Marcha y resurrección

Desde que empezó todo esto jamás había tenido la oportunidad de estar cerca de una actividad del oposicionismo que no fuera por medio de los avances noticiosos y los periódicos de ayer, fundamentalmente porque no he querido hacerles creer que mi fisgona presencia pueda en modo alguno representar un signo de apoyo de mi parte a una causa tan bochornosa.

Por eso hasta ahora imaginaba que había algo de exageración y hasta de infundio en las afirmaciones de los chavistas cuando describían todos esos eventos como una suerte de sanedrines fascistoides cargados de irracionalidad derechista y antipatriótica, porque no es de esperar, por lo menos así de fácil, que la clase más “ilustrada” de una sociedad pueda caer repentinamente en tal nivel de paroxismo y de bestialidad.

Pero he aquí que no sólo era cierto todo lo que de ellos se decía, como pude constatarlo el 28 de mayo, cuando me correspondió el “privilegio” de presenciar a escasos centímetros el desfile de las quinientas y tantas personas que todavía le quedan a la oposición, por lo menos para sus marchas, en su disparatado rumbo hacia la Defensoría del Pueblo, en el cual debían toparse de frente con la concentración que el chavismo había dispuesto en Chacaíto para esperar al resto de su marcha contra el imperialismo, sino que la carga de odio y de violencia de esta gente es todavía peor y más nauseabunda de todo cuanto podía uno imaginarse.

La procesión de oligarcas refunfuñones y divorciadas sin esperanzas que era en su mayoría aquel patético desfile, pasaba a nuestro lado vociferando insultos desgañitadores y amenazas insensatas de todo tipo mientras en la tarima chavista se entonaban emocionados cantos con la única separación de un piquete de policías metropolitanos (usados hasta hace siete meses para reprimir al pueblo y ahora para protegerlo).

Cuando el Presidente desapareció ese mismo día por la tarde, lo único que aterrado llegué a tener en mente era la risa satánica de aquellas burguesas que nos acusaban de desdentados señalándose sus propias piezas de blanco marfil en señal de burla, como anuncio de lo que vendría después de una supuesta salida de Chávez del poder. Por eso, cuando resucitó, justamente al tercer día, bendije de rodillas la hora de su alocución por el Canal 8.



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Alberto Aranguibel B.

Comunicador social e investigador. Conductor del programa Sin Tapujos, que se transmite por Venezolana de Televisión. Asesor Comunicacional y de Imagen en organismos y empresas públicas y privadas.

 albertoaranguibel@gmail.com      @SoyAranguibel

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