El próximo 11 de septiembre debería ser un día de júbilo nacional porque hace 100 años nació en Caracas, La pastora, el niño prodigio Jacinto Convit, uno de los más conspicuo benefactores de la humanidad en el área sanitaria al lograr inventar la vacuna curativa y preventiva para vencer la enfermedad bíblica de la Lepra.
Empujado por una enorme Motivación al Logro se especializó en el cuidado del más extenso de los órganos del ser humano que es la piel, tan frágil en las zonas tropicales (1938), y sus investigaciones científicas le han merecido el que ocupe un sitial reservado para aquellos sabios que entregan lo mejor de sus vidas productivas para redimir, inclusive, las enfermedades del alma.
Fue el Dr. Martín Vegas, pionero en el tratamiento de la Lepra en Venezuela, quien lo llevó al Leprosorio de Cabo Blanco en los terrenos aledaños al Aeropuerto de Maiquetía, y allí se encontró con depreciables escenas macabras: pacientes encadenados, torturados y humillados por el estigma que va dejando la ignorancia sobre las causas de esas laceraciones de la piello desencadenó los prejuicios más arraigados en la sociedad venezolana y en el ámbito internacional.
Desde un primer momento comprendió que bajo esas condiciones nada podía cambiarde allí su enérgica decisión de liberar la piel del cepo y las cadenas, una bendición que mejoró las condiciones de vida de los pacientes de Cabo Blanco y de los recluidos en la Isla de Providencia, estado Zulia, los dos leprosorios más importantes de Venezuela.
Luego emprendió la tarea más exigente: la búsqueda del antídoto definitivo convencido como pocos que la ciencia debe estar al servicio de la dignidad. Ese gesto atrajo la mirada de estudiantes y médicos dermatólogos de buena parte del mundo que visitaron Cabo Blanco, en la parroquia Maiquetía, todos querían ver, con sus propios ojos, algo inédito en los leprosorios del mundo, esos progresos de liberación iniciados por este extraordinario caraqueño de elevadas inquietudes sociales. Ernesto “Che” Guevara, estudiante del último año de medicina fue uno de ellos junto a su compatriota argentinoAlberto Granados quien encontró en Cabo Blanco el lugar apropiado para su profesión de bioquímico y lo puso al servicio de los Enfermos de Hansen, ambos tenían sed de grandeza. Guevara y Granados habían recorrido en motocicleta varios países de Suramérica para observar el drama de la vida encadenada de los leprosos tal como ocurre en la famosa película protagonizada por ambos personajes.
“Váyase a Argentina, gradúese de médico y regrese para que ponga sus conocimientos a esta causa maravillosa”. El “Che” Guevara le hizo caso a Convit se graduó pero se fue a México y fue seducido por Fidel Castro quien le invitó a la tarea de la liberación del pueblo de Cuba y de otros como en Bolivia donde encontró la muerte. Alberto Granados hizofamilia en Venezuela y procreó a Alberto Granados Jr. quien hoy se desempeña como Presidente de La Casa de Africa de La Habana, Cuba.
Hace más de 25 años conseguí al Dr. Jacinto Convit en el Hospital Dermatológico Martín Vegas de Catia la Mar, donde fueron a parar alrededor de 150 pacientes luego de la demolición del albergue de Cabo Blanco, espacio requerido para la ampliación del aeropuerto y le pregunte: Dr. Expliqueme cómo fue el proceso inicial para elaborar esa vacuna“ y esta fue su respuesta: “El que observó unas laceraciones en el hocico de un armadillo (Cachicamo de Nueve Bandas) fue el Dr. Monzón (El Negro Monzón) de mi equipo de investigadores. Ordené que observaran al microscopio ese tejido y allí apareció el Microbacteriumleprae, el bacilo que produce la enfermedad. Ese fue el paso crucial que abrió las puertas para dar con la vacuna. Un logro colectivo no individual”
En ese momento fue cuando pude ver con más claridad los asuntos de la ética y del valor de la humildad, dos atributos que ayudan a explicar que lo impulsa a seguir adelante para dejar atrás a aquellos personajes perversos del gremio médico internacional que, asociados a la Industria Cultural de los fármacos, lo vilipendiaron al sentir amenazados sus intereses económicos con la aparición de esa vacuna gratuita, certificada por la Organización Mundial de la Salud.
