Carta a Carlos Alberto Montaner

Estimado "intelectual" latinoamericano, leí tu desastroso intento de encontrar una explicación lógica al descontento con el dúo democracia/economía de mercado en América Latina. En realidad ha sido un fracaso. Me refiero por un lado a tu "heroico" intento de ignorar los hechos y, por otro lado, a los efectos que este dúo dinámico ha tenido en América Latina. ¡Espera! No hagas conclusiones a priori. No me descalifiques por ser "comunista". No lo soy.

Lo creas o no, yo creo en democracia. Creo en la democracia donde la mayoría decide. No creo en condicionar de alguna forma o manera el apoyo a lo que la mayoría decida. Democráticamente hablando, de la mayoría es la prerrogativa de si creer o no 100% en capitalismo. Lo mismo aplica a la economía de mercado. Democracia significa "la ley de la mayoría", punto. No significa de ninguna manera que aceptamos las decisiones de la mayoría siempre y cuando estas estén de acuerdo con cierto modo y estilo de gobernar.

También creo en la economía de mercado. Pero creo en la economía de mercado donde los productos se fabrican para satisfacer una demanda que a su vez controla hasta cierto punto los precios de esos productos que se fabrican. Como "intelectual" latinoamericano usted debería estar familiarizado con la conocida práctica de la "especulación de precios", esa que es consecuencia de una "demanda artificial" creada por una "necesidad" que resulta de una "escasez" producto de acaparamiento por parte de comerciantes inescrupulosos. Todo esto beneficia a una minoría que por cierto son los únicos en América Latina que defienden a capa y espada las virtudes de la economía de mercado.

La mayoría de la población en América Latina vive en niveles de pobreza. Y creame, digan lo que digan los meritocráticos, no es culpa de la gente. No es que todos nosotros leímos en algún punto de nuestras vidas una guiá de cómo llegar a ser "un perfecto idiota latinoamericano", o un manual de cómo convertirnos en ciudadanos de segunda clase confortablemente satisfechos con nuestra mediocridad.

La mayoría de los estudiantes universitarios, no solo de Perú y Argentina sino de toda América Latina, con toda razón le echan la culpa al sistema capitalista por casi todas penas que agobian al mundo. Sin embargo, ellos se refieren a un sistema donde el comercio no es exactamente ni necesariamente "libre". Ellos mas bien se refieren a un sistema donde el mercado no es mas que el mesonero que sirve los intereses de los poderes económicos locales e internacionales.

Estos estudiantes correctamente culpan de muchos males a un sistema dominado por intelectuales como usted que, a pesar de que creen en las bondades de la democracia y la libertad como único camino hacia la prosperidad y el desarrollo, al mismo tiempo se sienten amenazados cuando uno de ustedes no es el que el pueblo elige para gobernar.

No es que nosotros los latinoamericanos somos flojos y nos gustan las excusas. Cada uno de los gobiernos latinoamericanos que hasta hoy en día han tratado de asumir sus responsabilidades con la mayoría de la población, los pobres, ha sido acusado de inmediato de "populista" y "antidemocrático". De inmediato se encuentran con grandes obstáculos colocados por poderosos intereses económicos con el apoyo incondicional de la comunidad intelectual, "sociedades civiles" como las llaman ahora.

Yo estaría de acuerdo hasta cierto punto de que el problema no es el modelo democracia/economía de mercado. De verdad que el problema podría ser simplemente la manera que se aplica. Sin embargo, yo estoy convencido de una cosa: el problema en América Latina ha sido los individuos que hasta ahora han tenido la oportunidad de aplicar el modelo. La mayoría de los miembros de los conglomerados económicos y de los círculos intelectuales son entre ellos conocidos, amigos y/o familiares, muchos de ellos corruptos. Por cierto, corrupción no es solo robarse los erarios públicos.

Respecto al tema de corrupción, le tengo una pregunta retórica:

¿Por qué hay cubanos (que vivieron en ambas dictaduras) tratando furiosamente de tumbar el gobierno de Fidel Castro que jamás levantaron un dedo en contra de Fulgencio Batista?

El problema, mi querido amigo, no es tratar de balancear democracia con la economía de mercado. El problema es balancear integridad y honestidad con nuestros intereses personales. Especialmente para personas en posiciones de liderazgo como usted.


elio@vheadline.com


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Elio Cequea


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