Asambleas, vegetar político de la revolución

Ser revolucionario significa, entre otros conceptos, formar parte de los grandes y graves problemas teóricos-prácticos que confunden un proceso de cambio desde el ejecutivo, legislativo, hacia abajo hasta llegar al supremo poder del pueblo el único capaz de decidir si obedece o participa en un marco integral en las decisiones socio-políticas para que la revolución no sea una ficción.

Cada gobierno revolucionario tiene su historia verídica de una democracia, autonomía, crecimiento social, que produce tristeza porque el error más grave de los procesos es, no convocar a verdaderos revolucionarios para discutir y participar en la coyuntura al socialismo, así, el tratamiento otorgado a los procesos son verdades a medias que realmente no son medias verdades porque estas se citan para encubrir mentiras.

Más allá de los cuestionamientos al gobierno porque faltan leyes que ayuden en la transición al socialismo es preciso referirse a las medias revoluciones practicadas desde el primero y segundo poder del Estado, quienes a fuerzas de cirugía tratan de sobrevivir para no conmocionar; sin embargo, al mismo tiempo somos afortunados de estar preocupados porque los criterios comunistas no nos permiten encontrar el camino al socialismo, es a mi entender la motivación más profunda, evita que las masas se desmoronen ante el poco apoyo de nuestros representantes en la Asamblea, errores asumidos como equivocaciones de buena fe, pero, que, a la larga no evita la liquidación de la convicción revolucionaria.

En un sistema de clase sociales los procesos revolucionarios son una gestión de creación política mientras las Asambleas son el tronco muerto de la sociedad porque la acción legal de las reformas no es un impulso propio e independiente de la revolución. Los asambleístas su gestión y su ímpetu son producto de la última revolución, se sostienen por la inercia del proceso presente y de un liderazgo que exige reformas constitucionales únicamente en un marco de reformas sociales creado por la economía política de esa revolución.

Las nuevas constituciones son producto de una revolución cuyas leyes se presumen conocidas por todos, pero, cuya ignorancia no es excusa para la Asamblea llena de problemas teóricos y prácticos sobre el poder, justificación para obedecer basados en la fuerza de la ley, de las armas y de la manipulación política por legitimarse adquiriendo dimensiones jurídicas que no necesariamente son soportes éticos para un cambio en la cultura política.

Una revolución socialmente extendida no necesita de una Asamblea para producir reformas concentradas que se pueden elaborar entre el ejecutivo y el pueblo, claro, se dice que las Asambleas son los representantes del pueblo elegidos por estos, no es más que un torpe formulismo arcaico que legitima el mito de la legalidad para explicar porque nos mandan.

Bajo el amparo legal de ser el segundo poder representan la ficción de suplantar la totalidad de la población en las decisiones legislativas y en los actos de gobierno encargado de ordenar la encarnación del alma nacional, y este es el mayor problema de los poderes legislativos ya que las revoluciones tienen sustancial vínculo con el hecho del poder popular, asunto incuestionable este sí, porque, la persona por su naturaleza requiere participar, explicarse, reflexionar su libertad con conocimiento y convicción y, las Asambleas con el pasar del tiempo, hay que admitirlo, en ideología, cultura, ética, conocimiento, conspiran gravemente contra la revolución.

Uno de los más grandes engaños con las Asambleas en un proceso revolucionario es inclinar al pueblo a construir mitos, se los induce a pensar que son una entidad política participativa por medio de los legisladores, Asamblea que es una especie de corporación multitudinaria pero sin alma ni voluntad colectiva desde que es mal interpretado por los representantes del pueblo el segundo poder del Estado, convirtiéndose en una institución superior que domina a las personas en nombre del cual se manda produciendo conflictos para aparentar que la democracia funciona, para que el poder justifique su origen, para que la demagogia tenga pasillos silenciosos, cómplices, pasivos y sumisos, así, la mayoría parlamentaria se asigne ser representante de la totalidad del pueblo legalizando sus derechos, sombra que no tiene claridad revolucionaria.

Por supuesto, hay millones que votan a favor de las reformas legislativas, porque no hay otro camino, en lugar de contraponer la conquista del poder por parte del proletariado para una revolución económica y social; quienes así piensan no están eligiendo un camino seguro hacia la transición sino una meta distinta a la revolucionaria por las teorías económicas que no se encaminan a un orden socialista solo consiguen reformar el capitalismo profundizando el neoliberalismo, lo vemos con los subsidios borrados por el incremento de los impuestos, forma parte sustancial para el convencimiento de los incautos por la demagogia política de las Asambleas o cuando se nacionalizan empresas sin tocar el poder de la banca privada y la desigualdad en los salarios, inequidad en la distribución de las riquezas del país, potestad exclusiva del ejecutivo hasta que comparta el poder con el pueblo.

La Asamblea es una máquina para perfeccionar la revolución a punta de reformas, se perfecciona en términos reformistas a los sindicatos, cooperativas, consejos comunales quienes fortalecen al parlamento pero este no a la democracia que se pretende mejorar mediante un proceso revolucionario económico socialista no capitalista al valor real de la fuerza del trabajo obrero, campesino, utilizado como simple mercancía y por el tiempo que ella requiera para su reproducción artificial que no podrá convertirlos en sujetos comunitarios, requisito indispensable de un proceso para una democracia socialista.

Las reformas legislativas con leyes habilitantes en revolución, no son métodos de desarrollo social alineado con una Constitución si esta no cambia su fondo solo su forma, la forma en las leyes no significan una mejor participación del pueblo porque las leyes frenan su legítimo ascenso al poder compartido con el ejecutivo sin las medias tintas que representa el legislativo, aun cuando haya mayoría o ya olvidamos esos 5 años de mayoría absoluta que tuvimos ¿Qué se hizo con las legislaciones regionales? Es verdad, se condicionan y complementan mutuamente, pero, al mismo tiempo se excluyen entre sí.

La gestión de las Asambleas son novelas históricas que nos conducen al conocimiento de lo que en realidad aconteció con los procesos partiendo de los hechos, ahora, nos permiten compararlos sin que exista un cambio de época.

Raúl Crespo.
rcpuma061@yahoo.com



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Raúl Crespo


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