Un huracán llamado Hugo

Entendemos un huracán como un aire violento e impetuoso que gira como un torbellino y por lo general arrasa con todo lo que encuentra a su lado. En el caso que me concierne voy a escribir sobre un tornado muy especial, un fenómeno meteorológico selectivo que destruye sólo aquellos elementos perniciosos para los habitantes de un país. Se trata del “huracán Hugo”, este remolino, una vez que arribó a las costas venezolanas, se encontró con una cuarta república que tenía más de cuarenta años devastando los recursos naturales y humanos de Venezuela. Al viento apasionado no le quedó más remedio que demoler ese pernicioso mal. Pero como se sabe, la cuarta república había sembrado en la nación otras instituciones que coadyuvaron a que tales imperfecciones se hicieran posible. A este animoso céfiro le fue inevitable demoler la CTV, Fedecámaras, FAPUV, Federación Campesina, la PDVSA de los meritócratas, el Pacto de Puntofijo, el congreso puntofijista, consecomercio, la Coordinadora Democrática, los planes de privatización, Acción Democrática, Copey, Causa R, Asociación de Ganaderos, el Tratado de Libre Comercio, la faja betuminosa… Además, se vio obligado a dar el finiquito a todas aquellas instituciones responsables de: la pobreza extrema; de una Venezuela con una economía arruinada; la existencia de millones de excluidos; la falta de salud, educación y vivienda; la monoproducción y el descuido en la generación de productos agrícolas para autoabastecernos en materia alimenticia; la carencia de fabricas para aprovechar la materia prima encerrada en nuestro subsuelo; la fuga de capitales hacia bancos extranjeros; la riqueza petrolera en manos de los oligarcas; la chulería de los ricos viviendo de los beneficios que le otorgaba el Estado a través de ominosos gobernantes; los desaparecidos, muertos y torturados opositores al régimen puntofijista; Universidades cuyos planes de estudios no contribuyeron al desarrollo de una nación; transformar nuestra economía en una economía de puerto y no en una economía productiva; convertirnos en una colonia yankee…fueron tantos los males que al “huracán Hugo” no le quedó más remedio que sacar de raíz todas aquellos insanos establecimientos y acabar con sus pérfidas costumbres. Aunque todavía las secuelas de aquel mal parece haber dejado varios herederos. Reaparecen agrupados en una siniestra cofradía llamada MUD, legataria de la nefasta Coordinadora Democrática, la cual opera a través de una hidra de seis cabezas conocida como el Sexteto Oligarca. A esta sociedad mercantil y usurera también la defenestrará el “huracán Hugo” con un apoteósico ventarrón de diez millones de votos.

Pero detrás de lo arrasado por lo general surgen nuevas formas de hacer las cosas, por lo que una vez que el “huracán Hugo” hizo su trabajo, se quedó en la tierra asolada y se consagró junto con otros a elevar lo que ya estaba en el suelo. Surgen así nuevas instituciones con miras a construir un nuevo proyecto de país, que dada la devastación y la gravedad de la situación, deberá permanecer en Venezuela por varias décadas. Germina así el PSUV, el ALBA, PETROCARIBE, CELAC, el SUCRE como moneda virtual de transacciones comerciales, el Poder Comunal, la nueva PDVSA, una Asamblea Nacional servicio del pueblo y no a los oligarcas, los medios de comunicación comunitarios, las Misiones Sociales para liquidar de una vez el analfabetismo, la exclusión en materia educativa, alimentaria y de salud. Se retoma la Doctrina Bolivariana olvidada por gobiernos anteriores, se crea la Misión Vivienda para dotar a millones de excluidos de un lugar donde se pueda vivir viviendo, un Cardiológico Infantil orgullo de nuestro Servicio de Salud. Resurgen nuevamente los ferrocarriles, abandonados por los gobiernos puntofijista para abrirle los mercados a los automóviles, aceite, caucho, gasolina cuyas fábricas están en manos de los monopolios transnacionales. Se construye el Metro Cable un medio de transporte al servicio de los pobres, los puentes, viaductos, metros…En fin, faltarían más páginas por enumerar las bondades que nos trajo el humanitario vendaval de nuestro comandante. Por las razones anteriores es indispensable la estadía en Venezuela, por muchos lustros, de ese torbellino refrescante y renovador. Es bueno recordar el refrán “París no se construyó en un día”. Falta mucho por hacer y dicha labor está en manos de nosotros los venezolanos guiados por el magnánimo “Huracán Hugo”

enocsa_@hotmail.com


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Enoc Sánchez


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