¿Quién controla el poder en El Vaticano?

Por donde pasan las claves de la designación del nuevo Papa. La larga mano del Opus Dei, su incidencia sobre Juan Pablo II, su relación con Washington, y su influencia sobre la troyka de cardenales que manipulan el cónclave de electores y digitan el poder real en el Vaticano.


(IAR-Noticias) 04-Abr-05

Los llamados "expertos en asuntos vaticanistas" señalaban que el control del Vaticano, en las últimas horas de agonía del Papa, se encontraba en manos de una troyka de poder compuesta por cuatro cardenales, quienes aspiran a seguir manteniendo su status de poder tras la sucesión del Papa moribundo.

Las informaciones cruzadas sobre el estado del Papa, los diversos desmentidos y rumores que se tejieron durante su agonía, fueron acomodados a las necesidades estratégicas de ese lobby curial, que según se dice, controló la mayoría de la decisiones políticas del Papa desde que fuera instalado al frente de la Iglesia Católica en 1978.

En los círculos del poder italiano se habla del "cuadrilátero vaticano" para definir a esa troyka de poder interno que controla la "Santa Sede", cuyas infinitas redes políticas y financieras son asociadas con Washington y el Opus Dei.

El "cuadrilátero" está compuesto por el secretario particular, el arzobispo polaco Stanislaw Dziwisz (señalado como el jefe del "grupo polaco" que rodeaba a Wojtyla) , y por tres cardenales: el alemán Joseph Ratzinger (prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe), el italiano Angelo Sodano (secretario de Estado, y segundo en la estructura del poder) y el español Julián Herranz (presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos). Muchos también agregan a esta logia al cardenal Giovanni Battista Ré.

Sobre Dziwisz, la revista italiana L'Espresso dijo hace poco: "Los historiadores de la Iglesia contemporánea no conocen secretarios que hayan tenido un peso tan desmesurado".

Antes de la enfermedad terminal de Wojtyla, Josué Tinoco, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), señalaba que en el Vaticano "teólogos y analistas dudan del poder real de Juan Pablo II, denuncian un vacío de poder, y aseguran que sus más cercanos colaboradores se están aprovechando de la debilidad del Pontífice para imponer en la Iglesia una tendencia ultraconservadora".

Según el diario Corriere della Sera, las distintas informaciones cruzadas sobre la salud de Papa en los últimos días provendrían de los intereses de las facciones de poder de la Curia Romana, que tratarían de conseguir la mayor cantidad posible de electores en el Cónclave para asegurar la continuidad de su poder.

El Corriere señala que los cuatro cardenales más importantes e influyentes habrían hecho un pacto de mutua no agresión para garantizar el status quo de sus respectivos poderes personales más allá de quien sea el sucesor de Juan Pablo II .

"Nada se debe mover ni remover, todo debe ser visto y controlado", sería el axioma de los principales protagonistas: el cardenal Joseph Ratzinger, el "ministro" que maneja el látigo doctrinario; el cardenal Antonio Sodano, secretario de Estado; el "ministro" para los obispos, cardenal Giovanni Battista Ré, y el vicario del Papa en Roma, cardenal Camillo Ruini.

Los cuatro fueron los actores principales de la Semana Santa encargados por el Papa a representarlo en las liturgias principales.

A estos personajes se suma el ex secretario personal del Papa Juan Pablo II, que lo acompañó durante más de 40 años, cuando era un joven obispo de Cracovia. Monseñor Estanislao Dziwisz cosechó un poder enorme por su íntima relación con el Pontífice, de quien era una especie de hijo espiritual.

A Dziwisz le asignan el rol de jefe del "grupo polaco", o sea de los purpurados de la misma nacionalidad de Karol Wojtyla, que formaban de hecho un clan juramentado para protegerlo de las insidias de la Curia Romana y hacer respetar sus deseos.

A la cabeza del "cuadrilátero" se encuentra el cardenal italiano Angelo Sodano (1927), actual secretario de Estado (número dos del Vaticano), ex nuncio en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet, con quien entabló relaciones muy amistosas.

A la troyka se suma el llamado "grupo latinoamericano", compuesta por los cardenales colombianos Alfonso López Trujillo (presidente del Pontificio Consejo para la Familia) y Darío Castrillón Hoyos (presidente de la Congregación para el Clero), y el chileno Jorge Medina, un ultraconservador y público defensor de Pinochet.


