del guerrillero argentino cubano y seis de sus compañeros:
cuatro cubanos, un boliviano y un peruano.
Dentro del mausoleo se encuentran las urnas con las osamentas,
cubiertas con la bandera cubana, y en la pared las fotos de todos los
componentes de la guerrilla boliviana.
La primera Guardia de Honor la realizaron este viernes el primer
secretario del Partido Comunista de Cuba, Fidel Castro, los demás
miembros del Buró Político y del Comité Central elegidos en el recién
concluido Quinto Congreso de la organización partidista.
Las honras fúnebres en La Habana finalizan hoy. Mañana los restos del
Che y sus compañeros serán trasladados hacia la ciudad de Santa Clara,
donde serán inhumados en la plaza que lleva su nombre, en un mausoleo
erigido al efecto. Por otra parte, se conoció que tres de los cuatro hermanos del Che, Celia, Roberto y Juan Martín, llegaron hoy a esta capital para participar en las honras fúnebres.”
Cada conmemoración nos impresiona de manera diferente y nos trae a la memoria aquello que nos alegró o nos dejó cierta tristeza. Era muy niña el día de “las patas en la fuente” y las lecturas me enseñaron cómo el pueblo salió a defender a un líder en el que creyó por necesidad y autodefensa.
Hoy, a ocho años de mi particular 17 de Octubre, voy a traer a la memoria una fecha igual pero mucho más reciente que se refiere a un líder, diferente también.
Durante 1997 habíamos asistido con ansias y curiosidad al ímprobo trabajo de los antropólogos cubanos y argentinos buscando al Che, desaparecido como uno más de nuestros treinta mil y que luego de redoblados esfuerzos fuera encontrado en Valle Grande, Bolivia.
Sabía por mis amigos Adys Cupull y Froilán González, sus biógrafos cubanos, las innumerables gestiones ejecutadas para localizar esos preciados restos, porque ellos habían realizado innumerable viajes para detectar pistas, en una larga estadía en la cordillera. Pasados treinta años, y cercano el mes de su asesinato, al fin durante un amanecer pudimos ver por televisión cómo el antropólogo cubano rescataba sus restos debajo de otros seis guerrilleros que formando una pila sobre él lo habían cubierto conservando el cuerpo. Fue una ternura observar cómo el joven especialista destapaba su cráneo y acunándolo como a un bebé lo regaba de lágrimas mientras lo estrechaba contra su pecho
Desencarnado sobre la camilla, el Che formó un rosario de huesos junto a sus compañeros. Comprobamos que faltaban sus manos con las que pronto iba a reunirse.
Una vez hallado, los hijos e íntimamente todos los revolucionarios habíamos elegido Santa Clara como su última morada para descansar (si es que este verbo cabe para el CHE GUEVARA) Allí, desde una modesta escuela transformada en despacho, él había dado las consignas que permitieron los últimos pasos para el logro de la Revolución Cubana y la Verdadera Independencia.
Escasa de dinero para viajar a Cuba en tan singular momento, decidí conmemorar los 30 años de su Caída en Combate (en realidad asesinato) en la Ciudad de Rosario. Hermoso acto que efectuamos diversas organizaciones en el Patio de la Madera en su ciudad natal entre el 8 y 10 de octubre. Allí me encontré con Luis Hernández Serrano , periodista cubano hoy autor del libro sobre Masseti La Guerrilla al Norte del Sur, quIen me contó que en ese momento estaban velando al Che en la Habana, el once lo trasladarían al memorial JOSE MARTÍ y el 17 lo escoltarían a Santa Clara realizando la ruta inversa recorrida por él al frente de la Columna “Ciro Redondo”, cuando el 1º de enero de 1959 entró en la ciudad capital logrando que huyera Batista y se consolidara la Revolución.
Luis se extrañó de que le expresara que conocía donde se había construido el Monumento (debajo de su estatua de guerrillero), guardado en estricto secreto debido a las amenazas de atentados que efectuaba la gusanera terrorista de Miami conjuntamente con la Cía. Resulta que yo había soñado con el lugar, que contemplaba las siete urnas embanderadas y también que estaba presente en Santa Clara junto a la familia y los Comandantes el día de las Honras Fúnebres.
