¡…cuando la sangre corre por las calles, hay que comprar propiedades!

Amigos lectores, aunque les parezca extraño el título, les garantizo que nada tiene de ver con algo descabellado, pues, con el mismo quiero reflejar una percepción devenida de la situación económica que, dramáticamente en la actualidad, estamos sufriendo una buena parte los venezolanos desde hace algún tiempo.

Me permito traer a colación una película gringa, no importa tanto por quién fue producida ni el título de la misma, aunque es válido pensar que se trata de un film producido por sectores realmente independiente de la industria del cine; la misma está desarrollada en un escenario que se mezcla en un ir y venir entre los tiempos ubicados en la Alemania Nazi y la pujante sociedad estadounidense de los años presentes. Se desarrolla en la ciudad de Nueva York, donde tiene sede la oficina principal de un banco muy prestigioso y con mucho poder político y económico; allí, un grupo de hombres y mujeres, organizados tipo comando, se apoderan y lo controlan por completo de la entidad bancaria, que, aunque es definido por la policía como un común asalto, la trama indica que no es una acción simplemente hamponil.

Me explico, el grupo de asaltantes, que se trató de un colectivo con una misión netamente política, colocando su accionar en una evidente causa de justicia, permite descubrir la falsa honorabilidad de esa criminal manera de enriquecimiento ilícito que tuvieron los banqueros gringos en su alianza con los asesinos encabezados por Hitler. Como muestra de una planificación perfecta donde el suspenso es el protagonista principal, los asaltantes no dan pista alguna para ser identificados, pues, hacen una jugada maestra al colocar el mismo disfraz a todos los que al momento del asalto se encontraban dentro del banco, entiéndase, clientes, empleados y los propios integrantes del comando, de modo que a nadie se le dio a oportunidad de ver a nadie, por lo tanto, nadie puede decir que este o aquel es sospechoso o sospechosa, que fue una treta para ejecutar el plan que les permitiera apoderarse de unos documentos aparentemente bien guardado en la bóveda del banco y que comprometían al fundador y dueño.

Ahora, qué tiene que ver esta película con lo actual en Venezuela. Bueno, en la película, el dueño del banco, un comerciante estadounidense, precisamente estando ensangrentadas las calles de Alemania, cuando Adolfo Hitler ordenaba el exterminio de los judíos y los comunistas, entra en contacto con las mafias de las inmobiliarias para comprar, como decimos en criollo, a precio de gallina flaca, las propiedades de quienes pasarían a los campos de concentración a morir en las cámaras de gases o los que inmisericordemente serían expulsados de Alemania, principalmente a tierras palestinas, por supuesto, llegando este gringo a almacenar una inmensa fortuna producto de negocios con la muerte.

En la Venezuela actual, al igual que banquero gringo de la película, los comerciantes de todo tipo, banqueros, importadores, industriales, fabricantes, clínicas privadas y todos aquellos con negocio propio que se dan el lujo de definir mercancía, modelos y precios, sin importarles para nada lo que pudiera padecer el ciudadano común, se aprovechan de la poca capacidad del gobierno para supervisar y controlar la economía. Estos sabiendo de las altas sumas de dinero circulante en las manos de los venezolanos, con los medios de información igualmente privados como arma lanza proyectiles mediáticos para el sometimiento y la manipulación ciudadana, disparan a diestra y siniestra, mientras auspician la escasez de los productos para que la especulación se apodere del mercado, generando angustia y pánico en el colectivo y logrando que los usuarios temerosos ante la anunciada escases y la maniobrada crisis económica, paguen alto precio de lo que sea para conseguir los fulanos productos, incluido por supuesto, la sangre en la calle.

Es por esto que vemos y sentimos en todos los niveles como los servicios de salud y medicina, justicia, educación, construcción, en fin, venta y compra de cualquier mercancía, donde el sector privado impone las condiciones para la negociación, lo hacen impunemente para hacerse ricos o más ricos.

Ahora, será necesario que transcurran 60 años para que un grupo comando actúe y descubra cuáles habrán sido los funcionarios o sector privado que participaron en las solicitudes y entregas de dólares de CADIVI, para estafar al pueblo, dueño real de las divisas, como parte de una trampas económica, por ejemplo?

Quién tendrá la respuesta?

gusclaret@hotmail.com
Abogado


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Gustavo C Vásquez Q.


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