Cuentan que cierta lechuza entró una noche a un convento y se encontró al paso una lámpara o farol, que es lo mismo para el caso. Volviéndose, hubo de exclamar con rabia: “Lámpara, ¡con qué deleite te chupara yo el aceite, si tu luz no me ofendiera!”.
Y así pasa ahora mismo con el anuncio de la salida al aire de Telesur. Al gobierno de Estados Unidos, igual que a la lechuza, le da rabia, y como diría mi abuela, “rasquiña”, saber que existe esta otra opción de las noticias, que brindarán la imagen del indio americano, de los desposeídos, esos que por ¿casualidad? son ignorados por quienes controlan el poder en los grandes medios.
Hace dos meses justamente salió la primera señal de la cadena, una prueba en la que quedaría al descubierto que “nuestro Norte es el Sur”, según precisiones de uno de los directivos de esta ALBA televisiva que se nos propone, proyecto empresarial multiestatal auspiciado por Venezuela, Argentina, Uruguay y Cuba.
Sin embargo, la lechuza inquieta no pudo resistir la luz del farol —todavía tenue— y allá soltó con lengua viperina “te chupara yo el aceite”, que es como decir lo que ya ocurre: acaba de anunciarse que la Cámara de Representantes aprobó una enmienda que permite transmisiones de radio y televisión dirigidas a Venezuela con información “precisa y objetiva” para contrarrestar “el antiamericanismo” del canal Telesur.
¿Cuáles son las informaciones “precisas y objetivas”? Las que, como aquellas de abril de 2002, cuando se gestó el golpe de Estado en Venezuela, transmitía comics mientras secuestraban a un presidente electo por el pueblo y pretendían asesinarlo?
¿Serán informaciones “precisas y objetivas” para ellos las que pretenden enajenar del proceso bolivariano, de los cambios que sufre el Continente, de las verdades que no conviene divulgar sobre los millones de personas que están dejando atrás el velo del analfabetismo, los que son curados por la Operación Milagro?
Por supuesto que la luz de Telesur les molesta. Bernardo Álvarez, embajador de Venezuela en Washington, consideró que la votación a mano alzada de esta nueva enmienda se inmiscuye en las decisiones autónomas de su país. ¡Más claro, ni el agua!
Y vaya sin son atrevidos en la Cámara que a partir de lo por ellos considerado, se autoriza al gobierno de Estados Unidos a “iniciar transmisiones de radio y televisión que ofrezcan a los venezolanos una fuente de noticias precisa, objetiva y completa”, según palabras textuales de Connie Mack, representante republicano de Florida.
Se preguntan las autoridades venezolanas cuál es exactamente la preocupación de la actual administración norteamericana, porque en Venezuela existen 48 canales de televisión, a los que cualquier persona con un televisor y una pequeña antena puede acceder. Solo dos son públicos. Además, se reciben más de 120 canales de cuatro continentes.
Pese a ello el republicano Mack cree que la “libertad de prensa” en Venezuela está bajo riesgo; por eso la iniciativa “se produjo cuando Chávez está listo para lanzar su propia red de televisión, siguiendo el ejemplo de Al Jazira, para difundir su retórica antiamericana y contra la libertad”, añadió un comunicado de la oficina del susodicho personaje, quien, además, se ufana de que las señales provenientes del Norte permitirán “conocer las ideas de libertad, seguridad y prosperidad por encima por la propaganda que transmite el gobierno de Hugo Chávez”.
Los cubanos sabemos cómo funciona la guerra mediática, hace mucho la venimos padeciendo. Desde Estados Unidos se gastan sumas millonarias contra la Revolución. Por lo que se vislumbra intentarán repetir el mismo formato.
Aún sin fecha para romper el éter, pues el nuevo engendro deberá ser aprobado por el Senado, un sonido se escucha, la lechuza está volando, atentos...