El 11 regresé a casa y me encontré con una gran y maravillosa sorpresa: sobre la almohada me aguardaba un pasaje a Cuba obsequiado por un alumno revolucionario y martiano que, según le expresó a mi hija, por nada permitiría que yo faltara a esas solemnes exequias. Ambos arreglaron por teléfono que me hospedara en casa de mis futuros consuegros que viven en Plaza y viajé en el mismo avión de Cubana junto a Chelita, Roberto y Juan Martín, sus hermanos.
Mi consuegro me acompañó a todos lados e hicimos una cola de tres horas en la Plaza de la Revolución. Tomé las ineludibles fotografías de las siete urnas con sus banderas, lo que me impresionó al comprobar el anticipo de mi sueño.
Al pie de la urna del CHE habían colocado una rosa blanca con la Bandera Argentina, enviada por una prima monjita que vive en la Habana. Al ver las flores pensé en nuestros desaparecidos y tuve un arranque de llanto nervioso. Me invitaron a permanecer unos momentos en la sala íntima donde pude vislumbrar a Aleidita, pero como vi a mi consuegro preocupado por continuar la fila, agradecí y marché con él para regresar a casa. . La Habana era en esos días un inmenso santuario de fieles cívicos. Los niños se desplazaban en susurros, no se escuchaba música en los hogares, el recogimiento era el silencio y mostraba el amor que los cubanos sienten por el Che. Cuando partió hacia su destino final, Santa Clara, el pueblo entero bordeó las calles arrojándole flores.
Había invitado a mi consuegro a acompañarme a las Villas. Viajaríamos en un ómnibus la madrugada del 17 de octubre de 1997, día en que el Che ocuparía su lugar en el Memorial construido debajo del Monumento.
La mañana del diecisiete fue luminosa y celeste. El cielo se había galardonado con nuestra bandera porque sobre el cenit azul, grandes nubes blancas aborregadas servían de velada cortina y su paso efímero parecía un callado ballet que en puntas de pie llegaba a despedir al Che. Las siete cureñas desfilaron en jeep, cada una con un Comandante a bordo. La del Che fue la última. El silencio de la multitud era sobrecogedor. Fidel habló con la voz apretada por la emoción y Silvio cantó la Era haciendo un esfuerzo para finalizar el tema. Lo silente de la multitud se entrecortaba con llantos reprimidos de solemnidad. La familia, junto al Comandante Fidel Castro, formaba un brillante collar amoroso.
La Sinfonía 1812 de Tchaicovsky arrancó con su timbre heroico y los cañonazos de la música junto a los verdaderos lanzados por un regimiento fueron los magníficos acordes del final, mientras los Comandantes y la familia se dirigían al Memorial y nosotros permanecíamos estáticos como muñecos de piedra. A partir de ese momento éramos parte de la HISTORIA por ser de aquellos elegidos que habíamos presenciado las Honras Fúnebres del Che.
Me pareció ver a Celia y a Don Ernesto entre la multitud o espiando por encima de las nubes. Pero claro, la imaginación de los poetas es poderosa. Aunque no se crea, solemos ver más allá de la realidad porque acostumbramos mirar con el corazón.
A veces, cuando me siento deprimida mi ánimo se levanta con este recuerdo privilegiado. Ha sido un regalía participar de aquel homenaje gracias al afecto de un ex alumno, hoy Arquitecto. Desde ese 17 de Octubre, siempre que viajo a Cuba visito al Che en su Memorial de Santa Clara, cálido altar cívico construido como una escuelita cordillerana.
Agradezco haber participado de esa emoción, ver extendidas sobre nuestras cabezas todas las banderas de los países latinoamericanos desplegadas en honor al Guerrillero Heroico al que no se despedía sino se acogía en casa para siempre, tal como dijo Fidel en su discurso.
Fue una exclusividad comprobar el amor sin límites manifestado por el pueblo cubano durante los días anteriores y posteriores al homenaje.
Siempre me parece prodigioso cómo los cubanos honran a sus héroes.
En ellos la Historia y la defensa de la Patria significan de verdad el milagro de la vida.
ADRIANA VEGA
ESCRITORA ARGENTINA
adrianam267@Argentina.com