Democracia y militarismo

Existe la creencia de que sólo los países atrasados, subdesarrollados o en vías de desarrollo, son proclives al militarismo, a gobiernos de corte militar. Mi opinión es que esa apreciación es reduccionista, porque también ocurre en países desarrollados. De hecho, el país más militarista del mundo es EE.UU, que es el más desarrollado del mundo. En esa gran nación los militares del pentágono tienen la primera palabra. Los presidentes civiles sólo son la mascarilla de proa, la punta del iceberg. Lo mismo sucede en Francia, en el Reino Unido, en la Federación Rusa, sólo que los medios no difunden esa gran verdad.

Por supuesto que en los países atrasados, subdesarrollados o en vías de desarrollo, las embajadas yanquis cumplen un papel no propiamente estabilizador. En los países “más avanzados” hay alianzas expresas o tácitas con el Pentágono y la Casa Blanca y las embajadas yanquis cumplen otro rol. Las estadísticas, los informes oficiales y las investigaciones en este sentido, son por demás elocuentes. Al menos 20 de los países de América Latina han padecido el militarismo estadounidense, así como otros tantos de África y el sudeste asiático. Francia, Bélgica, Italia, España, Alemania, no se quedan muy a la zaga.Algunos ejemplos testifican lo que aquí se asevera.

Fuentes dignas de todo crédito, numerosas investigaciones realizadas por periodistas e investigadores sociales, incluyendo la Fundación Project Censored, de la Universidad californiana de Sonora, en EE.UU, aseveran que Estados Unidos ha provocado, a través de sus agencias de inteligencia y de sus aliados, 55 golpes de estado o intervenciones militares sólo en América Latina, convirtiéndose en el máximo responsable de desestabilizar el área, para estabilizar sus intereses: es decir detener todo tipo de reforma que transforme el régimen que favorece sus inversiones y el control de los recursos naturales, bajo el principio de “América para los americanos”, en el que Estados Unidos se autodefine como el dueño de América.

La historia de América Latina está impregnada de la presencia de los marines estadounidenses en sus territorios, y sus bases militares se levantan invictas en casi todos sus países. Son contados los territorios al Sur del Río Grande que no sufren la ignominia del “gendarme necesario”, y es digno mencionar a Venezuela entre ellos, al lado de Cuba, Brasil y Ecuador.

Con el visto bueno, y por supuesto que con el apoyo de la Casa Blanca y el Pentágono, en la década de 1950 coexistieron más de una docena de botas militares entrenadas en la Escuela de las Américas con los más degradantes métodos de tortura que aterrorizaron a sus pueblos. Recordemos la X Conferencia Interamericana realizada en Caracas en 1954, evento donde, con los votos de una amplia mayoría de dictadores militares de Latinoamérica y el Caribe (con excepción de Guatemala, México y Costa Rica), se adoptaron dos resoluciones “impuestas” por el Departamento de Estado: por un lado la “Declaración de Caracas”, en la cual se condenó a los totalitarismos y se reafirmó la adhesión a la Democracia Representativa. Por el otro la “Declaración de Solidaridad para la Preservación de la Integridad Política de los estados Americanos contra la Intervención del Comunismo Internacional”. Esta última claramente orientada contra Guatemala, en la cual se expresó la determinación de los Estados americanos de  tomar las medidas necesarias contra la intervención del comunismo internacional en la Región.

Esta resolución dio pie al derrocamiento del Presidente civil Jacobo Árbenz a través de una acción promovida por los Estados Unidos y apoyada por los gobiernos de varios países   vecinos, entre los cuales se anotó Venezuela a través del dictador Marcos Pérez Jiménez.

Actualmente, ¿qué puede pasar con los gobierno de Dilma Rouseff, de Cristina de Kirchner, de Delipe Calderón, si intentan tocar los intereses de las grandes corporaciones o enfrentar al FMI y al BM? Las campañas mediáticas, las usinas de rumores, los lobby, las confabulaciones de las embajadas norteamericanas tienen sobrada experiencia para derribar gobiernos que consideran indeseables. Los presidentes Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa han sido objeto de Golpes de Estado, donde las Embajadas yanquis han cumplido su tya conocido rol, aunque los intereses estadounidenses han sido tocados, pero con las leyes nacionales por delante. Los retrocesos sufridos por la diplomacia del gran país del norte, consecuencia del avance progresista de los pueblos latinoamericanos, y la fuerza  que proporcionan los lazos de la integración, tienen mucho que ver con estos episodios.

(*) Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia

cepo39@gmail.com



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César Prieto Oberto (*)

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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