¿De dónde viene la palabra Pitiyanki?

Esa palabrita “pitiyanki” que usamos los revolucionarios para sacarles la madre a los escuálidos o majunches, fascistas y antivenezolanos que están dispuestos a vender o regalar su patria con tal de derrotar al chavismo, tiene su origen precisamente en situaciones similares a la que estamos viviendo en Venezuela pero en Puerto Rico. Quien empezó a usar ese término en Venezuela fue el historiador, poeta y ensayista venezolano Mario Briceño Iragorry, uno de los personajes intelectuales venezolanos más nacionalista y feroz antiimperialista de los años 50. La explicación de la palabra pitiyanqui la reveló Iragorry en el ensayo “Léxico para antinacionalistas” publicado en 1952, para que el pueblo supiera su origen. Explica que quién inventó la palabra fue el poeta y Doctor en Filosofías y Letras, defensor de la independencia de Puerto Rico, Luis LLoréns Torres, para apelar a los personajes que se declaraban “progresistas” en su país, pero con unas actitudes entreguista y sumisa al imperio yanqui, los cuales, obviamente estaban al servicio del expansionismo norteamericano.

Según explica Mario Briceño Iragorry, el origen semántico de pitiyanqui proviene, tal vez, de la humorística y florida imaginación del poeta puertorriqueño, en donde la voz piti tal vez sea una alteración de la palabra francesa petit, entrando en la palabra pitiminí, recogida por la academia para la designación de “rosal de ramas trepadoras que hecha rosas menudas y rizadas”. Iragorry considera que Llórens Torres pensó en la actitud trepadora de los “progresistas y neocolonialistas” carentes de escrúpulos, de amor patrio que manifestaban su acuerdo en el dominio yanqui de la isla. Llorens como buen poeta tuvo la capacidad de unir, armonizar y jugar con la analogía de dos vocablos: petit mas descalificada hasta llegar a piti, logrando el pitiyanky que es lo mismo que decir “yanquicito, yancuelo o yanquito”, palabra más humillante, porque es como “quien pretende ser yanqui pero que no llega nunca a serlo, y no pasará de ser una larva con alas tan rudimentarias y asquerosas que no llegan a volar jamás, pero que tienen derecho a comer los manjares que sobran de la abundante ración de las mariposas multicolor”.

Vaya explicación y análisis semántico de la palabra pitiyanqui de nuestro nunca bien ponderado historiador Mario Briceño Iragorry. Lo cierto es que ese término surgió en los años 50 y fue usado por primera vez por Iragorry en Venezuela en los tiempos del presidente Rómulo Betancourt, el “pitiyanqui mayor” quien era entrañable amigo de Nelson Rockefeller, quién lo influenció y le compró grandes extensiones de tierra en Venezuela abriéndoles las compuertas del país para el saqueo de banqueros, mafiosos y manipuladores económicos encubiertos del imperio norteamericano.

Hoy, 50 años después siguen el pitiyankismo intacto e irreductible en Venezuela. Continúan las larvas retorciéndose en los vómitos de los amos del norte. Permanecen soñando despiertos con la invasión norteamericana en nuestro país. Se lanzan al mundo en una danza endemoniada para que sean los gringos los que borren del alma del pueblo venezolano el sentimiento de revolución, patria, inclusión, libertad, soberanía, poder popular, amor, Chávez, Bolívar, a punta de exterminio y muerte.

Los pitiyanquis están su “hora loca”, dan golpes parlamentarios con pitos, vuvuzelas, cascos, teatros de narices rotas, coñazos, silletazos. Asesinan, queman, asedian...pero quieren la piñata. Y a esa piñata hay darle duro, escuchando los gritos del “dale, dale” del ojo puyúo, de sus acólitos, de sus trastornados... hasta que finalmente se rompa y se esparza la muerte, la desolación, el vacio. Lo que no saben es que sus niños y niñas también lloraran estupefactos ante tanta violencia y ante un país destruido.

yanethegamboa@gmail.com


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