Los cambios democráticos en Latinoamerica

Es inusual encontrar en una publicación de la llamada gran prensa o
“mainstream media” de Estados Unidos un artículo con visos de
objetividad sobre Venezuela. De ahí que llame mucho la atención un
trabajo publicado en días recientes en el New York Times titulado
“Porqué fue relecto Chávez” (Why Chavez Was Re-elected) del economista
y politólogo Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigaciones
Económicas y Políticas de Washington y presidente del grupo Política
Exterior Justa.

Reconoce Weisbrot que “para la mayoría de las personas que han oído o
leído en medios internacionales sobre Hugo Chávez, su relección por
margen convincente como presidente de Venezuela resultó
desconcertante”.

Todo lo que el ciudadano medio estadounidense oye o lee sobre él es
malo: “busca peleas con Estados Unidos y se pone de parte del
“enemigo”, como Irán; es un dictador o un hombre fuerte que ha
despilfarrado las riquezas petroleras de la nación; la economía
venezolana está plagada de escaseces y siempre está al borde del
colapso”.

Pero enseguida Weisbrot descubre las razones por las que la mayoría de
los venezolanos religieron a su presidente:

“Desde que el gobierno de Chávez asumió el control de la industria
petrolera nacional, la pobreza se ha reducido un 50% y la extrema
pobreza un 70%. Las universidades han doblado sus matrículas, millones
de personas han adquirido por vez primera acceso a la atención de
salud y el número de personas con derecho a recibir pensiones se ha
cuadruplicado”.

A continuación Weisbrot hace notar que esta situación no es privativa
de Venezuela, “es lo ocurrido con todos los gobiernos izquierdistas
que ahora gobiernan en la mayor parte de América del Sur pese a que
ellos, al igual que Chávez, tienen la mayor parte de los medios de sus
países en contra y la oposición posee la mayoría de las riquezas y los
ingresos en sus respectivos países”.

Weisbrot recuerda que Rafael Correa fue relecto presidente del Ecuador
en 2009; Luiz Ignacio Lula da Silva, de Brasil, lo fue en 2006 y luego
hizo campaña por la ahora Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff; Evo
Morales, primer presidente indígena de Bolivia, fue relecto en 2009;
José Mujica, de la misma alianza política que su predecesor, fue
electo en 2009; Cristina Fernández sucedió a su desaparecido esposo,
Néstor Kirchner, ganando en 2011 la presidencia de Argentina por un
sólido margen.

“Estos líderes izquierdistas y sus partidos políticos ganaron sus
respectivas relecciones, como Chávez, porque lograron mejoras en los
niveles de vida de sus pueblos. Todos hicieron campañas contra el
neoliberalismo, término usado para describir las políticas seguidas en
los últimos 20 años en Latinoamérica, cuando ésta sufrió su peor
registro de desarrollo económico en más de un siglo”.

No sorprende – dice Weisbrot- que los líderes izquierdistas hayan
visto a Venezuela como parte de un equipo que ha traído más
democracia, soberanía nacional y progreso económico y social a la
región.

“Fue en torno al tema de la democracia que Suramérica se unió contra
Washington cuando el golpe militar en Honduras de 2009. Las
diferencias fueron tan pronunciadas que llevaron a la formación de una
nueva organización hemisférica – la Comunidad de Estados de
Latinoamérica y el Caribe (CELAC) –, excluyente de Estados Unidos y
Canadá, como alternativa para la Organización de Estados Americanos
dominada por Estados Unidos”, recuerda el autor.

Weisbrot cita palabras de Lula el mes pasado sobre las elecciones
venezolanas: “Una victoria de Chávez no será solo una victoria para
Venezuela sino una victoria para todos los pueblos de América Latina…
esta victoria constituirá un nuevo golpe al imperialismo.”

Advierte que la administración de George W. Bush siguió la estrategia
de tratar de aislar de sus vecinos, y acabó aislándose a sí misma.
Ahora el presidente Obama ha continuado con esa política y en la
Cumbre de las Américas de 2012 celebrada en Colombia quedó tan
solitario como su predecesor.

Observa que el bloqueo económico contra Cuba ha persistido por más de
medio siglo, pese a su obvia estupidez y su fracaso. Lo compara con la
hostilidad de EEUU contra Venezuela que, aunque tiene solo unos doce
años, no muestra signos de estar siendo objeto de reconsideración,
pese a la evidencia de que le está alienando el resto del hemisferio.
“La única pregunta que cabe hacerse es cuándo — si alguna vez—
Washington aceptará los resultados de cambios democráticos en la
región”, concluye Weisbrot en el New York Times.

manuelyepe@gmail.com

Octubre de 2012.


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Manuel E. Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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