El Centenario del Dr. Jacinto Convit lo he vivido con una emoción muy especial porque tuve la oportunidad de compartir con él y su adorada esposa Rafaela cuando presidí El Núcleo de Amigos de los Enfermos de Hansen (1989) recluidos en el Hospital Martín Vegas de Catia la Mar. Me conmovió el que le hayan sustraído todos los alimentos de las despensas del hospital, la falta de lencerías, el ruido de la única ambulancia de traslado que llamaban la coctelera, el asalto y desmantelamiento del Bioterio ideado por Jacinto Convit para que en él se reprodujeran en cautiverio los Cachicamos, la desaparición de los cachicamos, el médico que les robo a los pacientes el electrocardiógrafo que nos donó Lagoven, las tropelías de dos directores corruptos de ese centro, y las desafortunadas e hirientes declaraciones del Presidente Luis Herrera Campin y del candidato Jorge Olavarría, mediante esta inhumana comparación : “Venezuela se parece a un leproso que se le cae la carne a pedazos” en ambos casos me uní al verbo encendido del líder de los pacientes, el poeta Ángel Alfonso Barrios, y devolvimos las ofensas explicando que los tejidos cartilaginosos de nariz, oreja, coyunturas de dedos de pies y manos los usaba el bacilo para crecer y lo que realmente se caea pedazos es el prestigio de esos hombres que se expresan con tanta repugnancia para hacer más difícil la vida de tantos compatriotas del infortunio. Con igual contundencia actuamos en contra de la hipocresía de ese grupo de Rectores de universidades del país que, desesperados y de manera improvisada, se fueron a la ciudad de Oslo, Noruega, a solicitar el Premio Nobel de Medicina para el Dr. Jacinto Convit cuando lo que se requería era materializar la construcción del Bioterio donde se elaboraría la vacuna anti hanseniana, toda una admiración para el mundo científico universal porque se distribuiría a todos los países que la necesitaran sin costo alguno.
Eleve mi voz de protesta por eso que en el futbol se conoce como “posición adelantada” que nos recuerda sus palabras recientes: “El Premio Nobel no me quita el Sueño, la cura contra el Cáncer Si” y es verdad. Ha recibido, por respeto, el Premio “Príncipe de Asturias” (1987) y el de la Legión de Honor de la República de Francia.(2011)
La historia se repite porque la tenacidad de Convit, en la víspera de su centenario,puso de nuevo a temblar a la Industria Cultural de la Radiología y la Quimioterapia, técnicas de efectos secundarios drásticos en el tratamiento del cáncer. Ha elaborada una Autovacuna gratuita combinando tejidos de tumores cancerígeno con la Vacuna BCG, y otros componentes, con resultados esperanzadores. Las campañas de descredito que han desatado chocan contra esa muralla humana que cada día hace que sea más grande el amor por esta patria grande que es Venezuela y nos acrecienta el orgullo de ser guaireño sin perder la esperanza de que el componente político local aprecie su legado científico y humano.
Al contrario, como la historia se repite, debo nuevamente levantar mi voz de protesta, porque en el marco del Centenario de Jacinto Convit, gente del estado Vargas, quizás con la mejor intención, han querido utilizar el nombre del ilustre sabio para darle brillo al Centenario del Sr. Carlos González, a quien le deseo mucho más vida y salud pero que me parece un despropósito unir ambas celebraciones. La dimensión universal del Dr. Jacinto Convit no amerita ninguna sombra porque Carlos González sólo es conocido en los círculos aduaneros, políticos y en algunas “ logias” locales como la Junta Gloria a Vargas, Club de Leones, Rotary Club donde fue una especie de presidente vitalicio y dueño de la cuestionada Orden Diego de Osorio que repartía a su antojo o a petición de personajes políticos, la mayoría babosos, obtusos, improductivos,de dudosas reputaciones, muchos de los cualespodían merecer la Orden “José Tomás Boves”, la de “Pizarro” o “Monteverde”
A mi personalmente me ofende que se le hará entrega de la Orden “Diego de Osorio” al Dr. Jacinto Convit. Precisamente al hombre que quitó las cadenas y el cepo a sus enfermos que eran las mismas herramientas de la muerte utilizadas por el conquistador español, como Diego de Osorio; para lacerar la existencia de indios y esclavizados africanos durante varios siglos de humillación y sevicia.
No me opongo a que le hagan a “Don Carlos González” el homenaje que desean rendirle por sus 100 años de vida. Móntenle el sancocho, repartan las tizanas, “prendan los cohetes y tírenlos pa´rriba y gritemos todos que viva que viva” pero no le echen esa vaina al Dr. Jacinto Convit, se los suplico por favor.
Presidente Fundador del Núcleo de Amigos de los Enfermos de Hansen (Hosp. Martín Vegas de Catia la Mar)
cimarronvargas@yahoo.com