Todo este grupo, junto con el cardenal alemán Josef Ratzinger, un abanderado de la lucha contra la Teología de la Liberación, podría proponer en el cónclavela la candidatura del cardenal de Bolonia (Italia), Giacomo Biffi.

El funcionario eclesiástico que tendrá la máxima autoridad durante los días hasta que haya un nuevo sucesor será el actual Camarlengo del Pontífice, Martínez Somalo.

Entre 15 y 20 días después de la muerte del Papa, arrancará un cónclave secreto en la Capilla Sixtina que designará oficialmente al nuevo Santo Padre.

Este será el momento donde los poderes intrigantes del Vaticano, principalmente centralizado en la troyka del "cuadrilátero" intentarán torcer la votación a su favor influenciando la voluntad de los electores.

Todos los expertos coinciden en que en la milenaria interna del Vaticano se disputa poder sín límites y sin escrúpulos, habiendo llegado muchas veces al terreno del asesinato para dirimir quien se queda con la porción mayoritaria del control sobre la Iglesia Católica.

Al Cónclave secreto, presidido por Joseph Ratzinger, acudirán 117 cardenales, (58 son europeos, 14 norteamericanos, 21 latinoamericanos, 11 africanos, 11 asiáticos y dos de Oceanía). Sólo dos de los 117 cardenales electores no han sido designados por Juan Pablo II, la mayoría impulsados por la troyka del "cuadrilatero".

En el cónclave estarán presentes todos los cardenales, pero sólo tienen derecho al voto los menores de 80 años. La mayoría necesaria en esta votación ha de ser de dos tercios.

Durante las feroces negociaciones por el "reparto de cargos" se estima que las listas de los futuros purpurados serán manipuladas por las distintas facciones intrigantes de la Curia Romana, que tratarían de conseguir la mayor cantidad posible de electores en el Cónclave para asegurar la continuidad de su poder.

Angelo Sodano, Josef ,Ratzinger, Camillo Ruini, debido a su incidencia en el nombramiento de cardenales, tendrán la llave decisiva sobre los 47 electores (sobre 117) llamados "curiales" (los cardenales que ocupan puestos en el Vaticano) cuyo lobby define generalmente la elección del nuevo Papa.

Por lo tanto, sea cual fuere el elegido, salga de las filas "conservadoras", "renovadoras", o producto de una negociación entre ambas facciones, el nuevo Papa deberá ajustarse al perfil y los nuevos requerimientos políticos de la troyka de poder que controla al Vaticano.

Opus Dei: el poder detrás del trono



Los expertos coinciden en que detrás del poder lobbysta del "cuadrilátero", detrás de la movida de "construcción del nuevo Papa", está el sector más ultraconservador y poderoso de la Iglesia: el Opus Dei.

Sodano (el político) y Ratzinger (el doctrinario) son señalados como las cabezas más visibles del poder del Opus Dei en el Vaticano. Ratzinger, un abanderado de la inquisición, ordenó el año pasado la reapertura del caso contra Galileo, condenado por afirmar que la Tierra giraba alrededor del sol, para defender a la Iglesia pese a que el Papa ya había pedido perdón en 1992.

Pero el misterioso poder del Opus Dei, sus tentáculos en las sombras, es, según los expertos, el que impone la agenda dentro del sinuoso mundo de los negocios y del control político sobre el Vaticano.

Sus lobbystas más representativos en la Santa Sede son los cardenales Sodano y Herranz (este último encargado de aplicar la ley en el Vaticano) quienes proyectan su influencia sobre Dziwisz y el portavoz oficial Navarro-Valls.

El Opus, gozó del apoyo incondicional del Papa Juan Pablo II, y sus representantes se encuentran infiltrados en todos los escalones de la jerarquía católica, no solamente en el Vaticano sino en el mundo. "¿Es el ejército secreto del Papa en su tarea de reconquista católica? ¿O Juan Pablo II es un prisionero inconsciente de esa "mafia blanca"?", se preguntaba un experto con el Papa todavía vivo.

El Opus oculta celosamente el secreto de sus orígenes, su estructura, y sus estrategias funcionales insertadas dentro del Vaticano y del poder internacional.

