La máscara de Fernando VII

La mejor historiografía no es solo aquella que nos invita a conocer el pasado tal como fue, sino aquella que nos relaciona esa recuperación y comprensión de los hechos pasados, demostrables a través de sus documentos, ideas expuestas y personajes mediante su metodología de investigación (heurística- hermenéutica- triangulación de fuentes), con el presente continuamente cambiante, al cual se intenta entender y construir desde él su futuro (el historiador alemán Reinhart Koselleck aporta dos categorías adecuadas para entrecruzar en el tiempo histórico el pasado y el futuro, ellos son la experiencia que profundiza más que en el recuerdo y la expectativa que abarca más que la esperanza). ¿Cómo relacionar el pasado venezolano con su actualidad un día como hoy de eventos de juramentación presidencial y que expectativa crea? A veces se convierte en una aporía dar respuestas a esta interrogante sin caer en elucubraciones muy subjetivas. Veamos.

Hoy se conmemora en Venezuela el 203 aniversario de la firma de acta del 19 de abril de 1810 en el Ayuntamiento de Caracas (razón en llamarla la Revolución de Caracas primero), donde se hace hincapié en la fidelidad al Rey Fernando VII, por cierto, Rey, ya que, su padre Carlos IV abdico a su favor, personaje, además, que entrego el poder a los Bonaparte, Napoleón y José, y pidió a Napoleón Bonaparte lo casara con una princesa de la familia Bonaparte y ser príncipe sometido a sus designios y no derramar así sangre española (esto según el historiador Augusto Mijares en documentos publicados en el periódico El Colombiano que Francisco de Miranda editaba desde Londres).

El Ayuntamiento de Caracas considera en nombre de la total “orfandad” en que han quedado los territorios españoles en la Capitanía General de Venezuela, tanto provincias insulares como continentales, que por tener un Rey “cautivo”, unas Cortes de Cádiz, con sus distintas Juntas que equiparaban las ciudadanías en los territorios de España, disueltas y formadas ahora en Regencia de Cádiz que le arrebataban la soberanía a las Juntas, se decide en nombre de Dios (función eclesiástica, era Jueves Santo, era necesario involucrar el poder de la iglesia), de la salud pública del pueblo (muchos mantuanos estaban interesados en tomar el control político y económico y tener el monopolio comercial que poseía España, además de no permitir un levantamiento de pardos que eran mayoría o de negros esclavos, lucha de castas), y en nombre de Fernando VII (para así no aceptar al nuevo Rey José Bonaparte de Francia), que se cree la Junta Suprema de Caracas, para tomar el control de la situación, desconocer la Regencia y al nuevo Rey francés, cesar en sus funciones al intendente Basadre, el brigadier Agustín García al auditor de guerra José Vicente Anca, a su vez, de inmediato se designaron cargos militares y políticos-administrativos, y se hace un llamado a los demás Ayuntamientos americanos para contribuir a la gran obra de confederación americana-española, acaso el germen de una visión nuestra-americana. Es así como en nombre del Rey Fernando VII la Junta Suprema se quita de encima al Rey Fernando VII.

Emparan firma el acta y entrega el gobierno. España debe luchar por su propia guerra de independencia contra el yugo de Francia, para luego ir a tierras americanas, a las tierras del sueño del Dorado, a esa Klein Venedig de los comerciantes alemanes Welser, que se había independizado jurídicamente el 5 de julio de 1811 por medio del Acta de Declaración de la Independencia. Ahora a España le tocaba librar otra guerra, contra la emancipación de Venezuela.

La realidad de Venezuela en este presente de transformaciones continuas, debe ser de reconocerse en aquel pasado gestor, génesis de la independencia actual que se posee, comprender que toda independencia nace de un estado de dependencia que se tiene con el otro que domina de formas diferentes, admitir que el proceso de emancipación venezolano comenzó muy fragmentado socialmente (a pesar de la colaboración de los pardos en las dos compañías de Granaderos de los valles de Aragua y Valencia) y con líderes políticos que demostrarían ser oportunistas en ese largo proceso independentista.

Hoy día, en la conflictiva crisis política que se vive en Venezuela, en plena juramentación del Presidente Nicolás Maduro, los Estados Unidos de América aún no han reconocido al nuevo Presidente y países como España y Francia tardaron en mostrar respuesta ante la legitimidad de Maduro, al igual que la OEA. El nuevo gobierno, a pesar de reafirmar que es el mismo tipo de gobierno que el del anterior Presidente Hugo Chávez, tiene una difícil tarea, de mantenerse en el poder con tan solo una diferencia estrecha de votos, afrontar un discurso conciliador entre “pueblo opositor” y “pueblo chavista”; la dicotomía de mantener una relación comercial con los Estados Unidos, su mayor comprador de petróleo, pero estar atento a su intromisión en asuntos de política interna; seguir con los cambios sociales impulsados desde el gobierno de Chávez; ser eficiente ante los hechos de burocracia, corrupción, delincuencia y sabotaje dentro del proceso bolivariano; supervisión continua y constante de obras; estar alerta diariamente a conflictos políticos con los líderes de oposición que no le reconocen; fomentar el socialismo del siglo XXI basado en el árbol de las tres raíces (concepción filosófica del mismo) para educar a su base; y, no confiarse en todo aquel que le jure fidelidad en estos tiempos de cambios de posiciones.

La situación de toma de posesión de este nuevo gobierno, no garantiza su permanencia, al igual que aquella primera forma de gobierno que nacía aquel 19 de abril de 1810, debe ahora enfrentarse a lo más difícil, a la contienda con el otro que ansía el poder. A pesar de que Venezuela no es colonia de otro país, sino que ejerce su soberanía, se debe mantener presente que en este mundo globalizado no existe total independencia, el historiador inglés e hispanista John H. Elliott así lo reflexiona, es por ello que es necesario mantener las mejores relaciones internacionales en un clima de respeto, aunque en una constante búsqueda de mecanismos que ayuden a Venezuela a depender menos tecnológicamente y en alimentación, pues se posee el material humano y las tierras fértiles para tal encomienda, además del recurso del petróleo y la fiscalización con sus sistemas de impuestos eficaces.

El pueblo en general, se encuentra en el medio de la crisis política, un grupo defiende al gobierno nacional y otro a la oposición, sus dirigentes no pueden apostar a la guerra (ya existe la guerra mediática que tanto daño ha hecho), y el Presidente Nicolás Maduro debe enfocarse en resolver en estos tres primeros años los errores cometidos en la V República, sino, aquellos que le juraron en su nombre (o en nombre de Chávez) fidelidad, serán los mismos que en nombre de él, se lo querrán quitar de encima y se correrá el peligro de perder lo que ya se había ganado en esos 14 años de gobierno.

La expectativa de los venezolanos está en dirimir sus diferencias en paz y bajo un sistema democrático el cual no sea atentado ni violado por factores externos ni internos. La experiencia histórica acentúa sobre la expectativa de vida la lucha del individuo que vive en el colectivo y hace una nación llamada Venezuela, no se deben dejar a los líderes solos ni los líderes alejarse del pueblo y ampliar la brecha entre estratos sociales, cada vez más los ciudadanos deben involucrarse en la toma de decisiones desde abajo hacia arriba, unirse en luchas comunes para hacer el cambio necesario que se anhela, partiendo desde la formación y educación del mismo pueblo.

arturolev@hotmail.es

Profesor
Especialista en Geografía e Historia (UPEL-IPMJMSM-2012)
Asociación Otras Memorias (Socio N° 162) http://www.otrasmemorias.com.ar/


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Arturo Lev Alvarez


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