En su constitución (secreta) -según especialistas en el tema Opus- redactada en 1950, el artículo 191 precisa que "los miembros numerarios y supernumerarios sepan bien que deberán observar siempre un prudente silencio sobre los nombres de los otros asociados y que no deberán revelar nunca a nadie que ellos mismos pertenecen al Opus."

Esto posibilitó que sus miembros se incrustasen no solamente dentro de la jerarquía católica (más allá de órdenes o congregaciones) sino también dentro del mundo empresarial del capitalismo, tanto en Europa como en EEUU, donde sus tentáculos se extienden hasta la Casa Blanca.

En los años 70, mientras su fundador Escrivá de Balaguer vituperaba a la "iglesia en descomposición", sus amigos organizaban la red financiera que permitiría a la Obra manejar miles de millones de dólares.

La institución más importante en ese terreno es la fundación Limmat, creada en Zurich en 1972, vinculada con bancos o fundaciones de España (Fundación General Mediterránea), de Alemania (Fundación Rin-Danubio o el Instituto Lidenthal) y de América Latina (Fundación General Latinoamericana, en Venezuela).

La nueva estrategia del Opus Dei consiste en infiltrarse en las organizaciones internacionales, por ejemplo las Naciones Unidas, la Unesco o la Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico (OCDE, integrada por los 21 países más ricos).

El Parlamento Europeo en Estrasburgo y la Comisión Europea en Bruselas son sus lugares preferidos. Varios parlamentarios europeos son miembros del Opus.

Durante la gestión de Juan Pablo II el Opus adquirió un enorme poder en Roma. Su ascensión se vio coronada en 1992 por la beatificación de Escrivá de Balaguer por parte de Juan Pablo II -amigo de larga data de la organización- apenas diecisiete años después de su muerte y luego de un proceso expeditivo, donde sólo se tuvieron en cuenta los testimonios positivos.

Siendo obispo de Cracovia, monseñor Karol Wojtyla ya viajaba a Roma invitado por el Opus, que lo alojaba en la bella residencia del viale Bruno-Bozzi N° 73, en un elegante suburbio de Roma.

El Opus siguió mostrándose generoso con el Papa polaco, participando -por ejemplo- en la financiación del sindicato Solidaridad. El cardenal Wojtyla era el candidato papal del Opus y en su elección cumplió un papel determinante el cardenal König, arzobispo de Viena y hombre cercano a la organización.

La alianza del Vaticano con Washington -impulsada por los lobbystas del Opus en la Casa Blanca- ayudó a inclinar la victoria del capitalismo sobre la URSS. Juan Pablo II fue el cruzado de la guerra contra el "ateismo rojo" en los países bajo la órbita soviética y su prédica contribuyó a legitimar "espiritualmente" la invasión capitalista a las regiones comunistas de la ex URSS.

Se afirma que el Papa fallecido era depositario de algunos de los secretos mejor guardados sobre los EEUU y su política de expansión hacia los ex enclaves comunistas de Europa del Este, cuya primera fase fue la invasión y apoderamiento de Yugoslavia.

En términos políticos, el sacerdote polaco Wojtyla, devenido en jefe de la Iglesia Católica, representó el caballo de troya de occidente que vino a preparar "espiritualmente" a los ex países comunistas de Europa para un ingreso al capitalismo de mercado.

Los "vaticanistas" sostienen que Juan Pablo II fue una punta de lanza "espiritual" de Washington y de Occidente en las ex repúblicas soviéticas, cuyo primer efecto paradigmático se logró en Polonia, donde el socialismo de Walessa abandonó los postulados pro-URSS y se plegó a las políticas de mercado impulsadas por EEUU antes y después de la caída de la burocracia soviética.

El reinado papal de Juan Pablo II, no por casualidad, coincidió con el colapso del "comunismo ateo" como sistema político en Europa del Este.

El hoy muerto y mitificado cura Wojtyla, llegó a Roma de las manos de Washington y del Opus Dei, y fue ungido jefe espiritual del Vaticano no por sus aptitudes de actor, deportista, o "gran comunicador", sino porque era el que mejor se ajustaba a la estrategia en marcha de destruir al comunismo e instalar el mercado capitalista en las ex republicas soviéticas.






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